<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013</id><updated>2011-11-07T13:56:45.686-08:00</updated><title type='text'>Los textos de Diego</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>27</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-6241679788756954923</id><published>2011-11-05T00:41:00.001-07:00</published><updated>2011-11-07T13:56:45.733-08:00</updated><title type='text'>Casi un año después</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-o9AuJMZKXOg/TrTtYPc9yYI/AAAAAAAAACE/5UlkQ4rPm0s/s1600/DSCF6447.JPG"&gt;&lt;img style="WIDTH: 400px; HEIGHT: 300px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671418831486962050" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-o9AuJMZKXOg/TrTtYPc9yYI/AAAAAAAAACE/5UlkQ4rPm0s/s400/DSCF6447.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Probablemente éste sea uno de los textos que más trabajo me cueste escribir. De antemano ofrezco disculpas si se convierte en una recopilación de lugares comunes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Para quienes me conozcan no será un secreto que una de mis grandes pasiones deportivas (aparte del beisbol y el futbol americano) es la lucha libre. Me gusta desde hace casi treinta años (sí, estoy viejo, y qué). El momento clave fue cuando vi una película del Santo con mi padre. Horas después, él me enseñó el resumen de una lucha que pasaban en el noticiero deportivo &lt;em&gt;Acción&lt;/em&gt;. Mi padre me vio tan emocionado que, días después, me regaló mi primera revista de luchas. Y a partir de ahí el nene se volvió un desastre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Muchas fueron las tardes que, enmascarado, combatí contra mi almohada. Si le hacen caso a mi hermana, la almohada siempre ganó. Si me hacen caso a mí, el triunfador fui yo (si son amantes de la verdad, háganle caso a mi hermana). Nunca entrené lucha, pues mi complexión me hubiera puesto en desventaja ante cualquiera que se subiera a un ring. No obstante, siempre que pude la disfruté por televisión y, años después, en persona, en las arenas México, Coliseo y Naucalpan.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Son tantas las vueltas que da la vida, que antes de darme cuenta dejé de ser un simple aficionado: me convertí en comentarista y reportero gráfico de una de las mejores revistas electrónicas que existen: &lt;a href="http://www.thegladiatores.com/"&gt;http://www.thegladiatores.com/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En estos tres años que llevo colaborando en &lt;em&gt;The Gladiatores &lt;/em&gt;he tenido la suerte de conocer a grandes amigos, tanto luchadores como reporteros. Por eso es que tenía que realizar este proyecto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Tres caídas &lt;/em&gt;compila cinco de mis cuentos de luchadores. Los escribí entre 2006 y 2009 (no, la respuesta no es ni 2007 ni 2008 XD). En un principio, tres de estos cuentos ("El Buitre", "Colmillo" y "Mister Perfecto") los publiqué en el foro &lt;em&gt;El Martinete&lt;/em&gt;, donde para mi sorpresa tuvieron una buena recepción. Y después, dos de ésos ("Colmillo" y "Mister Perfecto") aparecieron en este siempre actualizado y nunca empolvado blog (no se hagan ilusiones, ya los borré ; si quieren leerlos, compren el libro -perdón por el spoiler-, XD); los últimos dos ("Abajo del ring" y "El examen") nunca habían salido a la luz pública.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Habrá quienes opinen que una edición de autor no tiene mérito, pero la razón por la que decidí hacerlo por mi cuenta obedece al hecho de que quería que este volumen quedara a mi entera satisfacción. Para lograrlo, necesitaba que en su concepción estuvieran involucrados solamente amigos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La primera persona que acogió el proyecto (y con mucho entusiasmo) fue el genial Kcidis (&lt;a href="http://kcidis.blogspot.com/"&gt;http://kcidis.blogspot.com/&lt;/a&gt;), quien aportó su gran talento para ilustrar los interiores y la portada de este libro. Ana Paula Dávila, extraordinaria diseñadora, realizó un excelso trabajo con el diseño de interiores y cubierta. Leandro Pauloni me obsequió una hermosa fotografía en la que estoy trabajando en la arena Naucalpan, para ilustrar la contraportada. Y mis amigos Lázaro y Alfonso me dieron su bendición y pusieron la cereza en el pastel, permitiéndome que el logotipo de &lt;em&gt;The Gladiatores &lt;/em&gt;engalanara la cubierta y las páginas preliminares, convirtiéndose así en el sello editorial que alberga este proyecto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Tres caídas&lt;/em&gt;, después de algunos desafortunados encuentros en los albores de su concepción, finalmente dejó la imprenta. Lucía Cano fue el eslabón que faltaba para que este libro viera la luz, y con su gran gestión ante el taller me ayudó de una manera invaluable para cumplir este sueño que aún me tiene temblando ahora que tengo los ejemplares en mi mano.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sí, tendrá un costo, pero será simbólico. No pretendo enriquecerme con este proyecto; lo que se recaude será para recuperar la inversión y, tal vez, para hacer un nuevo tiraje (si consigo suficientes masoquistas que lo quieran leer XD).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Son muchas las personas a quienes tengo que agradecer. Tantas, que si las pusiera aquí nunca acabaría de escribir. Luchadores, Gladiatores, amigos y mi familia me ayudaron a no flaquear.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Este libro es para todos ustedes. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Quienes deseen adquirirlo, lo encontrarán en la Tienda de Solar (Luis Moya 116, casi esquina con Arcos de Belén, a dos cuadras del metro Balderas), o con un servidor. Su PVP es de 60 pesos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Espero lo disfruten, en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-6241679788756954923?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/6241679788756954923/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=6241679788756954923' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6241679788756954923'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6241679788756954923'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2011/11/casi-un-ano-despues.html' title='Casi un año después'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-o9AuJMZKXOg/TrTtYPc9yYI/AAAAAAAAACE/5UlkQ4rPm0s/s72-c/DSCF6447.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-1385729897234493017</id><published>2011-02-16T13:42:00.000-08:00</published><updated>2011-02-16T13:48:42.549-08:00</updated><title type='text'>Unas largas vacaciones</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Quienes me conocen, pensarán que me volví loco (si no es que ya lo piensan), porque digo que hay vacaciones largas, cuando las vacaciones nunca serán lo suficientemente largas.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;No me refiero a las que este blog se toma cada tanto, sino a un nuevo cuento, con el que actualizo esta empolvada página.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ojalá la disfruten en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNAS LARGAS VACACIONES&lt;br /&gt;(-DIEGO MEJÍA EGUILUZ-)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Mamá, mi hermano no está estudiando!&lt;br /&gt;Como siempre, mi hermana intenta meterme en problemas.&lt;br /&gt;–¡Cállate, chismosa!&lt;br /&gt;–¡Sebastián, no le digas chismosa a tu hermana y ponte a estudiar! –se oye a lo lejos el regaño de mi madre. Se me olvida que tiene muy buen oído.&lt;br /&gt;–Estoy muy cansado, mamá –replico–. Lo único que he hecho toda la semana es estudiar. Ya me aburrí.&lt;br /&gt;–¿Quieres graduarte de fantasma, sí o no? Si no pasas el examen, no te van a dar la licencia.&lt;br /&gt;–Ta bien, ta bien –no me queda de otra más que ceder, aunque de mala gana.&lt;br /&gt;–¡Lero, lero! ¡Lero, le…! &lt;em&gt;¡Maaa, i hegmano e jacó ga gengua!&lt;/em&gt; –grita mi hermana. Me choca que sea una soplona.&lt;br /&gt;–¡Sebastián, regrésale la lengua a tu hermana!&lt;br /&gt;–¡Yo no le saqué nada!&lt;br /&gt;–¿Y esto qué es, Sebastián?&lt;br /&gt;No me doy cuenta de en qué momento mi mamá se aparece detrás de mí. Ya no tengo tiempo de esconder la lengua.&lt;br /&gt;–Yo no fui. Ella se la quitó y me la aventó –replico desesperado.&lt;br /&gt;Como es de esperarse, no me cree. No me queda de otra más que regresarla. Antes de que continúe regañándome, me voy a mi cuarto para seguir estudiando.&lt;br /&gt;¿De qué sirve vivir en una familia de fantasmas, si no te dejan quitarle la lengua a tus parientes?&lt;br /&gt;No sé a qué hora me quedé dormido. Cuando me doy cuenta, ya es el día siguiente. Apenas y tengo tiempo de desayunar antes de irme a la escuela.&lt;br /&gt;–Niños, ni se molesten en sacar nada de sus mochilas. Vamos a empezar el examen de una vez –anuncia la maestra en cuanto entramos al salón de clases.&lt;br /&gt;–¿No va a pasar lista, miss? –pregunta una de mis compañeras.&lt;br /&gt;–No. El que no haya venido, reprueba.&lt;br /&gt;Siempre es lo mismo con esta maestra. Con razón los alumnos de otros grados nos compadecieron cuando empezó el curso.&lt;br /&gt;–¿No sacamos pluma o lápiz? –quiere saber el ñoño de Alejandro.&lt;br /&gt;–La prueba no será escrita. Lo dije la semana pasada. Tres ejercicios, para ver si han puesto en práctica lo que les he enseñado, y dos preguntas orales a cada uno. Así no hay trampas.&lt;br /&gt;“Ay, no. Se me olvidó eso.” No puedo evitar preocuparme. Me había confiado a que Mónica me ayudaría; como le gusto, siempre me presta las tareas y me deja copiarle en los exámenes. De haber sabido, ni le convidaba de mi lunch toda esta semana.&lt;br /&gt;“Ojalá no sea yo el primero.”&lt;br /&gt;–Sebastián, pasa al frente.&lt;br /&gt;“Lo sabía. Estoy salado.”&lt;br /&gt;–Empecemos con algo fácil, Sebastián. Elévate un metro.&lt;br /&gt;“Menos mal, eso sí lo domino. ¿Y si me alzo metro y medio? Mejor no, a la maestra no le gustan los fantasmas presumidos.”&lt;br /&gt;–Bien. Ahora atraviesa esa puerta –me ordena la profesora, al tiempo que señala el clóset que está al final del salón.&lt;br /&gt;“Eso también me sale sin problemas. Ya casi amarro el seis.”&lt;br /&gt;–Ahora contesta rápido. ¿Quién fue el fantasma que regresó en el tiempo para que el alcalde de Ciudad Garza no declarara la guerra en contra del pueblo de Mendoza?&lt;br /&gt;¡…! De la impresión, sólo mi tórax regresa del clóset.&lt;br /&gt;–Estoy esperando tu respuesta, Sebastián. Y por favor, saca el resto de tu cuerpo del armario.&lt;br /&gt;–Mmmmh, creo que fue un hombre.&lt;br /&gt;“Ay, mamacita. No me acuerdo de esa clase. ¿Qué no fue cuando tuve catarro?”&lt;br /&gt;–¿Seguro? –me pregunta la maestra.&lt;br /&gt;“Piensa, piensa, piensa. Di algo, a lo mejor le atinas.”&lt;br /&gt;–Fue el espectro de don Polloberto Gutiérrez. Aunque él prefería que le dijeran Beto.&lt;br /&gt;“¿Polloberto Gutiérrez? ¿Qué clase de respuesta es ésa?”&lt;br /&gt;Toda la clase se ríe a carcajadas. La maestra me mira muy seria:&lt;br /&gt;–Mal. Los fantasmas no pueden viajar en el tiempo.&lt;br /&gt;“Concéntrate, concéntrate. No puedes reprobar.”&lt;br /&gt;–Siguiente pregunta: ¿quién descubrió la cura contra las arrugas de los espectros?&lt;br /&gt;–¡Mi madre…! –digo asustado y sin pensar.&lt;br /&gt;¿Qué clase de pregunta es ésa? De inmediato trato de recomponer mi respuesta. Para mi sorpresa, la maestra sonríe complacida.&lt;br /&gt;–Correcto. Pero por favor di el nombre de tu mamá. Muchos de tus compañeros no saben de quién eres hijo.&lt;br /&gt;–Eva Almazán.&lt;br /&gt;–Pues sí, jóvenes –la profesora se dirige a los demás alumnos–. Su compañero Sebastián Ituarte Almazán es el hijo de la mujer que creó la pomada que impide el deterioro en la apariencia de los fantasmas.&lt;br /&gt;“¿Mi madre la inventó? Nunca me lo había dicho.”&lt;br /&gt;–Yo misma la uso y gracias a ella parezco una jovencita de doscientos años.&lt;br /&gt;“¿Doscientos…? ¿Pues cuántos tendrá?”&lt;br /&gt;–Último ejercicio, Sebastián. Toma las cadenas que están en el escritorio, póntelas encima y arrástralas por todo el salón.&lt;br /&gt;¡…!&lt;br /&gt;–Sebastián, ¿no me oíste?&lt;br /&gt;“Esas cadenas se ven muy pesadas. Ni siquiera voy a poder moverlas.”&lt;br /&gt;–Sebastián, no tenemos tu tiempo.&lt;br /&gt;“Una, dos, tres… No las agarré bien. Otra vez. Una, dos, tres… Una, dos, tres… Me va a salir una hernia.”&lt;br /&gt;–Si hubieras hecho los ejercicios que te dejó el profesor de Educación Física todo el año, no tendrías problemas para mover las cadenas –me regaña la maestra–. Ve a tu lugar, Sebastián. Tienes seis.&lt;br /&gt;“Al menos pasé.”&lt;br /&gt;Me encuentro una nota en mi pupitre; es de Mónica:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No sabía que eres hijo de doña Eva. ¡De pelos!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Paso el resto del día más relajado. Tal vez un poco más de lo que debía. La maestra me regañó por no poner atención en la clase de historia, pero no me preocupo mucho; no voy tan mal en esa materia.&lt;br /&gt;En el recreo tengo que esconderme de Mónica. Sigue fascinada porque mi mamá inventó la pomada antiarrugas para fantasmas. No me cae mal, pero hoy no tengo ganas de hablarle. Me mantengo invisible todo el tiempo en el patio. Lástima, se había organizado un partido de futbol americano.&lt;br /&gt;En cuanto suena la campana que da por terminada la jornada, la maestra me da una noticia que casi me vuelve de carne y hueso:&lt;br /&gt;–Sebastián, tu promedio está muy mal. Si repruebas el examen de la próxima semana, tendrás que repetir el año.&lt;br /&gt;–¿Por qué? Si pasé el examen de hoy.&lt;br /&gt;–Con seis. Necesitabas, cuando menos, ocho para tener el promedio suficiente y recibir la licencia.&lt;br /&gt;“Promedio, promedio. Me suena esa palabra. ¿Es de la clase de matemáticas o de español?”&lt;br /&gt;–Eres un chico listo, pero no siempre pones atención…&lt;br /&gt;“No, yo creo que el promedio lo vimos en biología… ¿O fue en química?”&lt;br /&gt;–…en tu familia siempre ha habido fantasmas destacados. No puedes desilusionarlos…&lt;br /&gt;“Sí, creo que fue en química. En biología aprendimos a desplumar a una gallina de un susto.”&lt;br /&gt;–¿Me estás escuchando, Sebastián?&lt;br /&gt;–¡…! Sí, maestra.&lt;br /&gt;–Eres buen chico y puedes ser un excelente fantasma. No me gustaría que te quedaras sin tu licencia este año.&lt;br /&gt;–No se preocupe.&lt;br /&gt;–Confío que sí estudiarás lo que te pedí.&lt;br /&gt;“En la torre, ¿qué me pidió?”&lt;br /&gt;–Eehh, sí, maestra.&lt;br /&gt;–Bien. Ve a tu casa y prepárate para el examen de la próxima semana.&lt;br /&gt;“¿¡La próxima semana!? ¿Por qué no me lo dijo antes?”&lt;br /&gt;El resto del día no pienso mucho en lo que me dijo la profesora. Creo que merezco una tarde libre después de tanto estudiar, así que después de comer me voy con mis amigos Lázaro, Héctor y Alfonso de paseo.&lt;br /&gt;En lugar de ir al cine, como era el plan original, Alfonso propone algo que nos emociona a todos:&lt;br /&gt;–La semana pasada, mi primo me llevó a un lugar donde puedes espiar a los humanos. ¿Vamos?&lt;br /&gt;–¿Dónde queda? –pregunta intrigado Héctor.&lt;br /&gt;–¿Se acuerdan del hoyo que se abrió en las afueras del pueblo durante el temblor de hace un año? –nos dice Alfonso. Todos asentimos y él continúa–. Pues no es un simple bache. Conduce a un portal donde puedes asomarte al mundo de los humanos.&lt;br /&gt;Lázaro es uno de los más entusiasmados:&lt;br /&gt;–Vamos a espantar a alguien. Imaginen, seríamos los primeros fantasmas sin licencia que asustan a una persona.&lt;br /&gt;Nos ponemos en marcha de inmediato. El lugar está algo lejos, pero si volamos hasta allá, llegaremos en menos de media hora. Nos concentramos y empezamos a levitar.&lt;br /&gt;–No entiendo por qué no han arreglado este bache –digo cuando llegamos al lugar.&lt;br /&gt;–El sindicato de obras públicas lleva once meses en huelga –explica Lázaro.&lt;br /&gt;Entramos con algo de precaución y nos dirigimos por un túnel hacia una ventana muy iluminada. Del otro lado del vidrio vemos a una familia humana. Están cenando.&lt;br /&gt;–¿Intentamos moverles las cosas? –sugiere Lázaro.&lt;br /&gt;–¿Y si se espantan? –pregunta Héctor.&lt;br /&gt;Todos nos reímos por lo absurdo de su comentario.&lt;br /&gt;–Héctor, somos fantasmas. Nuestra misión es espantar gente.&lt;br /&gt;Soy el primero en probar. Por más que me esfuerzo, no muevo ni un salero.&lt;br /&gt;Alfonso se desvanece un poco y trata de atravesar la ventana para meterse en esa casa. Sólo puede asomar la cabeza.&lt;br /&gt;–Muchachos, creo que me atoré –alcanza a decir.&lt;br /&gt;Entre todos intentamos ayudarlo, pero es muy difícil agarrar a un fantasma cuando parte de su cuerpo no está materializado. Nos costó mucho trabajo, pero al final pudimos sacarlo.&lt;br /&gt;–Por más que les grité, aullé y chillé, esos humanos no me oyeron –explica Alfonso.&lt;br /&gt;Héctor, un poco más prudente, señala:&lt;br /&gt;–Este portal no está controlado por la Secretaría de Espantos. Los fantasmas sólo pueden espantar gente cuando entran al mundo de los humanos por los caminos autorizados. En estos lugares ilegales nuestros poderes no sirven. Mientras no tengamos licencia, no podremos espantar a nadie.&lt;br /&gt;Desilusionados, optamos por regresar a nuestras casas. Salimos del bache y nos damos cuenta de que está lloviendo. Como los fantasmas mojados no pueden volar, tenemos que caminar. Llego bastante tarde a mi casa y en castigo me dejan sin cenar; para colmo, hoy me toca lavar los trastes.&lt;br /&gt;El resto de la semana se me va muy rápido. Todos los días, después de clases, voy con Lázaro, Héctor y Alfonso a ese bache. Es muy emocionante, porque la ventana nos muestra siempre lugares distintos del mundo de los humanos. Hoy, por ejemplo, vimos un partido de beisbol en el estadio de los Yankees. Ayer, espiamos una boda. Nos quedamos con las ganas de espantar a los novios.&lt;br /&gt;Me urge tener mi licencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No saquen sus cosas –nos dice la maestra apenas entramos al salón–. Vamos a empezar con el examen. Mónica, pasa al frente.&lt;br /&gt;“¿Examen? Pero si la maestra no dijo nada”, pienso, bastante asustado.&lt;br /&gt;Mónica no tiene ningún problema. Hace bien todos los ejercicios y contesta correctamente sus preguntas.&lt;br /&gt;–Tienes diez, querida –la felicita la maestra–. Puedes salir al patio. Jonathan, sigues tú.&lt;br /&gt;–Maestra, ¿puedo ir al baño? –pregunto. Si me da chance de salir, tal vez pueda estudiar un poco; lo suficiente para sacar seis.&lt;br /&gt;–Tendrías que haber ido a la hora del recreo.&lt;br /&gt;–Es que el baño estaba lleno –miento.&lt;br /&gt;–Está bien. Pero no tardes. Y nada de trampas. Deja tus libros aquí.&lt;br /&gt;“Maldición.”&lt;br /&gt;En el patio, me encuentro a Mónica.&lt;br /&gt;–No se vale –me quejo con ella–. La maestra no dijo nada del examen.&lt;br /&gt;–Sebastián, te lo advirtió. Y te dijo que si no sacas ocho, tendrás que repetir el año.&lt;br /&gt;–¿En serio? ¿Cómo sabes? –pregunto.&lt;br /&gt;–Me hice invisible para escuchar lo que te dijo la semana pasada, después de la prueba.&lt;br /&gt;–No voy a pasar. Me van a castigar en mi casa. Capaz que me hacen humano y me espantan.&lt;br /&gt;Nomás de pensar en eso, mis piernas se desvanecen.&lt;br /&gt;–Por favor, ayúdame. Mónica. ¿Qué cosas me van a preguntar?&lt;br /&gt;–Sebastián, los fantasmas no podemos ver el futuro.&lt;br /&gt;–Por favor ayúdame –le pido, desesperado.&lt;br /&gt;–Tengo una idea. Yo voy a hacer el examen por ti.&lt;br /&gt;–¿En serio? ¿Por qué?&lt;br /&gt;–Porque eres lindo.&lt;br /&gt;Mónica se sonroja. Yo también. Antes de que pueda contestar algo, ella cierra los ojos y desaparece. De repente me siento muy raro. Como si hubiera recibido una descarga.&lt;br /&gt;–Mónica, ¿dónde estás?&lt;br /&gt;–Muy cerca de ti. De hecho, &lt;em&gt;adentro&lt;/em&gt; de ti –oigo su voz desde mi estómago.&lt;br /&gt;“¡¿Cómo le hizo?!”&lt;br /&gt;–¿Estás segura de que esto va a funcionar? –pregunto, aunque no sé hacia dónde dirigirme.&lt;br /&gt;–Confía en mí.&lt;br /&gt;–Juro que si paso este examen, te invito al cine.&lt;br /&gt;No me contesta. En vez de eso, me pellizca desde adentro.&lt;br /&gt;–Está bien, me callo.&lt;br /&gt;Regresamos al salón&lt;br /&gt;–Sebastián, no te sientes. Pasa de una vez al frente.&lt;br /&gt;–Estoy listo, maestra.&lt;br /&gt;Todos en la clase creen que lo dije yo, pero fue Mónica. No sé cómo le hizo pero ahora ella me controla como si fuera un títere.&lt;br /&gt;La maestra empieza a hacer preguntas. Mónica las contesta sin ningún problema. Ya tengo seguros tres de los cinco puntos.&lt;br /&gt;–Arrastra las cadenas por todo el salón –ordena la maestra.&lt;br /&gt;Es increíble. Ahora que Mónica está dentro de mí, puedo levantarlas sin ningún problema. No cabe duda, dos fantasmas cargan más que uno. Una prueba más y ya saco el diez. ¡Voy a tener mi licencia de fantasma!&lt;br /&gt;Me empieza a picar un poco la nariz. Estas cadenas estaban muy polvosas.&lt;br /&gt;–Aaaaaaaaachoooooooooooo –estornudo más fuerte de lo normal.&lt;br /&gt;Siento algo raro, estoy muy débil; como si me fuera a desmayar. Mónica está a mi lado, se ve aturdida.&lt;br /&gt;“¿Se ve? ¿Mónica se ve? Oh, oh.”&lt;br /&gt;–Sebastián y Mónica, vayan a mi oficina inmediatamente y me esperan allá. Los dos están reprobados.&lt;br /&gt;En la oficina, la maestra nos regaña muy fuerte. Mónica no abre la boca para nada. La profesora nos dice que está desilusionada de ambos. Amenaza con expulsarnos de la escuela. No sé de dónde saco el valor, pero la interrumpo:&lt;br /&gt;–Mónica no tiene la culpa. Yo la obligué.&lt;br /&gt;La maestra se calla unos instantes, pero pronto nos hace saber su decisión:&lt;br /&gt;–Al menos eres honesto, Sebastián. No están expulsados, pero sí reprobados. Tendrán que presentar el examen extraordinario dentro de dos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde, ya en casa, ni siquiera toco el plato que me sirvió mi madre.&lt;br /&gt;–¿No tienes hambre, hijo?&lt;br /&gt;–Me comí un pastel en la escuela –miento. No quiero hablar nada hoy–. ¿Puedo irme a mi cuarto?&lt;br /&gt;–Está bien. Pero que sea la última vez que te llenas de cochinadas antes de la hora de la comida.&lt;br /&gt;–Mamá, ¿por qué está brillando la mochila de mi hermano? –pregunta mi hermana. No sé a qué se refiere.&lt;br /&gt;–¿Qué traes ahí, Sebastián? –mi madre me mira como si sospechara algo.&lt;br /&gt;Para variar, mi hermana dice algo que me mete en problemas:&lt;br /&gt;–Se parece a las notas que manda la escuela cuando estás castigado.&lt;br /&gt;Sin decir nada, mi madre va hacia la mochila y la toma. Espero lo peor. Atravieso una pared y me voy a mi cuarto. Desde allá alcanzo a escuchar su grito:&lt;br /&gt;–¡Sebastián Ituarte Almazán, ven acá de inmediato!&lt;br /&gt;Por la noche, cuando mi padre llega de su trabajo en la fábrica de cadenas para fantasmas, me toca un regaño todavía peor:&lt;br /&gt;–¿Cómo te atreviste a hacer trampa?&lt;br /&gt;Mi madre no ha dejado de leer la nota desde la tarde.&lt;br /&gt;–Eres la vergüenza de la familia –dice mi padre, visiblemente decepcionado.&lt;br /&gt;–Óscar –interviene mi mamá–, esto no hubiera pasado si hubieras sido más exigente con tu hijo.&lt;br /&gt;–¿Ahora es mi culpa? –grita ofendido papá–. Tú eres la que se la pasa toda la tarde haciendo tu pomadita y no te aseguras de que tus hijos hagan la tarea.&lt;br /&gt;Mi madre, molesta, le avienta un plato a mi papá. Él se desvanece a tiempo y el plato se estrella contra la pared. Aprovecho que discuten y me voy a mi cuarto.&lt;br /&gt;–¡Mamá, papá, Sebastián se fue para que ya no lo regañen! –mi chismosa hermana se aparece enfrente de mí. Es increíble lo fuerte que puede gritar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy se cumple una semana de que empezaron las vacaciones escolares, pero estoy castigado dos meses. Debo quedarme todos los días en casa, estudiando para el examen extraordinario. Ya acabé con el libro de química y hoy empiezo a repasar el de historia.&lt;br /&gt;–¿Ya encontraste en qué capítulo aparece don Polloberto Gutiérrez? –escucho una voz. Juraría que se trataba de la lámpara, pero no: es Lázaro.&lt;br /&gt;–¿Qué haces aquí? –le digo, aunque agradezco que haya venido a distraerme un poco.&lt;br /&gt;–Nomás de visita. ¿Qué tal va el castigo?&lt;br /&gt;–¿Tú qué crees? Estoy aburridísimo.&lt;br /&gt;Lázaro ignora mi comentario y me extiende una credencial. Ni siquiera la veo, sé muy bien qué es.&lt;br /&gt;–Mira, me la dieron ayer. Salí muy guapo en mi licencia de fantasma, ¿no crees?&lt;br /&gt;Antes de que pueda contestar algo, se aparecen Alfonso y Héctor. Me enseñan sus licencias.&lt;br /&gt;–Sí, mira nomás qué espaldota te cargas en la foto. Los aeróbics te han funcionado –se burla Alfonso de Lázaro.&lt;br /&gt;–Yo no necesito presumir. Con esta cara que tengo, cualquier retrato sale bien –agrega Héctor.&lt;br /&gt;Todos reímos, menos Héctor, quien mejor cambia el tema de conversación:&lt;br /&gt;–Mañana Lázaro y yo vamos a espantar a nuestro primer humano.&lt;br /&gt;–¿Apenas? –se mofa Alfonso–. Yo desde antier ando visitando personas. Le escondí la tarjeta de crédito a un tipo que no traía dinero en un restaurante. Tuvo que lavar platos tres horas para pagar su cuenta.&lt;br /&gt;Pronto, los tres comienzan a hablar al mismo tiempo de todo lo que harán ahora que son fantasmas legales. Lo mismo se les ocurre impedir asaltos, que espantar presidentes cuando tengan que dar discursos ante la televisión.&lt;br /&gt;Todavía me faltan siete semanas de castigo y no estoy dispuesto a escuchar todas las ventajas de ser fantasma legal, mientras que yo ni siquiera puedo ir a ese umbral clandestino.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–¡Oe!, ¡egesamos a gengua!&lt;/em&gt; –gritan los tres al mismo tiempo, mientras me elevo hacia el techo.&lt;br /&gt;Al menos no tengo prohibido sacarle la lengua a los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo creer que ya llevo seis semanas castigado. Siento como si hubieran sido cuatro meses. El tiempo se arrastra como cadena cuando estás castigado y sólo puedes estudiar. Hablando de cadenas, en la casa todos están felices porque la empresa de mi papá ganó una licitación del gobierno y van a ser el proveedor oficial de cadenas para fantasmas por seis años más. Por lo menos ese día me dieron permiso de no estudiar, pero ni así me dejaron salir a la calle.&lt;br /&gt;El único lugar al que he podido ir fue a casa de mi tía Emma. Era su aniversario de bodas y organizaron una comida familiar. Pensé que me salvaría, bajo el pretexto de que tenía que estudiar, pero mis papás decidieron darme una tregua para ir a la fiesta. Eso fue peor que el castigo de no salir con mis cuates.&lt;br /&gt;Lo bueno es que hoy en la tarde es el examen extraordinario. Si lo paso, por fin tendré mi licencia.&lt;br /&gt;La primera fantasma que veo al entrar en la escuela es a Mónica. Tengo ganas de hacerme invisible, pero en esta ocasión no es lo correcto. Me lleno de valor y me le acerco.&lt;br /&gt;–Hola.&lt;br /&gt;“Mmmh, cuánto valor para decir eso.”&lt;br /&gt;–Hola –me contesta ella.&lt;br /&gt;–¿Lista para el examen?&lt;br /&gt;–Ya lo hice, me tocó hace tres horas.&lt;br /&gt;–Oye, la otra vez, cuando me ayudaste a hacer trampa…&lt;br /&gt;–Olvídalo, no voy a arriesgarme de nuevo –me interrumpe.&lt;br /&gt;–No te lo voy a pedir de nuevo. Es sólo que nunca te lo agradecí. No tenías por qué ayudarme, y aun así lo hiciste. Gracias.&lt;br /&gt;–De nada.&lt;br /&gt;–¿Te gustaría ir al cine un día de éstos?&lt;br /&gt;–Me gustaría, pero no puedo.&lt;br /&gt;–¿Por qué?&lt;br /&gt;–Como la compañía de mi papá perdió la licitación para ser el proveedor de cadenas para fantasmas, quebraron. Nos mudamos mañana a Mendoza con unos tíos que le consiguieron trabajo a mi papá. Va a ser el administrador de una fábrica de escobas para brujas.&lt;br /&gt;–¡…!&lt;br /&gt;–Adiós, Sebastián. Suerte en el examen.&lt;br /&gt;Me da un beso en el cachete y se va.&lt;br /&gt;“Qué menso soy, no le pedí perdón por meterla en problemas.”&lt;br /&gt;Trato de alcanzarla, pero ya desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El examen resultó más fácil de lo que esperaba. Quién iba a decir que estudiando todos los días me iba a aprender lo que me preguntaron –le digo a mis papás cuando salgo de la escuela.&lt;br /&gt;Mi hermana no me cree.&lt;br /&gt;–¿En serio?&lt;br /&gt;–Niña, no seas chismosa. Aprende a confiar en tu hermano.&lt;br /&gt;–¿Me creen? –pregunto, sorprendido.&lt;br /&gt;–Tu maestra nos llamó por teléfono antes de que llegaras. Nos dijo que pasaste con ocho.&lt;br /&gt;–¿Entonces voy a tener mi licencia?&lt;br /&gt;Estoy más que emocionado.&lt;br /&gt;–Mamá, la mochila de Sebastián está brillando.&lt;br /&gt;De seguro es mi boleta de calificaciones y la cita para sacar la licencia. Antes de poder verla, mi mamá me la arrebata. Se me pone la carne de humano.&lt;br /&gt;–Sebastián, ¿otra vez fallaste en la prueba de mover cadenas? –dice, decepcionada.&lt;br /&gt;Mi padre se pone peor:&lt;br /&gt;–Si hubieras fallado en historia te la perdono. ¿Pero las cadenas? ¿Qué van a decir mis compañeros en la fábrica?&lt;br /&gt;–¿Entonces no le van a dar la licencia a mi hermano?&lt;br /&gt;–Sí –contesta mi papá–. Pero yo se la voy a castigar hasta que pueda cargar cadenas. Mañana mismo te vas conmigo al gimnasio de la fábrica. Un hijo mío no puede fallar al arrastrar cadenas.&lt;br /&gt;–Óscar, no puedes hacer eso –interviene mi mamá. ¿Será que intercederá a mi favor?–. Mañana es sábado; la fábrica no abre. Mejor espera al lunes.&lt;br /&gt;Mi hermana ríe y me dan ganas de jalarle los cabellos. Papá se sienta en su sillón favorito y prende la tele. Mi mamá sólo me dice:&lt;br /&gt;–Aguanta un poco más, hijo. En cuanto puedas cargar las cadenas, le voy a pedir a tu tío que te lleve con los humanos para que escojas a la primera familia que vas a espantar.&lt;br /&gt;Me voy a mi cuarto y me recuesto en la cama. Estas vacaciones han sido muy largas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-1385729897234493017?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/1385729897234493017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=1385729897234493017' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1385729897234493017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1385729897234493017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2011/02/unas-largas-vacaciones.html' title='Unas largas vacaciones'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-7424183137697224276</id><published>2010-12-08T13:53:00.000-08:00</published><updated>2010-12-08T13:56:56.606-08:00</updated><title type='text'>Las historias de Beto</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Para que no digan que la actualización del blog fue nomás flor de un día (aunque yo hubiera preferido que fuera flor de calabaza), aquí les dejo un nuevo cuento. Es de los primeritos que escribí y publiqué. Espero que lo disfruten, en la cálida compañía de sus seres queridos (y si pueden, no sean gachos, dejen un comentario).&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;LAS HISTORIAS DE BETO&lt;br /&gt;(-DIEGO MEJÍA EGUILUZ-)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Ramón Córdoba&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé quién le dijo a Beto que era un buen escritor, pero si algún día me entero, juro que me vengaré de esa persona.&lt;br /&gt;Cuando lo conocí pensé que se trataba de alguien simpático y amable. Acababa de mudarme al edificio donde ahora vivo y él fue el primero de mis nuevos vecinos en presentarse y ponerse a mis órdenes. “Si en algo puedo ayudarlo, lo que sea, no dude en avisarme”, me había dicho cuando por fin se retiró de mi departamento.&lt;br /&gt;Las siguientes dos semanas se dedicó a visitarme cada tercer día para ver si no se me ofrecía nada. En un principio me sentí aliviado porque ya no tendría que lidiar con personas que carecían de educación y no les importaba que te estuvieras muriendo a las puertas de su casa, aun así te ordenarían que te quitaras para cerrar la puerta; sin embargo, después de que me indicó cómo llegar a los lugares más importantes, como el banco y el supermercado, por ejemplo, ya no era necesario que fuera a verme tan seguido.&lt;br /&gt;Por aquel entonces Esther aún no vivía conmigo, a pesar de que llevábamos más de cuatro años de noviazgo y de mi insistencia para que compartiéramos una casa, y como no me apetecía hablar de mi vida privada con cualquiera, dejé que Beto pensara que no tenía pareja; por eso un día me invitó a un table dance. Divertido por la idea acepté acompañarlo. Una vez en el centro nocturno, Beto se puso tal borrachera que tuve que llevarlo a rastras hasta mi casa. Se quedó dormido en el sillón hasta las cuatro de la tarde del día siguiente.&lt;br /&gt;Una semana después, Esther decidió que nuestra relación sí tenía futuro y llegó con sus maletas al departamento. De nueva cuenta, Beto fue el primero en presentarse y solicitarle que lo considerara en caso de que necesitara algo. Ella quedó impresionada por sus atenciones y me reprendió cuando le dije que él era muy latoso, bien intencionado, pero latoso. Al día siguiente me lo encontré en las escaleras. Me ofreció disculpas por haberme invitado al antro. “Pensé que no tenías novia, de otra manera no te hubiera llevado.”&lt;br /&gt;A pesar de Beto, mi nuevo domicilio tenía una gran ventaja: se trataba de un lugar céntrico y ya no me tardaba tanto en llegar a mi trabajo. Esther, mientras tanto, se quedaba al cuidado de la casa. (Acababa de terminar sus estudios universitarios y quería descansar por un tiempo antes de buscar empleo.) Pronto se hizo muy amiga de Beto, por lo que éste pasaba cada vez más tiempo en nuestra casa; cuando Esther le contó que yo era editor en jefe de una revista cultural, Beto me pidió permiso para mostrarme sus cuentos: “No quiero que los publiques, sólo dime qué te parecen”. Al día siguiente tenía en mi poder una carpeta con todos sus relatos.&lt;br /&gt;Las historias de Beto eran malas. No quiero decir que él era una bestia escribiendo, pero de los quince cuentos que me entregó ninguno valía la pena (de hecho, seis eran plagios mal hechos de cuentos de Maupassant). “Es muy inocente, no lo vayas a destrozar”, me había recomendado Esther, quien también leyó sus escritos y coincidía conmigo en que se trataba de alguien sin talento.&lt;br /&gt;–Tus textos son, cómo decirlo... peculiares. Algunos personajes son interesantes, como que apuntan hacia un comportamiento fuera de lo común. En algunas de las historias, como “El picnic”, me acordé mucho de los libros de Maupassant –le dije tratando de desanimarlo sin ser grosero. Evidentemente me equivoqué en algo porque Beto me dio las gracias y prometió mostrarme, apenas lo terminara, un nuevo cuento.&lt;br /&gt;Pronto comencé a dudar que Beto tuviera algo que hacer además de escribir. Todos los días me dejaba con Esther un nuevo cuento y un recado pidiéndome que le diera una opinión sincera de éste. Esther en un principio continuaba aconsejándome que no fuera muy rudo con él; tres meses después comenzó a elaborar un plan para cortarle las manos o dejarlo paralítico. Yo, por mi parte, intentaba darle a entender que no servía para escribir, pero no comprendía indirectas. Eso sí, nunca se atrevió a ir a molestarme a la revista.&lt;br /&gt;Para que no piensen que no puedo decir nada bueno de las personas, debo admitir que, cuando no se fusilaba descaradamente –y mal– a los clásicos, la imaginación de Beto era extraordinaria; ninguno de sus cuentos se parecía al otro. Su amplitud de temas era tal que un día me enteraba de cómo el gobierno de Tombuctú se declaraba en quiebra porque los inodoros de todo el país se habían puesto en huelga, y a la noche siguiente tenía en mi poder la historia de unas hormigas que querían suicidarse y para lograrlo le mentaban la madre a un oso hormiguero, se hacían pipí en una de sus garras y hasta lo provocaban con pancartas que decían “El oso es puto”.&lt;br /&gt;Gracias a los cuentos de Beto, mi vida sentimental cayó en crisis. Esther se hartó de nuestro vecino una noche en que nos vimos obligados a interrumpir ya saben qué, pues no dejaba de tocar el timbre para darme su más reciente obra. “O él o yo”, amenazó Esther.&lt;br /&gt;Para solucionar esa disyuntiva, tuve la genial ocurrencia de presentar a Beto con mi prima Carmen, una chava que había estudiado computación y en seis meses consiguió un buen empleo. El experimento tuvo dos resultados: no sólo gané doce semanas de tranquilidad e intimidad, sino que también me hice acreedor a un poeta. “Anoche vi las estrellas,/ uy, uy, uy, qué bellas,/ y aunque tú te llamas Carmen y no Estrella,/ también estás muy bella”, escribió Beto a mi prima, quien ahora vive en provincia pero no me dio su dirección.&lt;br /&gt;Poco después de esa decepción amorosa, Beto nos invitó a cenar para celebrar su cumpleaños. Como todavía faltaba una quincena para el cierre de la edición, y para no herir susceptibilidades y vernos retratados en una de sus historias, Esther y yo llegamos puntuales a la reunión. Su departamento estaba lleno de libros, tal y como sospechábamos.&lt;br /&gt;–¿No va a venir nadie más? –preguntó Esther.&lt;br /&gt;–No es necesario –replicó Beto–. Aquí están todos mis amigos –y señaló sus libros.&lt;br /&gt;Después de cenar lo acompañamos a la Cineteca para ver una última película de Juzo Itami. Cuando salimos declaró que su próxima ficción se basaría en el tema de ese filme.&lt;br /&gt;–Mejor intenta escribir una novela –le sugirió Esther–. Tárdate lo que quieras, trabaja bien la anécdota –agregó.&lt;br /&gt;–Nunca se me había ocurrido –exclamó entusiasmado Beto–. Supongo que si la empiezo hoy la terminaré, a lo mucho, en tres meses.&lt;br /&gt;–Tienes noventa días para encontrar una nueva casa –me murmuró Esther.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente comenzamos a visitar departamentos que se rentaban; todos estaban muy caros.&lt;br /&gt;Antes de que transcurrieran siquiera dos meses del plazo que se puso, ya tenía en mi poder su primera novela: &lt;em&gt;Las prostitutas del país de las maravillas&lt;/em&gt;. “Ay, Dios”, pensé. Esther no dejó de reír en toda la noche.&lt;br /&gt;Aquel tabique de casi trescientas páginas representaba una verdadera amenaza para mi tranquilidad, por lo que mejor le di el manuscrito a uno de los correctores de la revista. Si me topaba con Beto, le decía que no perdiera la paciencia, que apenas terminara con su libro le daría un dictamen por escrito.&lt;br /&gt;A la semana siguiente, el corrector me regresó la novela de Beto.&lt;br /&gt;–Este favor te va a salir carísimo –me dijo.&lt;br /&gt;–Malísima, supongo –contesté.&lt;br /&gt;–Casi toda es una porquería sin pies ni cabeza: ningún capítulo tiene nada que ver con el anterior; pero quisiera que leyeras el onceavo. Si opinas igual que yo, podemos incluirlo en el siguiente número.&lt;br /&gt;En un principio pensé que se trataba de una venganza; de todos modos preferí no quedarme con la duda y leí el capítulo. Terminé asombrado. En sólo dos páginas, y a modo de carta, había contado la historia de un presidente dos horas antes de tener que entregar la banda a su sucesor. Aunque la anécdota puede parecer aburrida, o cursi, la desarrolló de tal manera que desde un principio atrapaba al lector; el final no sólo era bueno, sino genial.&lt;br /&gt;Cuando llegué a casa le mostré a Esther las dos cuartillas sin decirle de quién eran; elogió a más no poder el cuento. “Mañana temprano le voy a decir a Beto que queremos publicar esa parte en la revista”, pensé antes de quedarme dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Órale, güey, aguas con esa estufa –con estas voces desperté a las siete de la mañana del día siguiente. Un tanto atolondrado, me levanté de la cama y me dirigí a la ventana para ver qué estaba pasando. Un camión de mudanzas estaba al pie del edificio. No sabía si alguien llegaba a vivir aquí o se iba a otra colonia.&lt;br /&gt;Salí para enterarme mejor de lo que sucedía y me topé con don Abundio, el conserje. “Por fin rentaron el departamento 501, joven”, dijo cuando me vio; yo ni siquiera sabía que estaba desocupado. Una hora después de terminada la mudanza, Beto fue el primero de los vecinos en presentarse con el nuevo habitante. Sonreí aliviado. Esa tarde, en la revista, le dije al corrector que Beto no nos autorizaba a usar su texto.&lt;br /&gt;El nuevo inquilino resultó ser cocinero en un importante hotel. Después de dos meses de visitarlo a diario, Beto consiguió empleo como ayudante de los chefs. Desde entonces ya no ha vuelto a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mejía Eguiluz, Diego, Extrainnings, México, Ostraco, 2005.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-7424183137697224276?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/7424183137697224276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=7424183137697224276' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7424183137697224276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7424183137697224276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2010/12/las-historias-de-beto.html' title='Las historias de Beto'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-9107625227043117301</id><published>2010-11-23T11:29:00.000-08:00</published><updated>2010-11-23T11:37:18.787-08:00</updated><title type='text'>Todo se lo debo a mis padres</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Casi un año me tomó actualizar esta cosa. No voy a poner el pretexto de que no me acordaba de que tenía blog, ni de que había olvidado la contraseña, ni de abducción extraterrestre.&lt;br /&gt;La mera verdad es que un pollo disfrazado de ninja me había hackeado el blog, pero ya lo convencí de que me lo regrese.&lt;br /&gt;Para celebrar que el pollo ya me dio permiso de volver a escribir, les presento uno de los últimos textos que he escrito.&lt;br /&gt;Ojalá y lo disfruten en la cálida compañía de sus queridos (y si pueden, dejen algún comentario).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;TODO SE LO DEBO A MIS PADRES&lt;br /&gt;(-DIEGO MEJÍA EGUILUZ-)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Manuel, Roberto volvió a estornudar! –Julia, desde la recámara, llamaba a gritos a su marido.&lt;br /&gt;–¿Otra vez? Te dije que lo abrigaras bien –respondió Manuel, quien trataba de dormir una siesta.&lt;br /&gt;–No es mi culpa. Tú le diste permiso de comer helado de postre.&lt;br /&gt;–Pero tú dejaste la ventana abierta.&lt;br /&gt;–¿Y qué querías? ¿Que nos asáramos? Estamos a más de treinta grados. Además, a ti se te olvidó ponerle un suéter.&lt;br /&gt;–Porque tú no los has lavado. ¿O quieres que nuestro hijo ande con la ropa cochina?&lt;br /&gt;En muchos hogares, un estornudo no desencadenaría una discusión como ésta. Pero en la casa de Roberto provocaba pleitos bastante fuertes entre sus padres. Cuando esto ocurría, su papá tenía que dormir en la sala hasta que a su mamá se le pasaba el enojo.&lt;br /&gt;Y no es porque se tratara de un niño enfermizo; por el contrario, era bastante sano. El problema era otro. Desde que cumplió siete años, Roberto, cada que estornudaba, se convertía en gato de cerámica, cuchara de madera, estatuilla de barro o reproductor de música, entre muchas otras cosas.&lt;br /&gt;Es difícil explicar por qué le pasaba esto. Lo más sencillo es decir que se trataba de un mal hereditario: cuando había luna llena, su papá se convertía en gato de cerámica; Julia, su madre, todas las noches se transformaba en Marilyn Monroe. Y ni hablar de sus demás familiares: tanto del lado paterno como del materno, todos tenían esa peculiaridad.&lt;br /&gt;Cuando se conocieron, sus papás descubrieron que ambos tenían ese don (por llamarlo de alguna manera) y se volvieron muy cercanos el uno al otro. Con el tiempo, decidieron casarse. Un par de años después nació Roberto. Al principio, Manuel y Julia estaban muy preocupados. Sabían que él, eventualmente, también desarrollaría esta “enfermedad”, pero en secreto guardaban la esperanza de que fuera la excepción. No tenían ni idea de lo que le esperaba.&lt;br /&gt;La primera vez que Roberto se transformó en algo fue en una reunión en casa de la familia de Julia. Era el cumpleaños de uno de sus tíos y le habían organizado una comida. Uno de sus primos, por hacerle una broma, le aventó un poco de pimienta a la nariz y Roberto comenzó a estornudar. Ante los ojos de sus parientes, se convirtió en una pantalla plana de televisión. Una vez repuestos de la sorpresa inicial, sus familiares esperaron pacientemente a que algo más ocurriera; mientras tanto, veían el partido de beisbol que Roberto transmitía. Dos horas después, con el juego empatado a tres carreras en la parte alta de la sexta entrada, Roberto recobró su forma original.&lt;br /&gt;–Míralo, igualito a nosotros –exclamaba una tía, quien lo miraba orgullosa.&lt;br /&gt;–Ése es mi nieto –dijo, alegre, su abuelo.&lt;br /&gt;–¿En qué canal estabas? Quiero ver el final del partido –preguntó su padre, quien se había quedado picado con el juego.&lt;br /&gt;Roberto no entendía nada de lo que le decían, y sólo Julia le dio la importancia debida a este asunto:&lt;br /&gt;–No quiero que traten a mi hijo como un bicho raro. Él es normal, igual que nosotros.&lt;br /&gt;Los demás a duras penas pudieron aguantar la risa. Ésa fue la primera noche que sus papás discutieron por los estornudos de Roberto:&lt;br /&gt;–Eres un insensible. En vez de preocuparte por tu hijo, sólo querías saber quién metió el gol –le reprochó Julia a Manuel, mientras le daba unas cobijas y una almohada para que durmiera en el sillón.&lt;br /&gt;–No es cierto, sólo quería saber en qué canal estaba. Y no era futbol, era beisbol lo que estaba viendo.&lt;br /&gt;Al día siguiente, Julia habló a la escuela para avisar que su hijo no iría a clases en una semana pues estaba enfermo.&lt;br /&gt;Por la noche, sus padres platicaban acerca de Roberto:&lt;br /&gt;–Sabíamos que esto iba a pasarle. Ni modo, Julia, tendremos que arreglárnoslas.&lt;br /&gt;–Pero todavía es muy pequeño. A nosotros nos ocurrió cuando éramos más grandes.&lt;br /&gt;–Debemos decírselo. No podemos ocultárselo toda la vida.&lt;br /&gt;–Aún no es el momento. Está muy chiquito.&lt;br /&gt;–¿Y hasta cuándo le diremos que su mamá y la señora rubia que le sirve la cena son la misma persona? No siempre nos va a creer que trabajas de noche y que la güera que viene a cuidarlo es su nana.&lt;br /&gt;–Para ti es más fácil. Como sólo te transformas en la luna llena le decimos que te vas a jugar dominó y santo remedio. ¿Y qué va a pasar cuando crezca y quiera ir contigo a jugar?&lt;br /&gt;–¿De qué hablan, papá? –preguntó Roberto, quien entró al cuarto de sus padres porque no podía dormir.&lt;br /&gt;–De nada, hijo. Anda, vete a tu cuarto.&lt;br /&gt;–Hasta mañana, papi. Que descanses, nana.&lt;br /&gt;Una semana después, Roberto regresó a la escuela.&lt;br /&gt;Las siguientes semanas el niño no estornudó. Sus papás no se confiaban y siempre le recomendaban que se abrigara bien y evitara las corrientes, e incluyeron mucho jugo de naranja en su dieta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres meses después, sin embargo:&lt;br /&gt;–¡Maestra, Roberto estornudó y no se tapó la boca!&lt;br /&gt;La maestra iba a recordarle a Roberto la importancia de cubrirse la boca al estornudar (y de paso regañar a su compañero por chismoso), pero algo llamó su atención:&lt;br /&gt;–¿Quién le dio permiso a Roberto de salir del salón? Sólo está su lonchera.&lt;br /&gt;–Oiga, miss, Roberto no trajo lonchera.&lt;br /&gt;Antes de que alguien pudiera decir algo más, la lonchera estornudó y se transformó, ante el asombro de todos, en Roberto.&lt;br /&gt;–¡Qué chido! ¿Cómo le hiciste? –le preguntó uno de sus compañeros.&lt;br /&gt;–¿Hacer qué? –quiso saber Roberto.&lt;br /&gt;–Oigan, la maestra se desmayó –exclamó otro niño.&lt;br /&gt;–De pelos –dijo una alumna.&lt;br /&gt;Tuvieron que intervenir tres maestros para reestablecer el orden en el salón de clases. Uno más se llevó a la asombrada maestra a la enfermería. Al volver en sí, la profesora gritó:&lt;br /&gt;–¡Ese niño está poseído! –y salió corriendo de la escuela.&lt;br /&gt;Una hora después, Roberto y sus papás estaban en la oficina de la directora del colegio.&lt;br /&gt;–Señores, yo no soy una persona supersticiosa, pero la maestra de Roberto afirma que su hijo está poseído.&lt;br /&gt;–No sabemos por qué le pasa esto a nuestro hijo –se apresuró a decir su mamá.&lt;br /&gt;–No te hagas la inocente, Julia. A nosotros nos ocurre lo mismo…&lt;br /&gt;–¡Cállate, Manuel! ¿Qué va a pensar la señora directora? Además, aún no hemos hablado con él.&lt;br /&gt;–En primer lugar, señores, no los llamé para que discutieran. Y en segundo lugar, les repito que no soy alguien que crea en esas cosas. ¿Y de qué deben hablar con él?&lt;br /&gt;Un estornudo interrumpió a la directora; fue Roberto.&lt;br /&gt;–Salud, mi amor… –dijeron los tres adultos.&lt;br /&gt;Y una vez más se transformó, ahora en pluma fuente.&lt;br /&gt;La directora también se desmayó.&lt;br /&gt;Esa tarde, ya en casa, Manuel y Julia resolvieron contarle la verdad a su hijo.&lt;br /&gt;–¿En serio puedo hacer eso? ¡De pelos! –exclamó Roberto cuando terminó de escuchar a sus papás.&lt;br /&gt;–Sé que suena emocionante, Roberto, pero no es tan divertido como crees.&lt;br /&gt;–¿Y entonces mi nana güera es mi mamá?&lt;br /&gt;–Sí, sólo que en las noches cambio de cuerpo –admitió Julia.&lt;br /&gt;–Me gustas más de día. Eres más bonita.&lt;br /&gt;–Gracias, corazón.&lt;br /&gt;–¿Y tú eres el gato que a veces está en el buró de mi mamá?&lt;br /&gt;–Sí –respondió Manuel–. No voy a jugar dominó. Siempre me quedo aquí.&lt;br /&gt;–¡Órale! De seguro los papás de Pablo no pueden hacer eso.&lt;br /&gt;–No puedes decirle nada de nosotros a tus amigos. No te dejarían en paz.&lt;br /&gt;–Ta bien, ta bien –dijo, a regañadientes, Roberto.&lt;br /&gt;–¿Ya ves? –su padre comentó a su mamá–. No se espantó. Y tú que estabas tan preocupada.&lt;br /&gt;–Porque salió a mí y no a ti –fue la respuesta de Julia.&lt;br /&gt;–¡Roberto, no te piques la nariz para estornudar! –le advirtió su padre.&lt;br /&gt;Pero era tarde, ahora tenían enfrente un horno de microondas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes días, Roberto era el centro de atención del colegio. Muchos alumnos lo buscaban para pedirle que repitiera su gracia. Otros, más escépticos, le aventaban pimienta o le hacían cosquillas en la nariz con una pluma para ver si eran ciertos los rumores. A los profesores les costaba cada vez más trabajo mantener el orden en la escuela. El colmo fue cuando Roberto estornudó en el patio y se transformó en una pelota. Fue necesario que lo rescatara la directora, pues sus compañeros ya habían organizado un partido de futbol.&lt;br /&gt;–No se vale, miss. Yo iba a cobrar el penalty –reclamó, molesto, uno de los niños.&lt;br /&gt;–¡Se acabó el recreo! ¡Todos a sus salones! –fue lo único que dijo la directora.&lt;br /&gt;–¡Eeeehhh! ¡Ganamos dos a cero a los de segundo A! –exclamó otro alumno.&lt;br /&gt;A la salida, la directora nuevamente tuvo que hablar con los padres de Roberto.&lt;br /&gt;–Sé que es difícil. Roberto era un niño que no daba problemas y un buen estudiante, pero esto ya se salió de control. No me queda más remedio que expulsarlo del colegio.&lt;br /&gt;–Falta muy poco para que sean los exámenes finales –respondió su padre–. ¿Sabe cuánto nos costaría cambiarlo de escuela a estas alturas? De seguro tendría que repetir el año.&lt;br /&gt;–No te fijes en el dinero, Manuel –lo interrumpió Julia–. Es por su bien.&lt;br /&gt;–Lo más que puedo hacer por ustedes, señores, es dejar que Roberto estudie en su casa y venga a presentar los exámenes. Pero no podemos tenerlo para el próximo curso.&lt;br /&gt;Roberto, mientras tanto, era examinado por un doctor en la enfermería para cerciorarse de que no tuviera nada roto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque intentaba concentrarse, Roberto no se sentía a gusto estudiando en su casa; extrañaba a sus amigos.&lt;br /&gt;–¿Mañana sí voy a la escuela, mami? –preguntaba todos los días.&lt;br /&gt;–Ya te dije que no es seguro que vayas. Tus compañeros te pueden dañar.&lt;br /&gt;–¿Mis amigos no me quieren?&lt;br /&gt;–No es eso, mi amor, pero no saben cómo tratar a alguien como tú.&lt;br /&gt;–Pero no soy malo, mamá.&lt;br /&gt;–Lo sé, hijo. Ándale, vamos a seguir repasando la tabla del siete.&lt;br /&gt;–Ya no, ya me cansé. Ya es de noche; mira la luna, mami.&lt;br /&gt;–Está bien, vete a tu cuarto a jugar y un rato y luego a dormir.&lt;br /&gt;Roberto se fue corriendo a su recámara. Su mamá se quedó pensativa y volteó a ver a su buró.&lt;br /&gt;–¡Roberto, ven acá y regresa a tu papá a su lugar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, llegó la semana de exámenes. Roberto estaba puntual en el patio, junto a sus compañeros, listo para entrar al salón de clases.&lt;br /&gt;Un niño de sexto grado se le acercó.&lt;br /&gt;–Escúchame, enano. En el recreo tienes que acompañarme y estornudar. Te voy a dejar escondido en la dirección. Cuando vuelvas a ser normal, te robas el examen de matemáticas de sexto y me lo traes. Y cuidadito y le dices a alguien, porque te va a ir mal.&lt;br /&gt;Roberto salió corriendo asustado.&lt;br /&gt;En el salón de clases, Roberto trataba de concentrarse para resolver su examen de Español, pero no dejaba de recordar la amenaza de aquel niño. No sabía si decirle o no a la directora lo que le habían ordenado. Como pudo, terminó la prueba y la entregó a la maestra (una nueva; la que tenía antes nunca regresó).&lt;br /&gt;–Gracias. Ve al patio con los demás –y agregó–: pero antes ponte un suéter.&lt;br /&gt;–¿Cuántas contestaste? ¿Sí pasas o truenas? ¿Cuál era la respuesta de la tres? –eran algunas de las frases que emitían sus compañeros. Cuando vieron llegar a Roberto, optaron por alejarse. Roberto alcanzó a escuchar que uno de ellos dijo:&lt;br /&gt;–Vámonos, a lo mejor es contagioso.&lt;br /&gt;Antes de que Roberto pudiera argumentar algo a su favor, se escucharon varios gritos y un fuerte portazo. Dos hombres entraron corriendo a la escuela:&lt;br /&gt;–¡Esto es un asalto! ¡Llévennos a donde guardan el dinero!&lt;br /&gt;Una maestra trató de intervenir:&lt;br /&gt;–¡No le hagan nada a los niños!&lt;br /&gt;–¡Cállese y llévenos a donde guardan el dinero!&lt;br /&gt;–Tlacuache, mejor apurémonos, no vaya a venir una patrulla –dijo uno de los ladrones.&lt;br /&gt;–No nos van a hacer nada aquí. No creo que quieran dañar a una de estas inocentes criaturitas –respondió, burlón, el otro asaltante.&lt;br /&gt;–A ver, niño, ¿dónde está la dirección? –le preguntaron a Roberto.&lt;br /&gt;Roberto no sabía ni qué contestar; estaba tan asustado como todos los demás. De los nervios, comenzó a estornudar en varias ocasiones, y con cada estornudo cambiaba de forma. Pasó de ser niño a barril de desechos tóxicos, a piano de cola, a coche a control remoto, a bufanda, a poste de luz, a libro de cuentos, a jarra de café…&lt;br /&gt;–Ay, mamacita –exclamó uno de los ladrones–. Esta escuela está embrujada.&lt;br /&gt;Roberto seguía estornudando. Ahora era figura de cera, bicicleta, casco de astronauta, máscara de luchador…&lt;br /&gt;–Vámonos, Tlacuache. Esto es cosa del diablo.&lt;br /&gt;Pero el Tlacuache se había desmayado.&lt;br /&gt;Roberto seguía con sus transformaciones: oso disecado, rifle de diábolos, goma de borrar, cámara fotográfica…&lt;br /&gt;El conserje de la escuela aprovechó la confusión para llamar a una patrulla que pasaba en ese momento por ahí. A los policías no les costó trabajo arrestar a los dos ladrones. Una maestra, mientras tanto, se llevó a Roberto para que nadie más viera sus transformaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Su hijo es un héroe –exclamó la directora–. No quiero imaginar qué habría sucedido si no hubiera sido por su habilidad.&lt;br /&gt;Sus papás aún no podían creer lo que les acababa de relatar la directora, pero estaban orgullosos de Roberto.&lt;br /&gt;–¿Entonces puede seguir en esta escuela? –preguntó su mamá.&lt;br /&gt;–Sí. Y de mi cuenta corre que nadie mencione nada acerca de Roberto y su talento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semanas después, Roberto y sus papás se fueron de vacaciones con unos familiares que vivían en Campeche. Ahí el niño supo que sus parientes también se convertían en varias cosas y personas. Todas las noches hacían fiestas muy divertidas en las que organizaban concursos a la mejor transformación.&lt;br /&gt;Cuando regresó a clases, para el siguiente curso, ya nadie lo trató como a un ser extraño. Sus transformaciones siguieron cada que estornudaba, pero pronto se acostumbraron y se limitaban a decirle salud; cuando recuperaba su forma humana le prestaban los apuntes para que se pusiera al corriente en las clases. Tal como lo prometió la directora, todos guardaron el secreto.&lt;br /&gt;En su casa las cosas volvieron a la normalidad. No sabemos si Roberto y su familia dejaron de transformarse, pero al menos ya no se preocupaban tanto por el qué dirán. Claro que los papás de Roberto no dejaban de tener cuidado para evitar que su hijo se resfriara, y de vez en cuando sus vecinos escuchaban discusiones como ésta:&lt;br /&gt;–¡Manuel, Roberto volvió a estornudar!&lt;br /&gt;–¿Otra vez? Te dije que lo abrigaras bien.&lt;br /&gt;–No es mi culpa. Tú le diste permiso de comer helado de postre.&lt;br /&gt;–Pero tú dejaste la ventana abierta.&lt;br /&gt;–¿Y qué querías? ¿Que nos asáramos? Estamos a más de treinta grados. Además, a ti se te olvidó ponerle un suéter.&lt;br /&gt;–Porque tú no los has lavado. ¿O quieres que nuestro hijo ande con la ropa cochina?*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Nota de los papás de Roberto: Reprobamos categóricamente el que uno de nuestros vecinos se tomara el atrevimiento de contar la historia de nuestro hijo. Es una falta de respeto a su privacidad.&lt;br /&gt;Nota de Roberto: Voy a salir en un libro, ¡qué chido!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-9107625227043117301?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/9107625227043117301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=9107625227043117301' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/9107625227043117301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/9107625227043117301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2010/11/todo-se-lo-debo-mis-padres.html' title='Todo se lo debo a mis padres'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-4741432829088534034</id><published>2009-12-08T09:55:00.000-08:00</published><updated>2009-12-08T11:33:44.484-08:00</updated><title type='text'>Y siguen los comerciales (nuevo libro publicado)</title><content type='html'>Y regresamos con un mensaje de nuestros patrocinadores:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Siga los tres movimientos de Fab..."&lt;br /&gt;Bueno, ese comercial tampoco lo pongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues ahora estoy con un nuevo anuncio: hace unos meses la ADABI de México, dirigida por la doctora Stella González Cicero, le hizo a mi padre una invitación a través de Salvador González Vilchis (buen amigo de la familia y compañero de cantinas) para un proyecto editorial en el cual el beisbol estaba involucrado.&lt;br /&gt;Mi padre decidió invitarme a colaborar en este proyecto, y como generalmente nunca sé decir que no, pues le entré como bateador emergente. Además, el tema es una de mis grandes pasiones (aunque las bajas pasiones también son muy divertidas).&lt;br /&gt;Así que ahora presento en sociedad cibernética &lt;em&gt;México y el beisbol&lt;/em&gt;, escrito por Eduardo Mejía y Diego Mejía Eguiluz, publicado por ADABI de México.&lt;br /&gt;El libro ya hizo su debut en la FIL Guadalajara, y aunque suene un poco presumido, tuvo una buena recepción entre el público asistente.&lt;br /&gt;Para todos los seguidores de mis chistes (anónimos en su mayoría), lamento decirles que el tono en que está escrito es otro; sin embargo, de ninguna manera es tedioso.&lt;br /&gt;Tal vez a quienes me conozcan no les sorprenda la temática del libro, puesto que además de ser una pasión que comparto con mi padre, es uno de los pocos temas de conversación que tengo. XD&lt;br /&gt;Un agradecimiento a la gente de ADABI que me soportó y me trató de maravilla en mis constantes vueltas a su stand en Guadalajara (las paletas estaban muy ricas y soy muy goloso): la doctora Stella González, su hija Stella Garibay, el maestro Garibay, Alejandra, Miguel, Lilia (hubo tres personas más los primeros días, pero por bestia no les pregunté su nombre :S).&lt;br /&gt;También quiero hacer un agradecimiento a la doctora Stella González y a Salvador, por haber confiado en el dueto Mejía para este libro, y por todas sus gestiones para que el libro ahora vea la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un agradecimiento aún más especial a mi padre, por permitirme ser parte de este libro que ahora da pie a que actualice una vez más este blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para los más ansiosos, aquí está la portada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/Sx6V0Ov44sI/AAAAAAAAABk/Zcnbaw2alY8/s1600-h/MÃ©xico+y+el+beisbol.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412928526690607810" style="WIDTH: 296px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/Sx6V0Ov44sI/AAAAAAAAABk/Zcnbaw2alY8/s400/M%C3%A9xico+y+el+beisbol.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-4741432829088534034?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/4741432829088534034/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=4741432829088534034' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4741432829088534034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4741432829088534034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2009/12/y-siguen-los-comerciales-nuevo-libro.html' title='Y siguen los comerciales (nuevo libro publicado)'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/Sx6V0Ov44sI/AAAAAAAAABk/Zcnbaw2alY8/s72-c/M%C3%A9xico+y+el+beisbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-8393230944406177334</id><published>2009-11-03T10:48:00.001-08:00</published><updated>2009-11-03T15:55:13.785-08:00</updated><title type='text'>Estoy de regreso (y ahora unos comerciales de nuestros patrocinadores)</title><content type='html'>Casi un año después de la última vez que publiqué algo aquí, este blog ha sido desempolvado.&lt;br /&gt;Ahora no voy a publicar ningún cuento en este espacio (no se preocupen, tampoco voy a poner chistes), sino un pequeño comercial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Burbujitas, burbujitas, de la sal de uvas..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está bien, ese comercial no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Estaban los tomatitos..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, ése tampoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces pongo este comercial. Les presento el primer libro que publica un servidor y que no es edición de autor. A lo mejor alguno de ustedes recordará el texto (o por lo menos el título), pues el debut de este cuento fue precisamente en este blog.&lt;br /&gt;Lamento informarles que esa entrada ya no está disponible. Los comentarios se quedaron, pero el contenido lo edité. La editorial se hubiera molestado un poco si se daban cuenta de que mi propia página saboteaba la edición. Sin embargo, aquí pueden ver la portada para que conozcan qué pinta tiene la obra. El libro sale bajo el sello de Porrúa infantil, en su colección Gusano de Luz.&lt;br /&gt;Agradezco a Íker Vicente, quien realizó las excelentes ilustraciones (mejor elección no pudieron hacer) y a Claudia Tapia, encargada del cuidado de la edición, no sólo por la dedicación con la que se encargó de la obra; sobre todo porque confió en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB9ClOBfQI/AAAAAAAAABc/j5EON4pOQd8/s1600-h/Portada+patolÃ³gica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399953436521364738" style="WIDTH: 252px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB9ClOBfQI/AAAAAAAAABc/j5EON4pOQd8/s400/Portada+patol%C3%B3gica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-8393230944406177334?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/8393230944406177334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=8393230944406177334' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/8393230944406177334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/8393230944406177334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2009/11/estoy-de-regreso-y-ahora-unos.html' title='Estoy de regreso (y ahora unos comerciales de nuestros patrocinadores)'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB9ClOBfQI/AAAAAAAAABc/j5EON4pOQd8/s72-c/Portada+patol%C3%B3gica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-7573743824636969697</id><published>2009-02-08T21:36:00.000-08:00</published><updated>2009-02-08T21:42:23.206-08:00</updated><title type='text'>Querido diario</title><content type='html'>&lt;strong&gt;¿Me creerían si les dijera que no me acordaba de que tenía un blog? Bueno, ¿me creerían si les dijera que mis múltiples novias no me dejaban tiempo para escribir? ¿Y si les dijera que me había dado flojera actualizar esta cosa? El caso es que ya por fin me digné a actualizar esta cosa. Ahora la quiniela es para ver cuánto tiempo pasará antes de que vuelva a actualizarlo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Este texto lo escribí hace once años, lo reescribí hace diez años, y lo volví a reescribir en 2005, para llegar a su versión definitiva. Espero lo disfruten en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 DE OCTUBRE (ANTES DEL MEDIODÍA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido diario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era niño mi sueño era ser beisbolista profesional: quería formar parte de algún equipo y convertirme en su short stop titular. Mi familia siempre me apoyó y, cuando cumplí cinco años, me inscribió en una liga. Poco a poco aprendí los secretos del juego y me convertí en uno de los jugadores más destacados; hasta que un día fui firmado por un equipo de Ligas Mayores. Tenía dieciséis años y comenzaba a realizar mis sueños. Desde entonces me volví muy supersticioso: si un día despertaba muy temprano y tenía un buen desempeño en el partido, continuaba levantándome a esa hora hasta que ya no jugara bien; entonces modificaba mis hábitos hasta que tuviera otra actuación destacada.&lt;br /&gt;Lamentablemente abandoné mis sueños por culpa de una lesión, y no me quedó otra opción que continuar estudiando hasta graduarme en la universidad. Aún así conservé mis manías. Incluso ahora, que soy gerente de ventas de una importante transnacional, tengo mis rutinas para la buena suerte.&lt;br /&gt;Pero eso se acabó hoy. Quiero que conste que hoy me convencí de que mi buena fortuna no se debe a mis supersticiones, sino a la dedicación que pongo en todo lo que hago. Por eso decidí levantarme a las siete en vez de a las cuatro de la mañana; dejar que mi esposa se bañara antes que yo; desayunar; ponerme primero el zapato derecho en vez del izquierdo. También salí de casa por la puerta principal y no por la entrada de servicio; y no utilicé mi automóvil, sino que caminé al metro y fui a ver a mi doctor después de dos años de tenerlo abandonado.&lt;br /&gt;Tras hacerme un chequeo general, el médico diagnosticó que me queda una semana de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 DE OCTUBRE (DESPUÉS DEL MEDIODÍA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido diario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente pensarás que ya me llevó el carajo, que me desesperé y perdí la compostura; que me puse a llorar como un niño. Y estás en lo cierto.&lt;br /&gt;El doctor opina que soy un caso único en la historia de la medicina: no tengo SIDA, ni ninguna enfermedad venérea; si quiero, puedo pasar mi última semana con mi esposa en la cama sin peligro de contagiarla. Tampoco es algo del hígado, así que emborracharme hasta decir basta es una opción de cómo aprovechar mi tiempo; ni pulmonar, por lo tanto no hay problema si fumo todo lo que desee. Para no aturdirte te diré que, haga lo que haga, no corro el riesgo de empeorar mi salud y recortar mis últimos días de siete a dos o tres.&lt;br /&gt;Ahora mi mente se dedica a pensar cómo demonios voy a aprovechar este tiempo. Carajo, ojalá y mi esposa no roncara tanto. Si sigue así no voy a poder descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por más que lo intenté no pude. Traté con todas mis fuerzas y no lo logré; mi esposa está desconcertada: no sabe por qué quiero renunciar a mi trabajo ni la razón por la cual no me atreví a hacerlo –cuando se me ocurre algo lo hago de inmediato–. Por lo menos ya estoy dejando todo en orden para que mi reemplazo no tenga tantos problemas en adaptarse al puesto.&lt;br /&gt;La sensación de angustia está acabándome. No disfruto nada de lo que hago. Sólo cuando fui a ver a mi hermana pude reír un rato.&lt;br /&gt;Ella desea tener un hijo y todos los días lo intenta. Hoy fue a la farmacia y compró dos pruebas de embarazo. Acababa de hacerse la prueba cuando llegué. Mi visita le cayó de sorpresa pero le agradó y me pidió que me quedara a cenar. Pasé al baño para lavarme las manos; antes de cerrar la puerta, me advirtió:&lt;br /&gt;–Cuidado con mi prueba de embarazo.&lt;br /&gt;Por supuesto no le hice caso y tomé la prueba para ver cómo era, pero como no sequé bien mis manos el tubito se me cayó en la taza del baño. Angustiado, tomé la otra prueba, leí las instrucciones y, tras ver que sólo requería de una gota de orina y cerrar el tubo, la hice. Salí del baño y me senté en el comedor como si no pasara nada.&lt;br /&gt;–Dame un segundo, voy a revisar el tubito –dijo antes de servir la cena y se dirigió al baño. Me asusté. Unos minutos después salió gritando:&lt;br /&gt;–¡Salió azul, salió azul! ¡Voy a ser mamá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como siempre he sido muy ordenado, elaboré una lista de las cosas que quiero hacer en estos últimos días. Fueron varios borradores. La revisaba y la volvía a hacer. Ésta es la definitiva:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- RENUNCIAR A MI TRABAJO DEJANDO TODO EN ORDEN PARA QUIEN ME SUSTITUYA.&lt;br /&gt;2.- ACOSTARME CUANTAS VECES PUEDA CON MI ESPOSA.&lt;br /&gt;3.- ESCRIBIR MI ÚLTIMA VOLUNTAD Y TESTAMENTO.&lt;br /&gt;4.- PASAR EL MAYOR TIEMPO POSIBLE CON MI FAMILIA Y AMIGOS.&lt;br /&gt;5.- DEDICAR UN DÍA ENTERO PARA MÍ SOLO.&lt;br /&gt;6.- JUGAR UN ÚLTIMO PARTIDO DE BEISBOL.&lt;br /&gt;7.- FIESTA DE DESPEDIDA.&lt;br /&gt;8.- HACER TODAS LAS LOCURAS QUE DE JOVEN NO ME ATREVÍ.&lt;br /&gt;9.- DISEÑAR MI TUMBA Y ELEGIR UN EPITAFIO.&lt;br /&gt;10.- HISTERIZARME.&lt;br /&gt;11.- MORIR.&lt;br /&gt;12.- SER VELADO.&lt;br /&gt;13.- SER ENTERRADO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy volví a revisar mi lista de pendientes y sigo satisfecho con ella. Lo malo es que me he dado cuenta de que ya estamos a 4 de octubre y aún no he hecho nada. Voy a perder toda la noche eliminando algunos propósitos. Tampoco hoy voy a poder dormir.&lt;br /&gt;Lo que sí es seguro es que no le voy a decir a mi mujer que dentro de muy poco va a adquirir un nuevo estado civil. No quiero angustiarla ni que calcule cuánto dinero recibirá cuando cobre mi seguro de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renuncié a mi empleo. No sé cómo le hice, pero me atreví. De sobra está decir que mi esposa se desconcertó al verme en casa antes del mediodía, pero me creyó cuando le dije que había pedido la semana a cuenta de vacaciones, y estuvo de acuerdo en que pasáramos el resto de la tarde en la recámara. A las ocho de la noche nos levantamos y fuimos a cenar a un restaurante de lujo.&lt;br /&gt;–¿Puedo pedir cualquier cosa? –quiso saber ella.&lt;br /&gt;–Lo que sea.&lt;br /&gt;La cena fue deliciosa. Nunca creí que mi mujer fuera tan glotona: probó casi todos los platillos del menú (sé que exagero, pero la cuenta resultó muy elevada; si no estuviera moribundo, la cuenta sí me hubiera matado). Después fuimos a bailar a una discoteca. A las tres de la mañana regresamos a casa. Dormimos abrazados el resto de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cura terminó la misa. Mi esposa llora frente al féretro; mis familiares intentan consolarla. Mi hermana ve mi cadáver y lo único que dice es: “Híjole, mano, te vistieron como yuppie”. El velorio fue muy concurrido: fue gente de mi trabajo, mis amigos y mis ex compañeros del equipo de beisbol, quienes después de la ceremonia cenarán juntos para celebrar que vuelven a verse después de veinte años. El dueño de la funeraria anuncia que ya es hora de llevarme al cementerio.&lt;br /&gt;Por primera vez en mucho tiempo llegué tarde a un sitio: nos tocó una manifestación, y además el chofer manejaba muy lento –con lo que odio la impuntualidad–; sin embargo, todos me esperaron. El foso ya está listo para recibirme, el enterrador depositó varios gusanos en él para asegurarse de que mis restos serán devorados correctamente. El ataúd es llevado por unas hormigas que contrató mi mujer. Cuando éstas me dejen bajo tierra, saldrán a toda prisa rumbo al aeropuerto para tomar un avión que las lleve a Washington, donde se reunirán con otras hormigas que planean invadir la Casa Blanca para apoderarse del mundo.&lt;br /&gt;El enterrador comienza a llenar el foso; dentro del féretro escucho claramente cómo la tierra golpea la tapa. Lo único que lamento es que mi hermana tiene razón al mofarse del traje que llevo puesto. Si llené bien mi solicitud y es aceptada, apenas acabe el curso en la escuela de fantasmas, iré a jalarle las patas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MADRUGADA DEL 6 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá y no haya hablado dormido, porque si lo hice estoy en grandes problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy este día fue sólo para mí pues mi mujer fue a visitar a sus padres, y como éstos me odian me pidió que no la acompañara.&lt;br /&gt;Desperté temprano para llamar por teléfono a mis amigos pues quería verlos en la noche para despedirme. La mitad dijo que no porque deben ir a trabajar mañana (para qué se me ocurre morir entre semana), la mitad de la mitad restante cambió su domicilio y no tengo modo de localizarlos; estoy seguro de que el resto no quiso contestar mi llamada.&lt;br /&gt;Volví a revisar mi lista. Como lo único que he hecho es acostarme con mi esposa, borré la idea de hacer una fiesta de despedida, así como la de jugar un último partido. Opté por salir un rato a la calle.&lt;br /&gt;El primer lugar que visité fue una funeraria, en donde escogí un ataúd, mandé hacer la lápida y reservé un lugar en el cementerio. Lo único que no conseguí fue que colocaran resortes dentro del sarcófago para que salten violentamente cuando abran la tapa en la misa; tendré que conformarme con un velorio común y corriente. Después me dirigí a una notaría para hacer mi testamento.&lt;br /&gt;A mediodía pasé a la oficina para saludar a mis ex compañeros. En vez de recibir muestras de cariño, todos me reclamaron por mi renuncia pues han tenido muchos problemas para terminar lo que dejé pendiente.&lt;br /&gt;El resto de la tarde estuve dando vueltas en un parque cercano a la casa donde nací. Ahí vi a varios niños pasear con sus padres, ancianos que salían acompañados de enfermeras, parejas besándose y alguno que otro tipo haciendo ejercicio. Aunque traté de no entristecerme, mientras estuve ahí mis pensamientos no eran precisamente alegres. Lamenté no haber tenido hijos, me sentí mal porque sé que nunca caminaré con la ayuda de una enfermera que finja poner atención a lo que digo, y recordé cuando era un adolescente que trataba de besar a sus acompañantes. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un balonazo que me dio un niño; lo peor de todo fue que ni siquiera pude reprenderlo porque su papá era mucho más alto y fuerte que yo.&lt;br /&gt;Antes de ir a casa pasé al bar por un último trago. Ahí estuve tres horas. Al llegar a casa sólo la luz de la entrada estaba encendida. Mi esposa dejó un recado en la puerta para disculparse porque no pudo esperarme despierta. Traté de llegar a la recámara de manera silenciosa. Antes de meterme a la cama le di un beso en la mejilla. Ella sólo gimió y siguió dormida.&lt;br /&gt;¡CARAJO! No quiero irme... No ahora... No quiero que los que vayan al velorio se dediquen a contar chistes dizque para aliviar la tensión... Ojalá y sí vayan mis amigos y familiares al entierro, pero no porque quieran asegurarse de mi deceso sino porque en verdad desean despedirse de mí... Es definitivo, el ataúd va a permanecer cerrado; de ninguna manera voy a permitir que me vean y digan que me dejaron como yuppie... No quiero que sean hormigas las que carguen el féretro... Todavía no quiero irme... No importa que no haya vivido muchas cosas, tengo derecho a quedarme... Al menos ahora sí voy a librarme de pagar impuestos... Si existe la reencarnación quiero regresar en forma de caballo... Debí haber gozado más de los años que me tocaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7 DE OCTUBRE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté a las seis de la mañana. Fui a la cocina para desayunar y luego me dirigí al estudio. Me quedé viendo mis libreros. No pretendía leer nada puesto que ya terminé la mayoría de esos libros y de ninguna manera voy a iniciar uno que sé que no voy a acabar. Lo que sí hice fue tomar la lista de propósitos y quemarla (lo malo fue que con el humo se activó la alarma de incendios y mi mujer salió corriendo en busca de ayuda). Esto de planificar es una tontería. Lo único que he hecho es obsesionarme por pasarla bien. Lo mejor será improvisar.&lt;br /&gt;Al momento de escribir esto son las nueve de la mañana.&lt;br /&gt;Hoy es el último día de mi vida y quiero aprovecharlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mi amor, ya no vayas a quemar nada. Por favor.&lt;br /&gt;–No te preocupes. Vuelve a dormirte.&lt;br /&gt;–No puedo. Tengo algo que decirte: estoy embarazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mejía Eguiluz, Diego, &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt;, México, Ostraco, 2005.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-7573743824636969697?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/7573743824636969697/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=7573743824636969697' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7573743824636969697'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7573743824636969697'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2009/02/querido-diario.html' title='Querido diario'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-5523896725196478204</id><published>2008-08-13T20:52:00.000-07:00</published><updated>2008-08-13T21:16:39.991-07:00</updated><title type='text'>Biografía sobre un perdedor</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Aunque un poco empolvado, el blog sigue vigente y con ganas de darle lata a quien se deje. Ahora se renueva con un texto escrito hace un chingo de tiempo pero que aún me gusta. Espero lo disfruten en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me enteré de cómo fue la muerte de Germán, no supe si sentir lástima, entristecerme o simplemente reír. Me decidí por la última opción.&lt;br /&gt;Sé que no es correcto burlarse de algo tan serio como el deceso de un ser humano, pero si ustedes hubieran conocido a Germán como yo, no serían tan severos para juzgarme. Es por eso que en estas líneas pretendo rendir homenaje al gran hombre y amigo que fue Germán Estrada, y de paso reivindicarme con ustedes, estimados lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA GENERACIÓN A LA QUE PERTENECIÓ GERMÁN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La era de la máquina fue un periodo en el que nacieron más genios que en ningún otro. Entre los grandes hallazgos que vieron la luz en esta era destacan la cura para el insomnio mediante el uso de la hipnosis, y el cuadro parlante (este invento de mucha mayor importancia que el primero porque la gente ahora sí puede entender lo que en verdad quiso decir el pintor).&lt;br /&gt;El lema que resumió a la perfección los ideales de esta generación fue “Viva el amor y burlémonos de quienes no tienen pareja”. Por eso Germán Estrada siempre negó categóricamente pertenecer a ésta (pero no por eso la gente dejó de burlarse de él).&lt;br /&gt;Tal vez por ser un eterno solitario, Germán desarrolló el gran talento que hizo que fuera catalogado como uno de los pilares de la cultura en este milenio, pues como nunca tenía con quién salir los fines de semana, trabajaba arduamente desarrollando sus maravillosas teorías. Pero yo puedo dar fe de que Germán hubiera dado toda su fama, talento y fortuna con tal de no estar solo. Y eso fue precisamente lo que lo llevó a la tumba.&lt;br /&gt;Físicamente, Germán no era una persona agraciada, por el contrario, era un auténtico esqueleto maquillado (de haber sido mujer hubiera conseguido trabajo como supermodelo). Su cara siempre se vio adornada por la barba y el bigote porque, según decía él, “todo lo que tapa ayuda”.&lt;br /&gt;Un día, decidido a mejorar su aspecto, se inscribió en un gimnasio para levantar pesas. Al primer movimiento, el tonelaje de la pesa lo venció y cayó de espaldas, con tan mala fortuna que su cráneo se golpeó en la orilla de uno de los aparatos, causándole la muerte instantáneamente. Y quien dude de mis palabras que se ponga en contacto conmigo, Con gusto le mostraré la cinta que la cámara de seguridad del gimnasio tenía ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SUS PRIMEROS AÑOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germán Estrada nació un doce de diciembre. Desde muy joven desarrolló un gran interés por los dulces y su relación con el comportamiento del ser humano.&lt;br /&gt;Sin embargo, su familia era muy pobre y no siempre tenía dinero suficiente para que él llevara a cabo sus experimentos. De esta situación surgió su primera gran frase: “Cuando el hombre no tiene dulces, no puede ser feliz”.&lt;br /&gt;Como es común en casi todos los niños, cuando Germán estaba triste o sentía dolor por algún golpe, lloraba; y fue precisamente por esos berrinches que su familia salió de la pobreza. Esto se debió a que su llanto era tan agudo que sólo los perros lo oían, por lo que su mamá lo alquilaba a varios consultorios veterinarios, donde lo hacían llorar para inmovilizar a los canes que atendían y así poderlos vacunar. Años después, Germán admitió que eso era mucho mejor que pasar toda la noche con cinta adhesiva en la boca.&lt;br /&gt;Al ingresar a la primaria, Germán destacó por dos razones: su gran facilidad para sacar excelentes calificaciones y porque todos sus compañeros lo agarraban de barco (y a veces de sparring). Como suele suceder en la mayoría de estos casos, el director de la escuela castigaba a Germán en lugar de a sus agresores.&lt;br /&gt;Contrario a lo que Germán pensaba, sus compañeros de la primaria aún lo recuerdan. Para completar mi investigación, me di a la tarea de localizar y entrevistar a sus compañeros de la primaria. De todos los testimonios que logré reunir, el más significativo es el de Álvaro M.:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que recuerdo a Germán. En toda mi vida nunca he conocido a nadie que resistiera tantos golpes como él, y además era un valiente que nunca me acusó con el director. Por eso siempre recurría a él para dar rienda suelta a mis instintos violentos. Puede decirse que gracias a Germán no tengo ningún trauma y ahora soy un hombre pacífico, amoroso y feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos seis años que duró su educación primaria, y a pesar de que en su mente ya se empezaban a fraguar algunas ideas, Germán no desarrolló ninguna teoría referente a los dulces. Después de todo, era un niño que no comprendía del todo el impacto que causarían sus descubrimientos en el futuro.&lt;br /&gt;Al finalizar su educación primaria, Germán fue elegido como el mejor alumno de su generación. Sus padres decidieron recompensarlo y le permitieron pasar las vacaciones en casa de sus abuelos maternos.&lt;br /&gt;Sin embargo, dos días antes de mudarse con ellos, su hermano mayor murió en un accidente automovilístico. Años después, Germán confesaría que este hecho fue lo que lo motivo a trabajar en sus teorías a tan temprana edad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano tenía un gran talento pero era muy flojo y nunca realizó nada. Cuando murió, mi madre dijo que si él no hubiera holgazaneado tanto, el mundo le rendiría homenaje a su inteligencia, pero como nunca fue emprendedor, sólo nosotros nos acordaríamos de él. Esas palabras fueron como un balde de agua fría. Yo no quería que mi madre opinara lo mismo de mí en caso de que muriera antes que ella. Por eso, en lugar de pasar las vacaciones escolares con mis abuelos, me encerré en mi cuarto para trabajar en mis ideas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la secundaria, Germán se hizo el firme propósito de no ser otra vez la burla de la escuela, y más ahora que se empeñaba en demostrar que sus teorías lo llevarían a algún lado. Por eso, los siguientes tres años de su vida estudiantil los hizo en la escuela abierta.&lt;br /&gt;Al principio sus padres no vieron con buenos ojos su decisión, pero cuando Germán les explicó sus motivos, decidieron apoyarlo y contrataron una institutriz.&lt;br /&gt;Aunque localicé a la mujer que asesoró a Germán en esos tres años, no pude hablar con ella. Los médicos que la atendían dijeron que era imposible que me diera una entrevista porque los pacientes en estado de coma no pueden hablar. Lo único que pude rescatar de este periodo fue que en esos años descubrió que los dulces en polvo provocaban hilaridad en las personas, y como solía experimentar con él mismo, no quería que nadie fuera de su familia pensara que se estaba convirtiendo en una hiena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GERMÁN ADOLESCENTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Germán finalizó la secundaria abierta con un excelente promedio y ya había desarrollado, e incluso puesto en práctica, varias de sus teorías, sus padres pensaron que era una pérdida de tiempo y dinero tenerlo todo el día en casa. Por esta razón se vio obligado a asistir a la preparatoria en vez de cursarla en el sistema abierto.&lt;br /&gt;Con quince años de edad y un montón de ideas que hacía que uno adivinara su gran potencial, Germán sufrió mucho para adaptarse a su nueva escuela. Y es que en su camino se topó con algo completamente inesperado: las mujeres.&lt;br /&gt;A pesar de su gran inteligencia, Germán era en esencia un ser humano, y como tal, tenía que pasar por el periodo de tortura llamado “pubertad”.&lt;br /&gt;Como era de suponerse, su timidez provocó que tuviera bastantes problemas. En más de una ocasión sintió enamorarse de alguna de sus compañeras, pero como se trataba de algo nuevo para él, no se atrevió a hablarles.&lt;br /&gt;Un día se encontraba en la cafetería de su escuela platicando con tres de sus compañeros acerca de un trabajo que tenían que entregar. Casi al mismo tiempo, los jóvenes notaron que cuatro muchachas los estaban mirando, y no sólo eso, también les aventaban besos. Los chicos adoptaron diversas poses para imitar a los galanes cinematográficos de la época y, además de verse completamente ridículos, les regresaban los besos a las jovencitas. Tres de las cuatro niñas se acercaron hacia ellos y se llevaron a los compañeros de Germán a una mesa aparte para entablar conversación.&lt;br /&gt;Por un momento Germán pensó que la suerte le sonreía, ¡la niña más bonita de ese grupo se había quedado y aventaba besos hacia donde estaba él! Pero cuando ésta se acercó (y mientras Germán seguía comportándose como galán de película de ficheras), en vez de detenerse a platicar con él, la niña se siguió de largo hasta llegar con una compañera de clase y decirle: “¿Dónde has estado toda mi vida?” Más que desilusionado, Germán se sintió confundido.&lt;br /&gt;Una de las actividades que casi todos los estudiantes realizan son las encuestas para determinar quiénes son los más guapos del salón, y el grupo de Germán no fue la excepción. Los resultados de éstas siempre lo pusieron en último lugar. De hecho, sólo en una resultó triunfador: el peor vestido de la clase, aunque sus compañeras justificaron esta decisión argumentando que no era porque él se vistiera mal, sino que su cuerpo no combinaba con nada.&lt;br /&gt;Como no logró ser popular entre las mujeres, Germán decidió olvidarse de sus instintos y dedicarse exclusivamente a sus teorías. Si bien este periodo de su vida no fue fructífero en el aspecto social, en el intelectual logró varios avances, siendo el más importante de ellos el descubrir que es mucho más seguro invertir en acciones de yogurt en lugar de las de crema ácida. De esta época data el libro que lo llevaría a la fama a la edad de diecisiete años: &lt;em&gt;La cotización del yogurt en las casas de bolsa y su relación con el erotismo&lt;/em&gt;, publicado por Ediciones Muñoz Munguía.&lt;br /&gt;Años después, el director editorial de este sello admitió que en un principio no sabía si publicar el libro o no:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero pensé que era una broma, pues se trataba de un niño casi treinta años más joven que yo. Sin embargo, la seguridad con la que se comportaba y el entusiasmo con el que hablaba de su libro me convencieron para que mandara a dictaminar su ensayo. El resultado de la evaluación no fue favorable pues el dictaminador era intolerante a la lactosa, pero decidí darle otra oportunidad y le mostré el texto a un amigo que era corredor de bolsa. Él fue quien me convenció de que ese muchacho era una mina de oro y me aconsejó publicar el libro inmediatamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era de suponerse, las críticas a su libro no se hicieron esperar. Casi todos los estudiosos de la materia encontraban absurdo que el factor que determinaba que el yogurt se cotizara mejor que cualquier lácteo era la fecha de caducidad del producto. Sin embargo, el libro fue rotundo éxito de ventas y muchos de los que siguieron sus consejos ahora viven sin ninguna preocupación económica.&lt;br /&gt;El éxito no repercutió en la personalidad de Germán, y continuó estudiando todos los días como si tuviera que presentar un examen muy difícil al día siguiente.&lt;br /&gt;Resulta irónico que el amor que Germán profesaba al estudio, y que fuera el factor por el cual ganó el Premio al Nerd Más Valioso, le diera una gran popularidad con las mujeres de su escuela. A raíz de la publicación de &lt;em&gt;La cotización...&lt;/em&gt;, todas las niñas le pedían que les soplara las respuestas de los exámenes o les hiciera la tarea.&lt;br /&gt;Tras graduarse de la preparatoria con honores, y después de reponerse del duro golpe que representó el que no lo invitaran a la fiesta de graduación, Germán tuvo que tomar la que después consideraría como la decisión más importante de su vida: rechazó el puesto de maestro que le ofrecieron en su escuela, así como también declinó la oferta de la casa de bolsa para desempeñarse como asesor financiero, para estudiar psicología, pues pretendía aplicar sus teorías dentro de esta rama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA NUEVA ETAPA EN LA VIDA DE GERMÁN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ingresar a la universidad, Germán se independizó de su familia. Las ventas que generaba su libro le daban para eso y más (además él también siguió los consejos financieros de su obra, por lo que sus ingresos se duplicaron).&lt;br /&gt;Su primer año en la facultad no fue muy significativo en su vida profesional. Aunque su incansable cerebro seguía ideando nuevas teorías que todos los días apuntaba en una libreta para no correr el riesgo de olvidarlas, Germán decidió no precipitarse y esperar a que fuera el momento adecuado para sacar un nuevo libro.&lt;br /&gt;En lo que a su vida privada se refiere, Germán vivió una de las mayores crisis existenciales que ningún ser podría haber padecido. Es en este periodo cuando él y yo nos conocimos.&lt;br /&gt;Por aquel entonces yo acababa de ingresar a la universidad para estudiar periodismo y casualmente el primer trabajo que me encargaron fue entrevistarlo. Debo confesar que esperaba encontrarme con una persona altanera que contestaría mis preguntas de muy mala gana, pero no fue así; para mi sorpresa me topé con un tipo que lo que tenía de inteligente lo tenía de agradable. No sólo me dio respuestas dignas de un genio, sino que contestó con tal claridad que no era necesario ser un experto en la materia para comprender lo que decía.&lt;br /&gt;Al despedirnos me solicitó le enviara después una copia del trabajo. Cuando lo leyó se sintió muy satisfecho y, medio en broma medio en serio, insinuó que algún día me contrataría para escribir su biografía.&lt;br /&gt;Al principio no creí que en verdad pensara encargarme que escribiera su historia, pero poco a poco nuestros encuentros se volvieron más frecuentes, y en ellos me platicaba todo lo referente a su vida.&lt;br /&gt;Aunque se negara a admitirlo, Germán se sentía muy solo y hacía todo lo posible por conocer a la siempre mentada “mujer de su vida” (años después, en una borrachera, reconoció que ésa fue la principal razón por la que ingresó a la facultad). Como todas sus técnicas para combatir la soledad habían fallado, Germán decidió recurrir a los extremos: una orgía. Sin embargo, en el último minuto, prefirió no ir porque tenía miedo de que nadie se le acercara.&lt;br /&gt;Por este motivo optó por aplicar el plan B:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...yo había oído que la prostitución era un oficio que, bien ejercido, beneficiaba a ambas partes, así que decidí contratar a una profesional. El dinero no importaba, las regalías que percibía por mi libro me daban para eso y más, y en lo que al SIDA se refiere tampoco me preocupaba mucho: por aquellos días sostenía la teoría de que el chocolate blanco en exceso provocaba que el virus no se desarrollara y muriera. Por si las dudas, decidí tomar precauciones, y qué bueno que lo hice, porque dos días después descubrí que lo único que provoca el exceso de chocolate blanco es acné. Lamentablemente, mis previsiones fueron en vano. La prostituta que contraté resultó virgen y quería iniciarse en el negocio con alguien que valiera la pena, pero a modo de compensación me regaló un calendario de mariposas que estaba muy bonito.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Declaraciones tomadas de una entrevista en la revista&lt;/em&gt; El trauma y yo&lt;em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Para conocer ambas versiones de este hecho, localicé a la mujer que en aquella ocasión lo rechazó. Tras sacrificarme y contratar sus servicios para que me contara lo que recordaba de esa noche, esto fue lo que me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que no lo haya tomado muy a pecho, pero yo apenas tenía dieciséis años y estaba por iniciar mi vida laboral, por lo que quería hacerlo con alguien que valiera la pena. El calendario lo conseguí en una carnicería que está a la vuelta de mi casa, que es la suya. ¿Quiere uno?, aquí tengo varios, me los regalan en la compra de un kilo de molida popular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confundido por su mala suerte, Germán creyó encontrar a la mujer de sus sueños en un banco. No se trataba de alguna de las cajeras o de una de las clientes, de hecho no era una mujer de carne y hueso, sino la voz, muy sensual, debo admitirlo, de uno de los cajeros automáticos: “Bienvenido. Para iniciar, toque la pantalla”. Esa sola frase lo hacía suspirar.&lt;br /&gt;Decidido a conocer a la bella fémina que había prestado su voz a esa máquina, Germán comenzó a indagar la identidad de la dama. Tras dos meses de búsqueda en los que se hizo acreedor a varias carcajadas de la gente que conocía esta idea, Germán recibió la llamada de un tipo que aseguraba conocer a quien había originado esa voz y lo citaba en un estacionamiento público a las once de la noche para presentársela a cambio, claro, de una módica suma.&lt;br /&gt;Aunque estaba feliz porque conocería a la dama ideal –incluso pensó en llevarle una copia autografiada de su libro–, Germán tenía miedo por lo misterioso de la invitación y me pidió que lo acompañara. (Finalmente no fui porque esa noche ponían una película muy buena en la tele y me quedé en casa para grabarla.)&lt;br /&gt;Días después me contó lo que sucedió esa noche: a las once en punto se encontró con el enigmático personaje, le pagó la cantidad acordada y recibió aquella hermosa voz en un disquete –de los grandes, para colmo de males– que contenía el programa de sonidos mediante el cual crearon la voz de los cajeros automáticos.&lt;br /&gt;Tras esos días de frustración, sobre todo porque no tenía computadora para reproducir la voz en las noches, Germán decidió congelar nuevamente sus sentimientos y necesidades para retomar tanto sus investigaciones como sus estudios universitarios, y fue en la facultad donde por primera vez no sintió la presión de ser el mejor alumno de su grupo. Tiempo después entrevisté a Rubén G., compañero de Germán en la facultad, para que me explicara el porqué de esto, y de paso me dijera algo acerca de su comportamiento con sus compañeros de clase:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo mucho que decirle. Es más, ahora que usted me ha mostrado lo que ha investigado, he conocido muchos detalles de la vida de Germán que desconocía por completo. En lo que se refiere a su desempeño académico no hay nada que contar. Usted sabe que a nivel facultad ya no existen esas competencias absurdas sobre quién saca las mejores calificaciones; es más, a muchos de los profesores no les impresionó quién era Germán ni sus notas y lo trataban igual que a los demás.&lt;br /&gt;En cuanto a su personalidad es todavía menos lo que puedo comentarle. Él era un tipo enigmático del que sólo sabíamos que existía porque ocupaba una banca en el salón de clases, y de lo otro que usted me pregunta pues mucho menos le puedo informar. Afortunadamente en estos tiempos hay mucho más respeto a las personas sin importar su tendencia; en la universidad uno conoce a heterosexuales, homosexuales, e incluso bisexuales, pero con Germán no se sabía qué pensar. Por lo mismo que era muy reservado, nadie atinó a adivinar sus preferencias. Yo mismo llegué a creer que él era asexual. ¿Me deja ver lo que lleva escrito?, a lo mejor ahí dice algo que yo no sepa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco años después de haber ingresado a la universidad, Germán tuvo que presentar un examen general para graduarse en psicología. Y es que la única copia de su proyecto de tesis, titulado &lt;em&gt;Sin dulces la vida sería un error&lt;/em&gt;, se perdió cuando uno de los trabajadores de limpieza de la facultad lo incluyó accidentalmente en el paquete de hojas para reciclar. Tiempo después, Germán comentaría que lo consolaba el hecho de saber que sus ideas ahora formaban parte de los cuadernos ecológicos que se venden en las tiendas de autoservicio.&lt;br /&gt;Posteriormente, Germán publicó en la revista de psicología La neurona perdida una serie de artículos en los que daba a conocer nuevas teorías que demostraban de manera contundente lo esencial que resultan los caramelos en nuestra vida diaria, lo sabroso que es curarse una depresión con chocolates, y que las golosinas agridulces sólo deben ser consumidas por aquellos que han logrado un equilibrio emocional en sus vidas.&lt;br /&gt;Como complemento a esta serie de artículos, Germán dio a conocer una lista en la que incluía todos los dulces que existen en el mundo y el efecto que cada uno de ellos provoca en las personas (no la reproducimos por falta de espacio).&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, se dedicó a dar conferencias en diversas universidades, así como en congresos de psicología, e impartió un curso en el departamento de policía para instruir a las autoridades y así lograr que éstas incluyeran en la dieta de los reos los dulces adecuados para que los bandidos se reformaran totalmente.&lt;br /&gt;Como era de esperarse, la reaparición de Germán y sus teorías provocaron diversas reacciones entre el público y la crítica especializada. La mayoría de los comentarios eran elogios a su gran talento, pero también se hizo de la enemistad del doctor Norberto Quiñones, quien se dedicó en cuerpo y alma a investigar la vida de Germán para posteriormente publicar un artículo en el que manifestaba su desacuerdo con las teorías del dulce e incluso con el mismo Germán como individuo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...complejo de inferioridad, lo que este individuo ha desarrollado es producto de su enorme complejo de inferioridad. Estamos ante una persona que nunca se ha atrevido a nada. Su actitud ante la vida siempre ha sido derrotista. El miedo que tiene a la cinta adhesiva y a los veterinarios es prueba fiel de que no ha logrado superar los traumas de su infancia; por eso se ha refugiado en la investigación de los dulces.&lt;br /&gt;En cuanto a sus teorías, lo único que puedo decir es que son una muestra clara de la vanidad que todo el mundo tiene, y que en su caso es excesiva. No pongo en duda su inteligencia pues sería muy fácil desmentirme mostrándome las calificaciones que obtuvo en la escuela, pero su trabajo no es producto de su intelecto, más bien es el resultado del incontrolable deseo que tiene de ser admirado y respetado por los demás. Si usara propiamente el cerebro, no publicaría sus estudios sobre los dulces: abriría un establecimiento en el que se vendieran golosinas para toda ocasión.&lt;br /&gt;Otra prueba irrefutable de su vanidad es su insistencia, ¿gula, tal vez?, de experimentar consigo mismo. Todavía no entiendo cómo es que no le dio diabetes; vaya, ¡ni siquiera engordó!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Fragmento de un artículo publicado en la revista &lt;/em&gt;Ya no se acompleje&lt;em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Si bien fueron muchas las personas que salieron en defensa de Germán, la más significativa de las misivas que se publicaron en respuesta al ataque del doctor Quiñones es la que escribió el odontólogo Benjamín Domínguez, en donde además de demostrar que el doctor era un viejo amargado, la ironía empleada es considerada como uno de los grandes momentos en la historia de los pleitos en los periódicos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doctor Quiñones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con desagrado he leído el artículo en el que pretende demostrar que Germán Estrada es, según usted, un farsante que no merece respeto alguno.&lt;br /&gt;No voy a negar que me sentí muy molesto por las líneas que se atrevió a escribir (sólo alguien como usted, de quien dudo que en verdad sea humano, no reaccionaría igual que yo), pero después de mucho pensarlo y de desechar la idea de partirle la cara, he decidido que el mejor modo de rebatir sus débiles argumentos es por medio de una misiva.&lt;br /&gt;Tras analizar con detenimiento sus ataques infundados, he llegado a la raíz de sus evidentes celos hacia Germán Estrada (sí, doctor, también los dentistas podemos sacar conclusiones con respecto al comportamiento de los seres humanos, aunque cobremos por otras cosas). Me atrevo a afirmar que usted nunca ha probado un caramelo, que no ha experimentado el infinito placer que provoca el tener un dulce entre la lengua y el paladar y dejar que las glándulas salivales trabajen para que la golosina se disuelva en la boca de uno. ¿Y sabe por qué? Porque seguramente tiene miedo de dañar su dentadura y vérselas con un odontólogo. Pero no se preocupe, con mucho gusto yo lo atiendo y hasta le hago un descuento.&lt;br /&gt;Le recomiendo haga a un lado sus temores y coma dulces. Si no sabe por cuál empezar, le sugiero lea el excelente artículo en el que Germán Estrada publica la relación que existe entre los sabores de los dulces y los estados de ánimo del ser humano, con suerte hasta se le quita lo intolerante.&lt;br /&gt;Me despido de usted enviándole un cordial abrazo.&lt;br /&gt;Atentamente,&lt;br /&gt;Doctor Benjamín Domínguez.&lt;br /&gt;P.D.: Qué importa que Germán no se haya enfermado de diabetes, a quién le interesa que no engorde por todos los dulces que ha consumido, lo importante es que le salen caries y yo lo atiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un año después de su retorno, y tras pulir sus nuevos ensayos hasta llegar a una versión definitiva, Germán Estrada publicó en Ediciones Muñoz Munguía el libro que reafirmó su categoría de genio: &lt;em&gt;El declive del chocolate y el alza de la vainilla entre los niños&lt;/em&gt;. (Esta obra es ahora un texto obligado en las escuelas de pedagogía y gastronomía.)&lt;br /&gt;La respuesta de los medios y del público fue cien por ciento favorable (el doctor Quiñones había muerto seis meses antes al asfixiarse con un caramelo). En la presentación de &lt;em&gt;El declive...&lt;/em&gt;, y a pesar de que no se obsequiaron golosinas, se registró una gran asistencia. Germán respondió a todas las preguntas con gran facilidad de palabra y hasta prometió considerar la idea de escribir un nuevo estudio, ahora sobre la eterna rivalidad que existe entre los alimentos salados y los de sabor dulce.&lt;br /&gt;Como si fuera estrella de rock, Germán realizó giras promocionales tanto en el interior del país, como en Europa. En Francia apareció como chef invitado en los programas de cocina más famosos de la televisión.&lt;br /&gt;Mientras Germán cumplía con sus compromisos en el viejo continente, salió al mercado un libro titulado &lt;em&gt;Diabetes y caries. La biografía no autorizada de Germán Estrada&lt;/em&gt;, escrita por un periodista amarillista que entrevistó a sus familiares, compañeros de escuela y personas allegadas a él.&lt;br /&gt;La aparición de esta biografía suscitó un gran escándalo que curiosamente provocó que las ventas de sus libros alcanzaran cifras muy elevadas –incluso superaron el récord de setenta y dos meses en el primer lugar de ventas que logró &lt;em&gt;El diccionario de lo justo y lo correcto&lt;/em&gt;–. A pesar de eso, Germán prefería no ser un éxito comercial con tal de que la gente no se enterara de su vida privada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SUS ÚLTIMOS MESES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regreso del precursor de la repostería psicológica a su tierra natal provocó gran revuelo entre sus miles de admiradores, incluso fue recibido por el presidente de la república, quien lo comisionó para que supervisara la sección de repostería que se incluiría en la edición definitiva del &lt;em&gt;Recetario oficial del gobierno&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Por esos días salió a la venta un cómic titulado &lt;em&gt;Las aventuras del Capitán Rechazo&lt;/em&gt;. Esta historieta se caracterizó por ser la única colección de aventuras en donde el héroe nunca se quedaba con la muchacha porque ésta siempre se enamoraba de los villanos. La opinión pública inmediatamente identificó a Germán como el personaje central.&lt;br /&gt;Enfadado por la aparición de esta revista, Germán me encargó que la analizara detenidamente y le informara si se habían basado en su vida, y sobre todo en su biografía no autorizada.&lt;br /&gt;Tal vez no debí mostrarle los resultados de mi investigación pues éstos lo deprimieron. He aquí algunas de las similitudes entre ambos personajes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPITÁN RECHAZO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Nunca ha tenido novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Va dos veces al mes al dentista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Las mujeres que conoce nunca se enamoran de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- Su arma secreta es el jarabe de chocolate amargo paralizador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- Su verdadero nombre es Germán Estrada Robles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- Su rostro es idéntico al de Germán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GERMAN ESTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Nunca ha tenido novia.&lt;br /&gt;2.- Va dos veces al mes al dentista.&lt;br /&gt;3.- Las mujeres que conoce nunca se enamoran de él.&lt;br /&gt;4.- Sostiene que el chocolate amargo es la mejor arma para dominar a alguien.&lt;br /&gt;5.- Su verdadero nombre es Germán Estrada Robles.&lt;br /&gt;6.- Su rostro es idéntico al del Capitán Rechazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que sus amigos le aconsejamos demandar a los creadores de este cómic por retratar su vida sin permiso, no lo hizo. Las cosas se agravaron cuando se enteró de que gracias a las magníficas ventas que la revista registraba se filmaría una película basada en este personaje.&lt;br /&gt;Para evitar que la gente se burlara de él, Germán se refugió en el departamento de sus padres y no salía de ahí más que para dar sus conferencias. Para su mala fortuna, después de la aparición del cómic, la mitad de las preguntas que le hacían los asistentes a sus ponencias estaban relacionadas con la historieta.&lt;br /&gt;Lo divertido de este asunto es que su popularidad alcanzó alturas insospechadas. Las mujeres lo asediaban a la salida de los lugares donde se presentaba para pedirle que firmara los cómics del Capitán Rechazo, y más de una le preguntaba si él interpretaría el papel del héroe en la película.&lt;br /&gt;Al principio Germán daba la impresión de poder sobrellevar la situación, pero su paciencia no duró más de dos semanas y canceló sus siguientes dos conferencias. A partir de entonces no sólo no salía de casa sus padres, tampoco recibía a nadie que fuera a visitarlo.&lt;br /&gt;Sugestionado por no salir de casa, la mente de Germán albergó la idea de convertirse en sacerdote para así dedicarse con tranquilidad a sus estudios. Una tarde en la que se encontraba solo, y tras descubrir que las galletas cubiertas de gragea son la mejor opción que existe para olvidarse de una decepción amorosa, se soltó tal aguacero que tuvo que subir a la azotea para bajar la ropa tendida. Ahí se topó con una muchacha que recién había llegado a la ciudad. La belleza de la joven lo impresionó como nunca antes lo había estado con ninguna otra mujer y se ofreció a cargar su ropa.&lt;br /&gt;La vecina, de nombre Carmen, también se sintió cautivada por el genio de los dulces y los días sucesivos a ese encuentro los dedicó a visitarlo (la primera de estas reuniones fue para recuperar la ropa que tenía en la azotea, pues el distraído Germán se la llevó junto con la suya).&lt;br /&gt;Al principio Germán no podía creer su suerte, aquella jovencita no sabía quién era él y por primera vez en mucho tiempo tuvo con quién platicar de algo que no fueran sus descubrimientos o su desafortunada vida sentimental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que una chica siente al llegar a esta ciudad es el evidente acoso de los varones hacia ella, pero con él no era así. Me escuchaba, me trataba como a una dama y no como objeto sexual, me ayudó a adaptarme al ritmo de vida que se lleva aquí. En fin, sin su ayuda no creo que hubiera podido soportar la presión que me ocasionaba el estar lejos de mi familia.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Conversación con Carmen H. acerca de Germán)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes dos meses fueron de una gran tranquilidad para él; se sentía apreciado por lo que era y no por quién era, desechó la idea del sacerdocio y se reincorporó a la vida social. Incluso pensó en llevar a Carmen al estreno de &lt;em&gt;El Capitán Rechazo&lt;/em&gt; –esta idea no duró en su cabeza más de diez minutos–. Cuando estaba con sus amigos no hacía más que hablar de ella y de lo mucho que lo había ayudado. Las frases que más empleaba eran “me gusta más que el chocolate blanco”, “la depresión que no pude curarme con los dulces la terminó ella” y “si es necesario, dejo mis investigaciones y empiezo una vida nueva a su lado”.&lt;br /&gt;A pesar de que Carmen se sentía atraída por la personalidad de Germán, no estaba segura de que le gustara como hombre. Y es que ella había crecido con la esperanza de algún día encontrar a la persona ideal. Por las noches imaginaba al hombre que la desposaría y Germán no encajaba en el patrón físico que ella deseaba. Para salir de dudas, decidió cambiarle su imagen y le renovó su guardarropa. Después de comprar varias prendas de moda que según ella harían que se viera como el ideal que tanto buscaba, Carmen se dio cuenta de que el problema no era cómo vestía, sino que su cuerpo enclenque no le ayudaba en lo más mínimo. “Deberías hacer ejercicio, estás casi tan flaco como ese personaje, el Capitán Rechazo”, argumentó ella.&lt;br /&gt;Esas palabras provocaron que Germán volviera a deprimirse. Sin embargo, algo había cambiado en su forma de ser: por primera vez se sentía amado y no iba a permitir que Carmen se fuera de su vida. Para remediar esta situación, se inscribió en un gimnasio con la firme intención de mejorar su aspecto.&lt;br /&gt;El trágico resultado de esta idea ya se mencionó al principio de esta biografía. Paradójicamente, su deceso aconteció el mismo día en que se estrenó &lt;em&gt;El Capitán Rechazo. La película&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EPÍLOGO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noticia de su muerte fue un duro golpe para sus amigos, compañeros de trabajo y familiares. Varias de las escuelas donde Germán impartía sus conferencias dieron ese día como feriado para asistir al velorio, la casa de bolsa izó la bandera a media asta y los periódicos dedicaron varias planas para informar de su fallecimiento. La nota más emotiva afirmaba que “Germán logró que los seres humanos alcanzaran la felicidad por medio de los dulces”.&lt;br /&gt;A partir de ese día, y hasta la fecha, se le han rendido múltiples homenajes. Ediciones Muñoz Munguía reimprime todos los años sus dos libros, tanto en formato de bolsillo como en pasta dura, y siguen vendiéndose con gran éxito. Los miembros de El Colegio Nacional de Gastronomía pensaron crear un postre, o en su defecto un dulce, que llevara su nombre e imagen, pero nunca se pusieron de acuerdo en el sabor.&lt;br /&gt;Los restos de Germán descansan en la cripta de la familia Estrada. Carmen, ahora sor Carmen, vive feliz al lado de Dios; todos los años reza un rosario por Germán en el convento de su ciudad natal.&lt;br /&gt;Sirvan estas líneas para rendir tributo al hombre que le dio un nuevo sentido al apodo “terroncito de azúcar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mejía Eguiluz, Diego, &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt;, México, Ostraco, 2005.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-5523896725196478204?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/5523896725196478204/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=5523896725196478204' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5523896725196478204'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5523896725196478204'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/08/biografa-sobre-un-perdedor.html' title='Biografía sobre un perdedor'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-4405014954259078725</id><published>2008-07-06T21:18:00.000-07:00</published><updated>2008-07-06T21:28:12.059-07:00</updated><title type='text'>Un pequeño defecto</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Injustamente, muchas personas me han clasificado en esa delicada categoría de loco. Digo injustamente, porque no me conocen. Pero para que vean que soy buena onda, aquí les doy los argumentos suficientes para que, ahora con conocimiento de causa, me sigan considerando loco.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lo sé, ahora me tardé casi dos meses en actualizar. Pero es que aparte de loco soy flojo. o(&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pero ahora sí, aquí va la tan esperada actualización de mi blog favorito. Espero la disfruten en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes conocieron a Manuel decían que cuando Dios le preguntó qué defectos quería tener, él contestó: “Todos”. Distraído, de mal carácter, antisocial, egoísta, vanidoso... Sus virtudes eran imperceptibles incluso para la persona mejor intencionada, razón por la cual nunca había tenido novia. Pero de todas sus peculiaridades, una sobresalía: desde que cumplió 24 años, en las noches de luna llena se convertía en gato de cerámica.&lt;br /&gt;Este mal lo heredó de su familia materna. El primero de sus antepasados en manifestar dicha enfermedad (por llamarla de alguna manera) fue un soldado del siglo XVII. Todas las noches de luna llena se convertía en herradura de caballo.&lt;br /&gt;Con el paso de los años, sus descendientes se fueron transformando en distintas cosas, desde piezas de mármol hasta arbustos. Por ejemplo: la tía de Manuel se convertía cada decimoséptima noche en reproducción en miniatura de la Diana Cazadora; la mamá de Manuel, en estatua de barro cada primero de mes (y el papá de Manuel aprovechaba para cambiarle la fisonomía).&lt;br /&gt;Si bien todos sus parientes habían tomado la maldición con algo de sentido del humor, Manuel no les creyó a sus padres cuando éstos le dijeron la verdad e, incluso, le mencionaron que él era el primero de la familia que se transformaba con todo y ropa.&lt;br /&gt;Como pensó que sus progenitores habían perdido la razón, Manuel se mudó a un departamento. Naturalmente, a sus padres les dolió mucho la decisión de su hijo (y también el que les llamara “pinches locos” antes de irse), pero se sintieron tranquilos pues sabían que Manuel siempre estaría solo en casa cuando se transformara en gato de cerámica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros meses del Manuel independiente transcurrieron tal y como sus padres vaticinaron. Sin embargo, un día decidió no ir a su casa después de trabajar sino pasear un rato en un centro comercial que casi siempre estaba vacío. Al pasar bajo el techo de cristales, Manuel vio la luna llena y, ante los ojos de una vendedora de artesanías, se transformó. La mujer, asombrada, no podía articular palabra alguna; únicamente tomó al gato y lo llevó a la tienda para tratar de contarle a su jefa lo que acababa de ver, pero apenas entró con la figura, ésta la reprendió por estar jugando con la mercancía y colocó al gato en un estante.&lt;br /&gt;Poco antes de cerrar el negocio, una excéntrica señora de edad avanzada entró a la tienda, vio a Manuel y lo compró.&lt;br /&gt;–Está horrible, pero no tengo ninguno de cerámica en mi colección –dijo la dama antes de salir del local.&lt;br /&gt;Tras dos horas de viaje por carretera, la señora llegó a su casa, colocó la figurilla en la mesa de la sala, junto con los demás gatos, encendió su cámara de video para grabar cómo pasaba la noche el nuevo gato y se retiró a dormir.&lt;br /&gt;En la madrugada, un ruido la despertó. La señora se asomó a la sala y vio a Manuel tirado sobre los pedazos que antes formaban la mesa.&lt;br /&gt;–¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? ¿Qué quiere? ¡No me mate! –exclamaba asustada la señora.&lt;br /&gt;–¿Qué carajos hago aquí? –preguntaba confundido Manuel.&lt;br /&gt;Durante algunos minutos, Manuel y la señora sólo gritaban cosas ininteligibles, hasta que ella le dio una patada y lo noqueó con un pedazo de la mesa. (Información adicional: la transformación ocurrió porque una nube tapó la luna llena.)&lt;br /&gt;Cuando la señora estaba a punto de huir, la luna llena volvió a lucir en el cielo y Manuel se convirtió de nueva cuenta en gato. La señora se desmayó.&lt;br /&gt;A las diez de la mañana del día siguiente, Manuel abrió los ojos; tenía un chichón en la cabeza. Lo primero que vio fue a la señora, quien le dijo:&lt;br /&gt;–No sé qué fue lo que pasó, pero yo a usted lo compré cuando era gato de cerámica y no voy a dejarlo partir, mi colección quedaría incompleta.&lt;br /&gt;–¿Cómo que me compró? –preguntó Manuel desconcertado.&lt;br /&gt;Por toda respuesta, la señora le mostró la cinta de la cámara de video. “Mis padres no estaban tan locos”, pensó Manuel. Posteriormente, decidieron solucionar el conflicto; hablarían de mujer con manía por las figuras de gato a hombre que se transformaba en una de éstas quién sabe por qué.&lt;br /&gt;Tras la presentación formal, la señora, llamada Berta, se desilusionó al conocer el nombre de Manuel, pues deseaba ponerle Groucho.&lt;br /&gt;Manuel quiso llamar a su oficina para justificar su falta, pero no servía el teléfono de la casa; intentó abordar un taxi para ir a su departamento, y descubrió que se encontraba en Querétaro; trató de convencer a la señora Berta de que ya tenía una vida hecha en la capital, pero a ella le valió. Manuel tuvo que admitir que estaba atrapado.&lt;br /&gt;El segundo problema a resolver fue dónde dormiría Manuel. Obviamente no sería en la misma cama que la señora Berta. Decidieron que pasaría las noches en la sala (previo a cerrar todos los cajones y la recámara de la señora con llave).&lt;br /&gt;Por último, y lo que más les costó solucionar, la señora intentó asignarle un trabajo a Manuel.&lt;br /&gt;–Le advierto que yo me recibí de administrador y no pienso dedicarme a algo que no tenga que ver con mi carrera –amenazó Manuel.&lt;br /&gt;Astutamente, la señora Berta lo nombró Administrador de las Labores Domésticas. Tres días después, Manuel descubrió que se había convertido en un simple mayordomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los primeros tres meses, la relación se limitó a las órdenes que la señora le daba a Manuel. La única labor que no le permitía hacer era ir al supermercado para que no intentara huir, por lo que doña Berta contrató el servicio a domicilio.&lt;br /&gt;Manuel cada día se acostumbraba más a su nueva vida (aunque no por eso le gustaba) y pronto aprendió a realizar la limpieza y demás quehaceres; lo único malo era que cuando iba a sacudir la colección de gatos, la señora le decía: “Cuidado y rompes uno de mis gatos; a lo mejor entre ellos está tu abuelo”.&lt;br /&gt;Todas las noches de luna llena, Manuel volvía a ser Groucho, el número 45 de la colección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuarto mes trajo cambios importantes. Mientras desayunaba un sándwich en la cama, doña Berta sufrió un infarto y murió. Asustado, Manuel tomó dinero de la casa y huyó. Tras vagar unas cuantas horas, entró a una fonda para comer. Cuando le trajeron la sopa, se le acercó una mujer que le pidió permiso para compartir la mesa; al poco rato, la mujer comenzó a hacerle plática y a comerse el pan de Manuel. Los primeros quince minutos, él se limitó a decirle: “No se trague mi comida y cállese, que no me deja ver la tele”, pero como no había televisión en la fonda y la muchacha ya se había acabado el pan y la salsa, no le quedó más remedio que escucharla.&lt;br /&gt;Conforme transcurría el almuerzo, Manuel se olvidaba de la señora Berta y comenzó a fijarse en aquella mujer que intentaba sacarle algo más que monosílabos, y cuando descubrió que tenía abierto un botón de más en su blusa, comenzó a mostrarse si no simpático, sí tolerable, y le propuso a la dama que fueran al cine.&lt;br /&gt;Al terminar la película, Manuel sugirió que fueran a un hotel. “De alguna manera tengo que librarme de esta tensión”, fue su razonamiento. Para su sorpresa, ella aceptó.&lt;br /&gt;–¿Cómo te llamas? –preguntó entonces Manuel.&lt;br /&gt;–Julia.&lt;br /&gt;Ya en la habitación, Julia admitió que en verdad sentía algo por Manuel, aunque le parecía horrible y antipático.&lt;br /&gt;–Tal vez el destino quiere que estemos juntos –agregó.&lt;br /&gt;–No arruines esto platicando. A lo que vinimos –respondió él.&lt;br /&gt;Como es de imaginarse, el acto no se llevó a cabo porque a Manuel se le había olvidado que esa noche habría luna llena. Conforme se desnudaban, comenzó la metamorfosis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué tal estuve? ¿Te gustó? –preguntó Manuel cuando una nube tapó la luna llena y él volvió en sí. Para su sorpresa, Julia le contestó desde el baño:&lt;br /&gt;–Los gatos de cerámica no pueden tener relaciones.&lt;br /&gt;Nervioso, Manuel comenzó a pensar en alguna excusa que fuera creíble. Sin embargo, antes de que pudiera decirle que todo había sido una ilusión óptica, apareció ante él Marilyn Monroe.&lt;br /&gt;–Creo que tenemos enfermedades parecidas –dijo ella antes de que la nube descubriera la luna y Manuel volviera a ser gato.&lt;br /&gt;Al día siguiente, Manuel y Julia decidieron contarse su historia:&lt;br /&gt;–Pos no sé por qué coños me pasa esto. Alguna vez mis papás me dijeron algo, los tiré de a locos y me largué de la casa, pero resultó ser cierto. Lo único seguro es que esto es cada luna llena.&lt;br /&gt;–Eres afortunado. Desde que cumplí veinte años me transformo en Marilyn Monroe a diario, desde las siete de la noche hasta las siete de la mañana. También ignoro el porqué –confesó ella.&lt;br /&gt;En el transcurso del día, Julia le contó que todos los miembros de su familia paterna padecían de algo similar: su padre se convertía en Buddy Holly; su hermano, en Babe Ruth; sus tíos, en los hermanos Marx...&lt;br /&gt;–Aunque nosotros lo tomamos de buena manera. Es más: decidimos aprovechar nuestras transformaciones para montar un espectáculo en el Teatro Blanquita.&lt;br /&gt;–Se volvieron millonarios, supongo –comentó Manuel mientras calculaba cuánto dinero tendría ella.&lt;br /&gt;–No. El show duró apenas dos semanas. Como nadie conocía a los personajes en los que nos convertíamos, la gente no iba a vernos. El empresario decidió cancelar el espectáculo.&lt;br /&gt;También le contó que tras ese fracaso decidió alejarse de su familia por un tiempo e intentar llevar una vida normal.&lt;br /&gt;–Mi vida amorosa, sin embargo, es un desastre.&lt;br /&gt;–Pero si te conviertes en Marilyn por las noches no deberías de tener problemas para conseguir novio.&lt;br /&gt;–Eso es lo malo: todos quieren estar conmigo sólo por mi apariencia.&lt;br /&gt;“Bueno, no eres muy simpática que digamos”, pensó Manuel.&lt;br /&gt;Para evitar que Julia le contara más sobre ella, Manuel le propuso que lo acompañara al D.F. para tratar de recuperar su departamento. Cuando llegaron, descubrió asombrado y ofendido que ninguno de sus vecinos había notado su ausencia.&lt;br /&gt;Obviamente, la casa estaba llena de recibos de pago de la renta, el teléfono y la luz. Dos horas después, terminaron de guardar toda la correspondencia, calcularon a cuánto ascendía la deuda (“ya les pagaré mañana”, decía Manuel) y de limpiar un poco el apartamento.&lt;br /&gt;–¿Quieres hacerlo esta vez? Hoy no habrá luna llena –propuso entonces Julia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día, se volvieron inseparables. Manuel le contó a Julia todo lo referente a la señora Berta y Julia le platicó más detalles de su vida, y si bien nunca nació entre ellos algo parecido al amor, poco a poco aprendieron a estar juntos (Manuel incluso confesó que se estaba acostumbrando a ella), por lo que decidieron casarse. Además, era muy probable que nunca pudieran relacionarse con alguien más.&lt;br /&gt;La boda se realizó un sábado por la mañana. Julia invitó a todos sus familiares; Manuel, a nadie. Pasada la luna de miel, ambos consiguieron trabajo. Ella, de maestra de actuación; él, como administrador en una fábrica de telas.&lt;br /&gt;Lo último que se supo de esta pareja es que tuvieron un hijo al que llamaron Roberto, quien justamente hoy cumple cinco años y aún no se ha transformado en nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en la ya extinta página electrónica &lt;a href="http://www.bagonliterario.com/"&gt;www.bagonliterario.com&lt;/a&gt;, por cortesía de mi amigo Gonzalo Pozo, en el primer trimestre del año 2004.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Publicado también en:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mejía Eguiluz, Diego, &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt;, México, Ostraco, 2005&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Tinta seca&lt;/em&gt;, núm. 73, México, septiembre-octubre de 2005.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-4405014954259078725?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/4405014954259078725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=4405014954259078725' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4405014954259078725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4405014954259078725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/07/un-pequeo-defecto.html' title='Un pequeño defecto'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-1981701542908863309</id><published>2008-05-11T23:40:00.000-07:00</published><updated>2009-11-03T10:47:24.770-08:00</updated><title type='text'>Una aventura patológica</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB4wGIyzBI/AAAAAAAAABU/8N4wJbLE6Oo/s1600-h/Portada+patolÃ³gica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399948720893774866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 202px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB4wGIyzBI/AAAAAAAAABU/8N4wJbLE6Oo/s320/Portada+patol%C3%B3gica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿Qué dijeron, lo leemos aquí y así ya no buscamos el libro? Pues narices, jejeje.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;No es cierto. Es sólo que para preservar un poco el misterio fue que decidí editar esta entrada. Pero para que recuerden qué había aquí, les presento la portada de este libro que ahora ha visto la luz.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Agradezco a todos los que en su momento dejaron comentarios a esta entrada (no los he borrado, ni lo haré). Junto con el texto con que debutó el blog, éste fue el que más comentarios recibió.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Agradezco también a aquel anónimo que me señaló mis barrabasadas anatómicas (y no me refiero a mi panza), y me permito hacerle una aclaración: nunca troné anatomía porque mi escuela era tan pobre que no podían darnos clase de anatomía. Lo cierto es que su comentario hizo que pusiera un poco de más atención al texto y puliera varios detalles que en su momento pasé por alto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La versión que se publicó aquí difiere un poco de la que publica la editorial.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Saludos a todos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-1981701542908863309?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/1981701542908863309/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=1981701542908863309' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1981701542908863309'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1981701542908863309'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/05/una-aventura-patolgica.html' title='Una aventura patológica'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/SvB4wGIyzBI/AAAAAAAAABU/8N4wJbLE6Oo/s72-c/Portada+patol%C3%B3gica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-613882826499965416</id><published>2008-04-11T23:23:00.000-07:00</published><updated>2008-04-11T23:26:16.523-07:00</updated><title type='text'>El cuento aburrido</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Después de casi un mes de no publicar nada en el blog, por fin me acordé de la contraseña de esta cosa. XD. No es cierto, no había tenido tiempo de escribir nada, pero para mantener esto más o menos actualizado, les mando este texto escrito hace diez años y que por fin ve la luz.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL CUENTO ABURRIDO terminó de imprimirse en ???????? de ???? en los talleres de Ediciones Muñoz Munguía, Calle de la Amargura s/n. Colonia Balcones de la Herradura Edo. de México. Se tiraron 1000 ejemplares más sobrantes para su reposición. La edición estuvo al cuidado de ???????????????&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me propuse publicar un libro de cuentos pensé que sería muy sencillo. Ya tenía en mi haber seis historias que habían aparecido en algunas revistas, más otras ocho inéditas. Sólo tendría que presentar el proyecto a una editorial, y en caso de que fuera aprobado, entregarlo en un diskette, cobrar el anticipo, realizar alguna que otra corrección en las pruebas que me manden y esperar a que se imprimieran los ejemplares.&lt;br /&gt;  La suerte me acompañó: en la primera editorial donde llevé el libro fui aceptado. Firmé el contrato y un par de semanas después tenía en mi poder el anticipo. El resto era responsabilidad de los editores.&lt;br /&gt;  Mientras tanto, continuaba con mi vida normal: escribía reseñas para varios periódicos, realizaba correcciones de estilo para algunas editoriales, además de seguir en mi trabajo de planta en una agencia de publicidad. (Como adivinarán, soy un obsesivo que prefiere trabajar en lugar de divertirse.)&lt;br /&gt;  El ego hizo que presumiera prematuramente la publicación del libro. Mis amigos, familiares y compañeros de trabajo ya conocían el título de éste: El cuento aburrido (nombre de la historia con la que gané mi primer premio). Sin embargo pasó un mes, dos, tres y yo no tenía noticias de la editorial, hasta que ayer recibí una llamada telefónica:&lt;br /&gt;  -Qué bueno que te localizo. Necesitamos otro cuento para tu libro; hicimos un nuevo dictamen a la obra y uno de los textos es muy débil en comparación con los demás. Y, por favor, lo que nos mandes que sea de unas siete cuartillas; si no, también quedaría cojo el manuscrito.&lt;br /&gt;  Ahí empezaron mis problemas. Ya no tengo nada más que darles, y normalmente tardo hasta cuatro meses en escribir la primera versión de un cuento. Pero el compromiso está hecho y tengo que cumplir.&lt;br /&gt;  Al llegar a casa revisé los archivos de la computadora. No sólo no tengo ningún relato listo para entregar, sino que tampoco hay nada inconcluso. El archivo en el que escribo mis ideas no ofrece buenas soluciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IDEAS PARA ESCRIBIR CUENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- El personaje despierta un día y descubre que su cerebro se fue de vacaciones a Puerto Rico dejando activado el “piloto automático” para que su cuerpo no muera mientras está fuera. Entre los conocimientos que están de viaje se encuentra su número de cuenta bancaria, por lo que no puede sacar dinero para ir a buscarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Un grupo de curas, guiados por uno que es bastante chismoso, envía una carta al Vaticano exigiendo que se anule el secreto de confesión para poder escribir guiones cinematográficos con todo lo que saben y así aumentar sus ingresos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- Un luchador profesional se deprime al enterarse de que todas sus peleas estaban arregladas y que ya nadie quiere venderse para que él siga ganando. Su siguiente combate es máscara contra máscara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras hacer un berrinche, lamentarme porque nunca me he topado con alguien que venga del futuro para entregarme los cuentos que escribí y así sólo tener que transcribirlos, y desesperarme por no tener nada que me saque del apuro, opté por escribir sin pensar, a ver qué me salía. Ya tenía tiempo de no experimentar esa técnica, pero si no lo hacía probablemente nunca comenzaría la historia. Después de tres horas, catorce cigarrillos, siete tazas de café, dos llamadas telefónicas y tres pausas para ir al baño, completé alrededor de una cuartilla. El resultado no fue muy alentador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA AVENTURA PATOLÓGICA&lt;br /&gt;por Andrés Tagle Zannini.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había sido un día muy largo para el microbio. El lidiar con analgésicos y antibióticos había minado sus fuerzas. La brigada 123 de anticuerpos no había dejado de atacarlo ni un solo instante, y para colmo de males se acababa de enterar de que mañana iría un médico a casa del enfermo para aplicarle una inyección de vitaminas. Sólo un milagro podría salvarlo.&lt;br /&gt;  Sus plegarias al santo patrono de los malestares fueron escuchadas y el milagrito ocurrió en forma de olvido, ya que al anochecer el paciente no tomó sus medicinas y, al momento de dormir, sus defensas se encontraban en inferioridad numérica. Por esta razón el virus volvió a atacar, ahora con todo éxito.&lt;br /&gt;  Tras el festín que se dio la noche anterior, decidió convocar a una junta a los demás microbios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MINUTA DE LA REUNIÓN DE VIRUS:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Se pasó lista de presente a todos los síntomas que conforman esta honorable asociación.&lt;br /&gt;2.- Tras la revisión de asistentes se realizó la ceremonia de honores a los enfermos.&lt;br /&gt;3.- Se dio lectura al acta de la junta pasada (de hace seis meses).&lt;br /&gt;4.- Al entrar en materia, el compañero fiebre propuso que sólo se realicen ataques por las noches con el único fin de molestar al convaleciente. La moción fue aceptada por unanimidad.&lt;br /&gt;5.- Se tomó conciencia de que eventualmente se perderá la batalla, por lo que se acordó llevar una bitácora que dé información a las siguientes enfermedades acerca de los puntos débiles de la brigada 123 de anticuerpos.&lt;br /&gt;6.- Se elaboró una nueva estrategia de combate, la cual incluye inducir al vómito a la víctima al momento en que ésta ingiera cualquier medicamento.&lt;br /&gt;7.- Finalmente, se informó que el sindicato del dolor decidió unir fuerzas con nuestra asociación para atacar de manera más contundente al enfermo.&lt;br /&gt;8.- Queda pendiente para la siguiente junta la votación para decidir si se acepta o no la alianza que el sindicato de la caries propuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez terminada la junta, el virus se fue a descansar, pues en la noche su escuadrón bombardearía el campo de batalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ALT, ARCHIVO, SALIR.&lt;br /&gt;  ¿DESEA GUARDAR LOS CAMBIOS HECHOS A DOCUMENTO 1? SÍ. NO. CANCELAR.&lt;br /&gt;  -Por supuesto que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis otros trabajos las cosas marchan mejor. El jefe de la agencia está contento con mi rendimiento (la nueva campaña de desodorantes ha sido un éxito); uno de los periódicos en los que escribo me envió una novela para que la reseñe, y la editorial en la que colaboro con mayor frecuencia me encargó que corrigiera doscientas cuartillas de un libro de superación personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era adolescente odiaba las agendas; creía que eran para mamones que no saben cómo llamar la atención. Pero de no ser por la libreta que me obsequiaron la Navidad pasada, hubiera dejado plantado a Ramón.&lt;br /&gt;  En la reunión que sostuvimos, además de comer bastante bien, discutimos varios proyectos literarios que pueden dar muy buenos resultados. Con Ramón siempre he trabajado muy bien; además, desde que nos conocemos, ha sido uno de mis gurús. Todo lo que escribo pasa por sus ojos antes de intentar publicarlo. Por eso no dudé ni un minuto en contarle el problema que tengo con el libro. Y qué bueno que lo hice, pues me dio una gran idea para una historia.&lt;br /&gt;  Él siempre ha defendido la teoría de que el colofón no tiene que ser meramente para informar dónde se imprimió el libro y su tiraje; el colofón también es un género literario.&lt;br /&gt;  -Deberías escribir un cuento en forma de colofón.&lt;br /&gt;  Desde que salí del restaurante rumbo a la agencia mi cerebro no ha dejado de pensar en la manera en la que voy a escribir ese colofón. No puedo esperar a que llegue la hora de salida para ir a mi casa a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ALT, ARCHIVO, CREAR DOCUMENTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCUMENTO 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este libro comenzó a escribirse mucho tiempo antes de que usted, estimado lector, lo tuviera en sus manos. El trabajo editorial fue desgastante porque cometimos el error de contratarlo antes de que estuviera terminado, y el necio del autor tuvo una racha de tres semanas en la que no se le ocurrió una sola idea. Después vino otro periodo negativo -éste duró un mes- en el que le dio flojera y nomás no quería trabajar. Por fin a nosotros, los pobres editores, que tenemos una labor muy ingrata porque los lectores como usted, y perdone la pedrada, sólo ponen atención a nuestro trabajo cuando hacemos algo mal, se nos ocurrió una idea brillante para obligar al obstinado escritor a terminar el libro: de manera clandestina visitamos a su novia y le explicamos nuestro problema. Ella accedió a prestarnos su ayuda y lo amenazó con dejarlo si no terminaba pronto el libro. (¿Y creerán ustedes que el muy canalla se atrevió a pensar si en verdad valía la pena continuar con esa relación?) Pero no piensen que ése fue nuestro único contratiempo. Una vez que entregó el libro, y después de organizar una fiesta para celebrar que ya teníamos el manuscrito en nuestras manos, tuvimos que corregirlo. Esta labor en verdad fue ardua (lo leímos aproximadamente diez veces), y es que no les hemos comentado que el creador de este libro es uno de los mejores exponentes, y pensamos también que el campeón defensor, del juego “Encuentre la errata”, por lo que si llegan a toparse con algún error les rogamos no lo vean con malos ojos y, en vez de criticarnos, se pongan en contacto con nosotros para posteriormente regañar al autor por no escribir correctamente.&lt;br /&gt;  Cuando por fin terminamos de corregirlo (más bien, cuando ya no hubo nadie en la editorial que no lo hubiera leído), lo mandamos a imprimir a los talleres Galeras S.A. de C.V. Lamentablemente sus máquinas se averiaron y tardaron tres meses más de lo previsto en repararlas. En ese lapso nuestra directora editorial dio a luz a su primogénito, se terminó la temporada de beisbol e inició la de futbol americano y le dio un infarto al impresor. Pero a pesar de todo nos entregaron los libros ya terminados.&lt;br /&gt;  Como somos muy optimistas no tiramos ningún ejemplar; confiamos ciegamente en que se van a vender todos (más o menos como dos mil). La edición estuvo al cuidado de todos y cada uno de los que conformamos la Unidad Editorial. (Véase la lista de nombres y currículum que se anexa al final de esta página.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ALT, ARCHIVO, GUARDAR.&lt;br /&gt;  EL PROGRAMA ESTÁ GUARDANDO EL DOCUMENTO, POR FAVOR ESPERE. 2461 CARACTERES.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, Dios, a este paso no voy a llenar las siete hojas. Mejor voy a dormir un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no se me ocurría nada más, decidí olvidarme del libro por un tiempo. Un mes después llegaron las vacaciones de Semana Santa. Para el agrado de todos los que trabajamos en la agencia, nuestro jefe anunció que nos daría dos semanas libres. Como las editoriales en las que colaboro también van a suspender actividades, y además de que estoy muy cansado, me iré de vacaciones a Córdoba, Veracruz. Al día siguiente compré mi boleto de autobús, hice la reservación del hotel y adquirí lo necesario para no pasarla mal.&lt;br /&gt;  Después de una semana laboral bastante pesada llegó el viernes, y con éste el periodo vacacional prometido. El sábado desperté a las cinco y media de la mañana para llegar a las siete a la terminal de autobuses. Una vez en la estación esperé a que anunciaran por cuál salida debería abordar el camión; pero como estaba desmañanado me quedé dormido en la salita de espera y desperté a las once del día. Los empleados de la línea se negaron a cambiarme el boleto y tuve que adqurir otro para el viaje de las once treinta.&lt;br /&gt;  Cinco horas después arribamos a Córdoba. Tras llegar al hotel y dejar mis cosas en la habitación fui a dar un paseo a los portales y a comer. Para mi sorpresa, en el restaurante que elegí me encontré a Raymundo, mi mejor amigo de la secundaria, a quien tenía casi veinte años de no ver.&lt;br /&gt;  -¿Qué estás haciendo aquí? -me preguntó.&lt;br /&gt;  -Vine a pasar la Semana Santa, ¿y tú?&lt;br /&gt;  -Aquí vivo desde hace quince años. ¿Vienes solo o trajiste a alguien?&lt;br /&gt;  -No se me ocurrió invitar a nadie.&lt;br /&gt;  -Eso tiene remedio. Te voy a presentar a la hermana de mi novia. Es una chava muy agradable, y no tiene novio. Vas a necesitar vacaciones para reponerte después de estar con ella.&lt;br /&gt;  Después de esa promesa platicamos de muchas cosas. Me puso al corriente de lo que había sido de su vida y yo le conté a qué me dedico ahora; sobre todo, le anuncié que estaba por salir mi primer libro de cuentos.&lt;br /&gt;  -Esto hay que celebrarlo -dijo-. Ve a tu hotel a ducharte y encuéntrame dentro de una hora en la entrada del Caníbal Park.&lt;br /&gt;  -¿El qué...?&lt;br /&gt;  -Tú agarra un taxi y dile al chofer que te lleve al Caníbal, no hay pierde.&lt;br /&gt;  Regresé al hotel para darme un baño y cambiarme de ropa. En mi mente estaba la duda de qué demonios es el Caníbal. Suponía que se trataba de una discoteca o un bar. El taxista que me llevó se moría de la risa cuando le pregunté cómo era el lugar donde me habían citado. Al llegar al mentado Caníbal localicé rápidamente a Raymundo, quien iba acompañado por dos mujeres.&lt;br /&gt;  -¿Qué clase de antro es éste? -le pregunté.&lt;br /&gt;  -No seas bruto, estamos en el parque de beisbol; hoy juegan los Cafeteros contra Rieleros. Pensé que te gustaban los deportes -respondió Ray.&lt;br /&gt;  -Hace diez años olvidé que existen.&lt;br /&gt;  -Mira: ella es mi novia, Angélica -y señaló a la dama que estaba a su izquierda-; y ella es su hermana, Isabel.&lt;br /&gt;  -Mucho gusto -dije. “Isabel está buenísima”, pensé.&lt;br /&gt;  Esta gente de Córdoba en verdad es apasionada del beisbol. Raymundo y su novia no vieron el juego, pero aparecieron varias veces en la pantalla del estadio mientras se besaban. Isabel en un principio estaba muy concentrada en el partido, pero después de la quinta entrada -casualmente cuando los locales eran apabullados por los Rieleros con una ofensiva de once carreras- me dedicó su atención.&lt;br /&gt;  Al término del cotejo Isabel y yo ya éramos amigos. A la salida del estadio perdimos a Ray y a su novia entre la multitud. Como no sabía qué hacer con Isabel o a dónde llevarla le propuse:&lt;br /&gt;  -¿Quieres ir un rato a mi hotel?&lt;br /&gt;  -Trabajas rápido. ¿No intentarás conquistarme primero?&lt;br /&gt;  -No, cómo crees. Es sólo que hace muchos años que no venía a esta ciudad y no sé qué lugar es conveniente visitar.&lt;br /&gt;  -Eso déjamelo a mí.&lt;br /&gt;  Isabel me llevó a un bar para que tomáramos un trago y así platicar a gusto.&lt;br /&gt;  -¿Vas a quedarte mucho tiempo en Córdoba?&lt;br /&gt;  -Sólo dos semanas. Tengo que reintegrarme a mis trabajos.&lt;br /&gt;  -¿Tienes más de uno?&lt;br /&gt;  -Soy publicista y escritor. Estoy a punto de sacar un libro de cuentos.&lt;br /&gt;  -Ya me había platicado algo Raymundo. Me gustaría que me enseñaras tus historias.&lt;br /&gt;  -Bueno, ahorita no las tengo a la mano. Además, me falta un cuento para completar el libro.&lt;br /&gt;  -Si quieres te puedo dar algunas ideas.&lt;br /&gt;  El resto de la velada fue entretenida. Isabel me contó que es maestra de secundaria; también habló acerca de su familia. Por lo que entendí, son bastante estrictos con ella.&lt;br /&gt;  A las dos de la mañana me llevó al hotel donde me hospedo y nos despedimos con un beso.&lt;br /&gt;  -Creí que nunca lo harías -dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente Raymundo y su novia pasaron por mí y fuimos a desayunar.&lt;br /&gt;  -Le encantaste a mi hermana. Te mandó muchos saludos -mencionó Angélica.&lt;br /&gt;  -¿Por qué no la trajeron?&lt;br /&gt;  -Estaba muy cansada, pero dijo que te quiere ver hoy en la noche para ir a bailar.&lt;br /&gt;  -Oye -intervino Raymundo-, ¿qué te parece si vamos mañana a Veracruz? Con la nueva carretera llegas en menos de dos horas. Podemos ir a la playa a bucear. Si quieres invitamos a Isabel.&lt;br /&gt;  En la noche fui a la discoteca con Isabel. Creo que ambos estábamos un poco nerviosos por vernos de nuevo, y a la hora de bailar derribamos a una pareja que estaba cerca de nosotros.&lt;br /&gt;  -Mejor vamos a sentarnos -sugerí.&lt;br /&gt;  Me gustaría decir que la pasamos bien, pero la verdad es que no podíamos escucharnos por el volumen de la música. Decidimos que era mejor dar un paseo por la ciudad. Apenas llegamos a un parque, nos sentamos en una banca y nos besamos en repetidas ocasiones.&lt;br /&gt;  -Creo que es un poco tarde -dijo Isabel después de una hora-. ¿Vas a ir mañana a Veracruz con nosotros?&lt;br /&gt;  -Sí -no pude decir nada más pues volvió a besarme.&lt;br /&gt;  Al llegar al hotel estaba convencido de que podía hacer un buen cuento basándome en lo que estaba viviendo con Isabel. (Claro que tendría que deformar la realidad para no herir su intimidad.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que estoy enamorándome. El viaje relámpago a Veracruz fue maravilloso. En el trayecto al puerto Isabel y yo no dijimos nada (estábamos muy cansados y dormimos abrazados hasta llegar a nuestro destino), pero apenas bajamos del auto no dejamos de charlar ni un instante (excepto cuando estuvimos buceando, claro). Admito que no esperaba que me pidiera que le untara bronceador en la espalda, y mucho menos que ella me lo pusiera a mí. Después de asolearnos, los cuatro nos unimos a una expedición a la Isla del Amor (creo que así se llama).&lt;br /&gt;  -Después de venir aquí, el que no tiene pareja la halla -explicó el señor que organizaba el viaje.&lt;br /&gt;  En la tarde fuimos a comer mariscos. Raymundo y Angélica fingieron no conocernos cuando Isabel y yo nos paramos a bailar con los músicos que cantaban en el restaurante.&lt;br /&gt;  En la noche regresamos a Córdoba. Isabel insistió en quedarse conmigo para platicar en el lobby del hotel. Le conté acerca de mi libro y de los comerciales que había hecho. Ella escuchó con mucho interés todo lo que le decía. Esa noche no dormí solo.&lt;br /&gt;  Al día siguiente, y después de que Isabel se fuera a su casa, no salí de la habitación más que para comer. Tomé mi cuaderno y una pluma e inicié la historia que tenía en mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA ISLA DEL AMOR&lt;br /&gt;por Andrés Tagle Zannini.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Después de pasar casi un año sin pareja, Rubén decidió olvidar a su ex novia y ponerse de nueva cuenta en circulación. Al principio le fue difícil reintegrarse a la vida nocturna, pero en menos de dos semanas había vuelto a ser el reventado de siempre. Poco tiempo después ya era famoso en todos los bares de la ciudad.&lt;br /&gt;  Conocer gente nunca había sido un problema para él y pronto recuperó el don que tenía para conquistar a las mujeres más hermosas. En uno de los bares que frecuentaba empezaron a apodarlo el Jugador Más Valioso porque no había noche en la que no saliera acompañado de una mujer diferente.&lt;br /&gt;  Sin embargo había cambiado. Ya no era ningún jovencito y sus nuevas conquistas eran muchachas con las que no podía compartir otra cosa que no fuera la cama. Pronto se dio cuenta de que necesitaba algo más; alguien con quien platicar y compartir sus ilusiones.&lt;br /&gt;  Su hermano le sugirió que fuera a Veracruz y visitara la Isla del Amor.&lt;br /&gt;  -No falla. El que visita esa isla al poco tiempo halla pareja. ¿Cómo crees que conocí a mi vieja?&lt;br /&gt;  Al principio no creyó mucho en esa idea, pero decidió ir allá. De todos modos, en caso de que se tratara sólo de un mito, bien podía pasar una temporada agradable en el puerto y descansar, pues la vida nocturna estaba acabando con él.&lt;br /&gt;  Su estadía en Veracruz fue de cuatro días. El último de éstos lo dedicó a visitar la mentada isla. Al final del recorrido compró el amuleto que le ofrecieron. “Es para que la magia de la isla lo siga hasta que halle a su pareja”, le explicó la señora que se lo vendió. A Rubén le pareció una tontería pero el amuleto era bonito y lo colgó alrededor de su cuello.&lt;br /&gt;  Al día siguiente regresó a la ciudad. Lo primero que hizo fue reclamarle a su hermano por haberlo mandado ahí.&lt;br /&gt;  -No conocí a nadie.&lt;br /&gt;  -No la vas a conocer en la isla. Es después de que estás ahí. Tú espera y verás.&lt;br /&gt;  Rubén no le dio mucha importancia a las palabras de su hermano y retomó su vida normal; también desechó la idea de volver a su faceta de reventado, pues creía que ya no tenía edad para estar hasta muy noche en una discoteca. “Además, ahí nunca voy a conocer a nadie con quien casarme”, razonó.&lt;br /&gt;  Dos semanas después, mientras hacía la limpieza de su departamento, llamaro a la puerta. Al abrir se encontró con una hermosa dama.&lt;br /&gt;  -Hola. Soy el amor de tu vida -dijo ella.&lt;br /&gt;  -¿Perdón?&lt;br /&gt;  -Sí. Soy la mujer con la que terminarás casado.&lt;br /&gt;  -No entiendo.&lt;br /&gt;  -En el libro de tu destino está escrito que después de tu viaje a la Isla del Amor conocerás a la dama que va a vivir contigo. Así que aquí estoy -y le mostró el ejemplar en el que según ella estaba escrita la vida de Rubén.&lt;br /&gt;  -¿Por qué tiene tan pocas hojas ese libro?&lt;br /&gt;  -Es que vas a morir muy joven. Pero no te preocupes, también vas a ser muy feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Releí lo que llevaba escrito; esta historia no retrata nada de lo que he vivido con Isabel, pero también estoy consciente de que es lo menos malo que he escrito en los últimos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde te metiste ayer? -reclamó Raymundo al día siguiente.&lt;br /&gt;  -Me quedé en el hotel escribiendo.&lt;br /&gt;  -¿Te volvió la insipiración ahora que conoces a Isabel?&lt;br /&gt;  -¿Cómo crees? Ya tenía la idea y me pareció que ayer era un buen día para desarrollarla    -mentí.&lt;br /&gt;  -Pues espero que hayas avanzado bastante, porque hoy no vamos a dejarte solo ni un minuto. &lt;br /&gt;  Y el desgraciado cumplió su palabra. Primero fuimos a desayunar, luego a casa de Angélica e Isabel, quienes habían rentado algunas películas, y finalmente fuimos otra vez al Caníbal Park. Al finalizar el partido mis amigos me llevaron al hotel. En cuanto llegamos Isabel me murmuró al oído:&lt;br /&gt;  -No puedo quedarme, mis papás sospechan algo y no quiero meterme en problemas.&lt;br /&gt;  -Descuida.&lt;br /&gt;  -Te extrañé ayer -y junto con esas palabras agregó un tierno beso.&lt;br /&gt;  Esa noche no pude continuar con la historia de la isla, pero dormí con una sonrisota.&lt;br /&gt;  El resto de mis vacaciones se fue rapidísimo. Todo mi tiempo se lo dediqué a Isabel. Si bien ya había conocido casi toda la ciudad, el estar a su lado era suficiente para sentir que me encontraba ahí por primera vez. No importa que ya no hubiera podido escribir nada. Todo lo vivido al lado de Isabel ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.&lt;br /&gt;  Finalmente llegó el día en que tenía que regresar a la capital. Isabel, Angélica y Raymundo me llevaron a la terminal de autobuses.&lt;br /&gt;  -Me gustaría seguir viéndote -dijo Isabel.&lt;br /&gt;  -¿Por qué no vienes conmigo al D.F.?&lt;br /&gt;  -Mi vida está hecha aquí. No puedo abandonar a mis alumnos.&lt;br /&gt;  -Yo tampoco puedo dejar mi trabajo. Además, tengo que terminar el libro. Ya me dieron un anticipo y si no cumplo quedaría muy mal con la editorial.&lt;br /&gt;  -Voy a pensar en ti todas las noches.&lt;br /&gt;  Para asegurarnos de que no perderíamos el contacto, intercambiamos nuestras direcciones y teléfonos. Después de darnos un último beso, me despedí de Angélica y Raymundo. Isabel insistió en acompañarme hasta el autobús. Ahí le entregé lo que llevaba del cuento de la isla:&lt;br /&gt;  -Nada de lo que escribí aquí retrata lo que vivimos, pero lo hice pensado en ti.&lt;br /&gt;  -¿No lo vas a necesitar para tu libro?&lt;br /&gt;  -Quiero que esto quede entre nosotros.&lt;br /&gt;  Sin ella a mi lado, el viaje de regreso se me hizo eterno. Lamenté que no nos hubiéramos tomado una sola fotografía. Al llegar a casa estaba tan cansado que hasta la mañana siguiente noté que tenía varios mensajes en la contestadora:&lt;br /&gt;  “Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”&lt;br /&gt;  “Señor Tagle, lamentamos decirle que tiene un retraso en el pago de su tarjeta de crédito. Por favor pague y evítenos la pena de embargarlo.”&lt;br /&gt;  “Hijo, habla tu mamá. Sólo quería saludarte.”&lt;br /&gt;  “Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”&lt;br /&gt;  “Hola, mi amor, habla Isabel. Espero que hayas llegado bien. Ya leí el cuento que me diste. Supongo que ésta es una parte y que aún no lo terminas. Quería decirte que tienes razón. No retrata nada de lo que vivimos juntos, pero se me hace que está simpático. No sé, me agrada pensar que soy la mujer que tiene el libro de tu destino, pero no me gusta la idea de que tu vida vaya a ser corta... ¿Qué crees? En verano voy a tener vacaciones y ya desde ahora estoy convenciendo a mis papás para que me dejen ir a visitarte. Bueno, te dejo porque la larga distancia es muy cara. Te quiero mucho. Te extraño.”&lt;br /&gt;    “Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ha pasado un mes desde que regresé de Córdoba y las cosas han cambiado. Sigo haciendo freelance y aún estoy en la agencia de publicidad, pero ya no me obsesiono tanto con el trabajo. Es más, si puedo emplear un fin de semana para divertirme, no dudo ni un instante en hacerlo. Todas las noches habló con Isabel. Creo que el siguiente fin de semana voy a ir a Córdoba para verla. A lo mejor hasta le pido que se case conmigo. Aún no lo sé bien. De lo que sí estoy seguro es de que gracias a ella aprendí que la vida es muy bonita y vale la pena aprovecharla al máximo.&lt;br /&gt;  “Ring, ring.”&lt;br /&gt;  Perdonen, tengo que atender el teléfono.&lt;br /&gt;  -Bueno.&lt;br /&gt;  -Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.&lt;br /&gt;  -Dígale a su jefe que mañana voy a verlo.&lt;br /&gt;  -Está bien, ¿a qué hora le digo que viene?&lt;br /&gt;  -A las doce.&lt;br /&gt;  Lo único que no ha cambiado es el problema que tengo con el libro. No me arrepiento de haberle regalado el relato de la isla a Isabel, pero todavía me falta un cuento y no se me ocurre ninguna idea que valga la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-613882826499965416?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/613882826499965416/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=613882826499965416' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/613882826499965416'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/613882826499965416'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/04/el-cuento-aburrido.html' title='El cuento aburrido'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-2828603045253467837</id><published>2008-03-16T00:38:00.000-07:00</published><updated>2011-11-07T13:35:30.659-08:00</updated><title type='text'>Míster Perfecto</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zQvlMvvUI/AAAAAAAAAA0/R-xSDPoheYA/s1600-h/mrperfecto.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; FLOAT: left" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178243187427228994" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zQvlMvvUI/AAAAAAAAAA0/R-xSDPoheYA/s400/mrperfecto.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zQalMvvTI/AAAAAAAAAAs/hkRro9krJ8w/s1600-h/mrperfecto1.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; FLOAT: left" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178242826649976114" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zQalMvvTI/AAAAAAAAAAs/hkRro9krJ8w/s400/mrperfecto1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zP5lMvvRI/AAAAAAAAAAc/uiL-OkN4kxY/s1600-h/mrperfecto.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zP51MvvSI/AAAAAAAAAAk/M7DDFjAshhc/s1600-h/mrperfecto1.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Por obvias y emotivas razones, este texto es retirado del blog. No desaparece de la vida pública. Ahora forma parte de mi cuarto libro: Tres caídas.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-2828603045253467837?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/2828603045253467837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=2828603045253467837' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2828603045253467837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2828603045253467837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/03/no-se-dejen-engaar-por-el-ttulo-no-se.html' title='Míster Perfecto'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R9zQvlMvvUI/AAAAAAAAAA0/R-xSDPoheYA/s72-c/mrperfecto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-6935960380678869747</id><published>2008-03-07T22:16:00.000-08:00</published><updated>2008-03-07T22:38:32.827-08:00</updated><title type='text'>Pelota caliente</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Todos tenemos derecho a un día&lt;br /&gt;de gloria antes de morir.&lt;br /&gt;Don Larsen&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;A Morelos Torres, Ari Cazés y a Rafael Luna&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;CALENTANDO EL BRAZO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y pensar que todo inició con un accidente.&lt;br /&gt;El lanzador anunciado por nuestro equipo –Rieleros de Aguascalientes– se lesionó al querer lucirse delante de su novia. Siendo pitcher, y como en la Liga Mexicana de Béisbol se utiliza la regla del bateador designado, no era necesario que realizara la práctica de bateo; sin embargo, él insistió, mejor dicho: rogó, para que le dejaran batear y así demostrarle a su pareja que él también podía pegarle a la bola.&lt;br /&gt;Como no estaba acostumbrado a batear, el lanzador se paró muy cerca del home. Tan cerca, que cuando abanicó la pitcheada, en vez de hacerlo con el bat, la bola hizo contacto con su mano izquierda, la de lanzar. La mano sufrió tal hinchazón que nuestro manager se vio obligado a cambiar el line-up.&lt;br /&gt;Lo peor de todo era que no íbamos a jugar un partido común y corriente, se trataba del quinto juego de la serie por el campeonato de la liga, y auque teníamos ventaja de tres juegos a uno, ése iba a ser el último partido a celebrarse en nuestro estadio. Si ganábamos, seríamos campeones; en caso de perder, la serie se trasladaría a Coatzacoalcos, Veracruz, donde estaban programados, en caso de ser necesarios, los encuentros seis y siete de la final, y nuestro rival, Azules de Coatzacoalcos, era un equipo muy difícil de vencer en su casa.&lt;br /&gt;Éste era, probablemente, el juego más importante de toda la serie y nuestro abridor, por querer presumir de algo que no sabía hacer, no podría lanzar. Por si fuera poco, el resto de la rotación abridora estaba muy trabajada. La serie había sido definida por algunos cronistas como “la reivindicación del pitcheo con el béisbol” (y es que esa temporada se caracterizó por la gran cantidad de homeruns que hubo –aunque ése sería el último año en que se utilizaría una pelota tan viva–): los cuatro partidos que se habían efectuado se decidieron por tres o menos carreras. Tres de esos cuatro cotejos se fueron a extrainnings –el más largo duró quince entradas–. Indudablemente, el staff de pitcheo de ambos equipos estaba agotado. Por eso, nuestro manager tomó una decisión que en un principio consideré suicida:&lt;br /&gt;–Ortiz, toma tu guante y calienta; tú abres.&lt;br /&gt;Muchos de nosotros pensamos: “Ortiz no está acostumbrado a abrir juegos, mucho menos a tirar más de dos entradas, lo van a apalear”. Pero el “jefe” sostuvo su decisión y abriría el juego con nuestro cerrador de lujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA PRIMERA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cambio en la alineación fue sorpresivo para todos, en especial para los cronistas, quienes trataban de recordar la última vez que un equipo abrió un encuentro con un pitcher relevista.&lt;br /&gt;Cuando el sonido local puso la canción “Transilvania”, la cual tocaban cuando Ortiz entraba a relevar –generalmente en la novena entrada–, los aficionados no supieron qué pensar. Aunque Ortiz era un buen lanzador, no dejaba de ser un novato cuya especialidad consistía en salvar los juegos, no dejarlos ganados para que otro los terminara.&lt;br /&gt;Los tres primeros bateadores de los Azules de Coatzacoalcos se fueron en orden: un roletazo a tercera, un elevado a segunda y un ponche. Bastaron siete lanzamientos para librar el primer escollo. Nosotros, en cambio, aprovechamos el descontrol del lanzador de los veracruzanos para timbrar dos carreras.&lt;br /&gt;Rieleros de Aguascalientes 2, Azules de Coatzacoalcos 0.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SEGUNDA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todo buen relevista, Ortiz estaba acostumbrado a que tenía que tirar strikes inmediatamente para frenar el ataque del rival. Y eso fue lo que hizo. Bastaron sólo cuatro lanzamientos para dominar a sus adversarios.&lt;br /&gt;Rola a segunda, rola al pitcher y foul a primera.&lt;br /&gt;Ortiz miró hacia las tribunas pero no encontró a quienes buscaba. “A lo mejor llegan más tarde”, pensó.&lt;br /&gt;En esa entrada nos fuimos en orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA TERCERA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, no me he presentado. Mi nombre no importa; mi función dentro del equipo, sí: yo era el coach de pitcheo.&lt;br /&gt;–¿Quieres que mande a alguien a calentar al bullpen? –dije al manager.&lt;br /&gt;–Primero deja que se meta en problemas –respondió el manager y se puso a mandar las señales al catcher, quien a su vez se las envió al pitcher. Tres entradas. Ya había rebasado su límite.&lt;br /&gt;Era muy probable que no tuviera líos en esta entrada. Después de todo, sólo llevaba once pitcheadas. Y así fue. Tal vez se esforzó un poco más, pero retiró en orden a nuestros rivales. Mi contador de pitcheadas marcaba veintiún lanzamientos. Para los que les gusta llevar el box-score, ahí les va la entrada:&lt;br /&gt;Rola a primera base, ponche tirándole y elevado al jardín central.&lt;br /&gt;Nosotros de nueva cuenta nos fuimos en cero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA CUARTA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este inning sucedió algo chusco que por poco nos cuesta el juego.&lt;br /&gt;El primer bateador conectó un roletazo que el propio Ortiz fildeó de un bote. Sin embargo, la pelota se atoró en su guante. Para sacar al corredor en primera, Ortiz se quitó el guante y lo arrojó con todo y pelota al inicialista, quien sorprendido lo atrapó. Entre risas, el umpire marcó el out.&lt;br /&gt;Ortiz estaba tan divertido con esa jugada que se descuidó y los siguientes dos bateadores conectaron batazos muy sólidos que estuvieron a punto de volarse la barda; pero tanto el jardinero central como el izquierdo, con muy buenos saltos, les robaron los cuadrangulares a los contrarios. Coatzacoalcos se fue en orden, pero ya le estaban encontrando la pelota a Ortiz.&lt;br /&gt;Nosotros tampoco pudimos anotar en esa entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA QUINTA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estoy nervioso –me dijo Ortiz mientras bateábamos en la parte baja de la cuarta–, nunca he tirado más de dos entradas y ya voy para la quinta.&lt;br /&gt;–Tranquilo.&lt;br /&gt;–Es que si saco esta entrada sin carreras, va a ser juego oficial y puedo aspirar a la victoria.&lt;br /&gt;–Deberías de estar acostumbrado a la presión. Casi siempre entras a lanzar con ventaja de tres o menos carreras y los hombres peligrosos al bat. ¿Cómo está tu brazo?&lt;br /&gt;–Bien, sólo espero no cansarme.&lt;br /&gt;–Si veo que tienes dificultades pongo a calentar a un relevista.&lt;br /&gt;–No, yo quiero acabar con el juego.&lt;br /&gt;–Entonces no te presiones más de la cuenta. Además, piensa que por muy importante que sea este juego, hay cincuenta millones de chinos del otro lado del mundo y ninguno te conoce.&lt;br /&gt;Ortiz empezó a reír tan fuerte que casi se ahoga con su chicle, a pesar de que el chiste era muy malo. El último out de la parte baja de la cuarta entrada cayó y Ortiz seguía carcajeándose.&lt;br /&gt;El primer bateador del quinto rollo aprovechó que Ortiz estaba desconcentrado y sacó una fuerte línea que amenazaba con picar de hit; posiblemente sería un doble. Todavía me acuerdo de la ovación que el público le dio al jardinero derecho por su gran atrapada. Era la tercera vez que los aficionados se emocionaban por el buen fildeo de nuestros outfilders. Eso ya era para preocuparse; decidí ir al montículo y tener una plática con Ortiz, al mismo tiempo mandé a dos pitchers al bullpen.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa? –me preguntó Ortiz asustado, en verdad no quería salir.&lt;br /&gt;–Te están encontrando la pelota –le hice notar.&lt;br /&gt;–Pero han caído los outs.&lt;br /&gt;El catcher, quien también había ido al montículo, le señaló que no estaba trabajando a los bateadores y además se le estaba quedando arriba la pelota. Eso en verdad molestó a Ortiz, quien le gritó al catcher:&lt;br /&gt;–Tú encárgate de recibir la bola y yo hago el resto.&lt;br /&gt;Era la primera vez en mucho tiempo que le decían a Ortiz que se estaba equivocando y se veía muy enojado.&lt;br /&gt;–Calmado –le dije–, por si las dudas, ya están preparándose los relevistas.&lt;br /&gt;Ya no pudimos hablar más, el umpire nos indicó que reanudáramos el juego y regresé al dugout dando por terminada la charla.&lt;br /&gt;La molestia de Ortiz era notoria y los siguientes dos bateadores se poncharon. Tal vez el enojo ayudó, pero no porque les tirara más duro (su bola rápida llegaba a 70 millas por hora, y ni qué decir de su bola lenta: ésta tardaba dos entradas en llegar a home), sino porque se volvió más cuidadoso y sus pitcheadas ahora sí quebraron como siempre lo habían hecho.&lt;br /&gt;A pesar de nuestra plática, o tal vez gracias a ella, los Azules se fueron en orden. Nosotros logramos una carrera más.&lt;br /&gt;Rieleros de Aguascalientes 3, Azules de Coatzacoalcos 0.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SEXTA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier pitcher se sentiría más tranquilo sabiendo que su equipo le acababa de dar una carrera más de ventaja. Ortiz, en cambio, seguía furioso. No sé qué pasaba por su mente, pero algo le estaba molestando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eso es fácil de explicar.&lt;br /&gt;–¿Qué haces, Ortiz?, ésta es mi narración.&lt;br /&gt;–Voy a explicar por qué seguía de malhumor.&lt;br /&gt;–Está bien, cuenta tú el resto de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, les diré que cuando saqué el último out de la quinta entrada señalé al coach de pitcheo y le dije: “Aún puedo dar más”; el catcher me oyó y me respondió que no fanfarroneara e hiciera mi trabajo. No sólo eso me molestó: los dos relevistas seguían calentando en el bullpen. Tal parecía que no me tenían confianza. Le indiqué al manager que podía guardar a los relevistas, que yo iba a terminar el juego, pero él comentó que no quería arriesgarse. El coraje que me provocó eso me motivó.&lt;br /&gt;Además, yo estaba esperando a que llegaran unas personas, y ya íbamos a abrir la sexta y aún no se aparecían (eso ya lo había dicho el coach al contar la segunda entrada, y lo sabía porque yo se lo dije después del juego).&lt;br /&gt;Aparte, no sé qué bromista le dijo al del sonido local que en vez de poner “Transilvania” tocara otra canción, y el desgraciado escogió “La patita”. Eso fue suficiente para que en cinco lanzamientos (modestia aparte, ahora puedo decir que fueron muy buenos) retirara la entrada. Rola a segunda, rola al short y foul al catcher.&lt;br /&gt;Para variar, Rieleros se fue sin anotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SÉPTIMA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo la primera vez que me enamoré. No en la adolescencia, ésas no cuentan, sino cuando ya era un hombre. Un hombre joven, claro, sólo tenía 18 años. Dios mío, ella era preciosa. Yo todavía no jugaba béisbol profesionalmente, aunque seis meses después de debutaría en la sucursal de los Rieleros en Zacatecas. Al principio no me atrevía a hablarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ortiz, ¿esto qué tiene que ver con el juego?&lt;br /&gt;–Déjame contar las cosas a mi modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde estaba? Ah, sí, en esta silla. Como les decía, yo era muy tímido y no me animaba a decirle hola, mucho menos a confesarle que me gustaba. Un día, sin embargo, tuvimos la oportunidad de charlar un rato, pues nos encontramos en un microbús. No he aclarado que yo a ella la conocí en la escuela, pero como les decía, ese día empezamos a platicar y a los diez minutos me dieron ganas de besarla; cinco minutos después me dieron ganas de cederle mi asiento. No la besé porque era muy prematuro. Además, no parecía que yo le gustara.&lt;br /&gt;Los siguientes días empezamos a llevarnos mejor. Si nos encontrábamos en la escuela, platicábamos durante varias horas. Perdí muchas clases por su culpa, pero eso no me importó. Con el tiempo nos hicimos muy buenos amigos. A ella le dio mucho gusto cuando me aceptaron en el try-out para el equipo de Zacatecas e iba a todos los juegos en los que yo tiraba; cuando me hicieron relevista, asistía a todos los partidos del equipo porque no se sabía en qué momento podía entrar a lanzar.&lt;br /&gt;No obstante, ella era muy distraída para las fechas, y aunque la invité y le recordé varias veces que el viernes (no digo cuál) era mi cumpleaños, no fue a verme. Después me enteré de que es día estaba con mi mejor amigo, quien tampoco fue a la fiesta, en un hotel de paso. Yo había hecho planes para declarármele, pero no contaba con que esa noche ella conocería el sexo.&lt;br /&gt;Al día siguiente, cuando me contó lo sucedido, le recordé que había sido mi cumpleaños. Apenada, me dio un abrazo. No sé de dónde saqué fuerzas para abrirle mi corazón, ni por qué lo hice (siempre he sido muy inoportuno), pero le confesé lo que sentía y traté de besarla. Ella se limitó a responder que yo era un niño muy tierno –qué se creía, ya había cumplido diecinueve– y que por favor no insistiera más pues no quería perder esa imagen de mí. Después de eso se alejó de mí.&lt;br /&gt;Dos años más tarde, supe que tomó esa decisión para no herirme. Pero a mí me dolió más el que ella ya no fuera parte de mi vida, aunque sólo me viera como a un amigo.&lt;br /&gt;Narro esto porque era lo que estaba pensando cuando me enfrenté al primer hombre de la séptima. En cuenta de tres y dos lo ponché con un sinker que lo engañó por completo.&lt;br /&gt;Después de ese incidente decidí no fijarme nunca más en una mujer. Yo estaba pensando seriamente en hacer carrera en el béisbol. Mi padre reaccionó de manera favorable ante mi decisión: me dejó de hablar y me corrió de la casa (pudo haber sido peor, al menos no me pegó). Eso fue lo más duro a lo que me enfrenté en la juventud. Debido a que él decidió no apoyarme, tuve que irme a vivir con mis abuelos maternos.&lt;br /&gt;Ni siquiera cuando firmé un contrato con los Rieleros, después de haber jugado en sucursales y de prepararme un año en el Centro de Desarrollo de Beisbolistas, en El Carmen, Nuevo León, me perdonó.&lt;br /&gt;La última vez que lo vi, antes de irme a vivir a Aguascalientes, dijo que estaba desilusionado de mí, pues no había engendrado a ningún pelotero, y si quería su perdón, debería elegir entre el béisbol y él. Ya se imaginan qué decidí, y no me arrepiento. Poco después nos reconciliamos. (Para ser más exactos, ayer, diez años después del partido que les estoy contando.)&lt;br /&gt;El segundo bateador batalló bastante con mis lanzamientos, pero finalmente logré que elevara al short stop.&lt;br /&gt;Mentiría si dijera que no tenía amigos en Zacatecas. Sí los tenía, y no me refiero sólo a Cecilia y Javier, los fulanos de quienes les hablé hace dos outs, sino de mis vecinos Álvaro y Ana. Ellos son gemelos, y con una cara tan fea que no sabíamos si eran vegetales o minerales.&lt;br /&gt;Los tres compartimos muchas cosas: navidades, cumpleaños, la pubertad (Ana fue la primera en tener barba.) Yo los quería como si fueran de mi familia, y por eso me desilusioné tanto cuando no me apoyaron con un problema escolar que tuve.&lt;br /&gt;Estoy consciente de que ellos no estaban obligados a auxiliarme, pero me decepcionó la forma en que declinaron brindarme su apoyo. Para mí era muy fácil mentirles para obtener su ayuda y así librarme del problema, pero preferí ser honesto, tal y como fui educado.&lt;br /&gt;En un principio, ellos accedieron a ayudarme. Después cambiaron de opinión. Todos tienen derecho a hacerlo, pero nunca me avisaron. Y no sólo fue eso, sino que además se escondieron de mí. Se negaban por teléfono, o me colgaban si ellos eran los que contestaban. Cuando iba a su casa no me recibían.&lt;br /&gt;Lo peor no fue eso. Lo que en verdad me decepcionó fue que mi papá se negó a darme la razón. Él me dijo que yo era quien había cometido la falta al querer aprovecharme de su amistad. Yo le hice notar que había actuado con honestidad, que nunca les oculté nada, pues para mí era muy fácil engañarlos para que me ayudaran sin darse cuenta. Pero él siguió en las mismas: el traidor y quien debía disculparse era yo. Ellos no tenían por qué soportar mis problemas.&lt;br /&gt;En tres lanzamientos, tres rectas, liquidé el último tercio de la entrada de la suerte. Mis compañeros, en cambio, llenaron las bases, pero el lanzador de los Azules apretó el brazo y no pudimos anotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA OCTAVA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que se aburran con la vida de Ortiz, les voy a hacer un favor y ahora yo voy a platicar lo que resta del juego.&lt;br /&gt;Ese día jugué en la posición número dos, catcher. Yo era quien llamaba las pitcheadas que Ortiz tiraba, y sabía qué le estaba funcionando y qué no.&lt;br /&gt;En el dugout estábamos conscientes de lo bien que estaba tirando, a pesar de sus descuidos en la cuarta y quinta entradas. Alvin, el pitcher programado para lanzar en Coatzacoalcos en caso de que hubiera un sexto juego, me señaló algo de lo que ya me había percatado.&lt;br /&gt;Después de esa plática en el montículo, los lanzamientos de Ortiz mejoraron notablemente. Le comenté al “jefe” lo que Alvin y yo notamos y éste, para que Ortiz se molestara un poco, mandó al bullpen a un zurdo y a un diestro.&lt;br /&gt;Cuando Ortiz se dio cuenta, me dijo que no sabía por qué ponían a calentar a los relevistas. Él no se sentía cansado y podía continuar (claro que no estaba cansado, era un niño de 23 años, a esa edad uno no se cansa).&lt;br /&gt;–A lo mejor tiene miedo de que te lesiones y en cualquier momento te releva –le hice notar.&lt;br /&gt;–Con lo bien que estoy tirando –presumió Ortiz.&lt;br /&gt;–Bájale. Estás haciendo un esfuerzo mayor al de siempre. En cualquier momento te puedes cansar el brazo, o peor, lastimarte.&lt;br /&gt;–Todavía tengo fuerza.&lt;br /&gt;–A lo mejor deberías de empezar a tirar bolas submarinas.&lt;br /&gt;–¿Por qué? Mis demás pitcheadas están funcionando.&lt;br /&gt;–Pero te ves muy amanerado cuando tiras por debajo del brazo; danos chance de reír un rato.&lt;br /&gt;El último out del cierre de la séptima cayó y salimos al campo. A Ortiz no le agradó nada mi comentario y en sus ojos, mientras tiraba sus ocho lanzamientos de calentamiento, se veía que estaba muy molesto. Cuando recibí su octavo disparo, en vez de lanzar la bola a la segunda base, fui trotando al montículo y se la di a Ortiz en la mano, a la vez que le dije:&lt;br /&gt;–¿Sabías que en una revista médica salió que comer un chocolate le produce al cerebro la misma sensación que el tener relaciones sexuales?&lt;br /&gt;–¿Y a mí qué me importa? –respondió Ortiz sorprendido.&lt;br /&gt;–No, nomás te cuento. Por cierto, he notado que tienes muchos granos en la cara.&lt;br /&gt;Eso fue más que suficiente. Los bateadores de los Azules no le encontraron la pelota, y por primera vez en el juego, Ortiz logró un scond de ponchados: dos de ellos tirándole, y el tercero vio pasar el último strike. Estábamos a una entrada de la victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARTE BAJA DE LA OCTAVA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El marcador se encontraba tres a cero a nuestro favor. Ortiz estaba lanzando el mejor juego de su vida, pero teníamos que darle una mayor ventaja. Para animar al público, el sonido local tocó el tema “Rock and roll 2” y los fanáticos se unieron a la canción con sus gritos. El ambiente era inmejorable, y ahora, ante un nuevo pitcher de los Azules, teníamos que timbrar más carreras.&lt;br /&gt;Abrimos la entrada con un triple, después yo conecté un elevado al jardín central y, en pisa y corre, el corredor de tercera anotó la cuarta carrera. Después de un sencillo, una base intencional y un ponche, un doblete impulsó dos más. El siguiente hombre fue dominado en rola a las paradas cortas. Nuestro rally fue de tres carreras.&lt;br /&gt;La pizarra ahora marcaba lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;---------------123--456--789--C-H-E&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;AZULES------000--000-00----0-0-0&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;RIELEROS---200--010--03---6-8-0&lt;br /&gt;-&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;LA NOVENA ENTRADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era hora de terminar el juego. La fuerza de la costumbre hizo que nuestro manager le dijera a Ortiz: “Ve y gánate otro salvamento”. Ortiz, divertido por el error de nuestro “jefe”, soltó una risita que podía amenazar su hazaña y el campeonato.&lt;br /&gt;Para asegurarme de que esto no sucediera, me le acerqué y le dije:&lt;br /&gt;–Por ahí dicen que tu hermana se ha acostado con todo el infield del equipo.&lt;br /&gt;–¿Quién dijo eso? –reclamó Ortiz ofendido.&lt;br /&gt;–Tranquilo, son puras habladas.&lt;br /&gt;–¿Entonces por qué me lo dices?&lt;br /&gt;–Perdóname, creí que ya lo sabías.&lt;br /&gt;–Olvídalo.&lt;br /&gt;–Yo no creo que eso sea cierto, tu hermana está muy fea. Nadie tendría deseos de dormir con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Playball!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos a punto de abrir la novena entrada. Oigan el ambiente en el estadio. La gente aplaude y grita al ritmo de “Transilvania” mientras Ortiz realiza sus disparos de calentamiento. Ya está listo y se prepara para concluir con el juego.&lt;br /&gt;El manager de los Azules ha mandado un emergente a la caja de bateo. Se trata del venezolano Archibaldo Montes. Ortiz toma la señal del catcher, lanza, bola uno. Se quedó un poco arriba. Ya viene el pitcher, presenta la bola, dispara, roletazo a la tercera base. A guante volteado el antesalista toma la pelota, tira a la inicial, y por la ruta cincuenta y tres cayó el primer out. Sólo faltan dos outs para que todo termine y el manager de Coatzacoalcos sigue moviendo sus piezas. Ahora trae a un zurdo para enfrentar al diestro de tan sólo veintitrés años. Se trata del número 31, Óscar Cervantes.&lt;br /&gt;Se prepara Ortiz. Rechaza una, dos señales, ahora sí acepta. Presenta la pelota, dispara, primer strike. Cervantes aguantó todo el camino y dejó pasar esa curva. Ortiz hace contacto con la placa, se prepara, viene al plato, strike dos. Lo sorprendió con ese slider y ya lo tiene contra la pared. Ahora Ortiz rompe el contacto con la placa, toma el saco de brea y ya está listo. Realiza su wind up, pelota submarina y abanica el tercer strike. Los Rieleros están a un out de conseguir el campeonato.&lt;br /&gt;Parece que viene otro emergente. Así es, se trata de Álvaro Narváez. Ortiz tira... abajo y afuera. Ese tirabuzón desarrolló demasiado. Viene de nuevo Ortiz. Alta, dos y nada la cuenta para el bateador. El receptor pide tiempo y va a platicar con su pitcher. Por si las dudas, el manager ya tiene listos a dos relevistas, aunque no creemos que sustituya a Ortiz; la ventaja es de seis carreras, además de que ha realizado una labor inmejorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué estás haciendo?, puedes tirar mejor que eso.&lt;br /&gt;–Discúlpate por lo que dijiste de mi hermana.&lt;br /&gt;–Yo sólo dije la verdad.&lt;br /&gt;–Ella no está fea.&lt;br /&gt;–¿Cómo no? Si es igualita a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha terminado la plática en la lomita. Ortiz toma la señal de su catcher. Lanza. Narváez conecta un elevadito por la inicial. Ésta podría ser la última jugada del año. El primera base busca la pelota. Está en terreno de foul. ¡La atrapó! ¡Los Rieleros de Aguascalientes son los nuevos campeones de la Liga Mexicana! ¡Qué final de serie! Ortiz nos ha regalado la máxima hazaña a la que un pitcher puede aspirar: ¡un juego perfecto! Los hidrocálidos ya saltaron al terreno de juego para celebrar el título y la joya de pitcheo del novato Ortiz. Quién iba a pensar que este jovencito, que no está acostumbrado a abrir juegos y que apenas está en su segunda temporada, nos iba a regalar esta maravillosa actuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DESPUÉS DEL JUEGO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto el primera base atrapó el globito, todos corrieron para celebrar. Se abrazaron. Los fotógrafos los rodeaban con los flashazos de sus cámaras. Era un sueño que por fin realizaban. Eran campeones otra vez. Después de tanto tiempo, los Rieleros de Aguascalientes conseguían otro gallardete.&lt;br /&gt;A la altura de la segunda base se levantó el podio para que el presidente de la Liga les entregara el trofeo. Los Azules poco a poco se iban a los vestidores. Los Rieleros celebraban, pero el héroe del partido no estaba en ese momento con ellos. En cuanto cayó el último out y el resto del equipo saltó al campo, Ortiz evadió a sus efusivos compañeros, tomó un bat y se fue a los vestidores, donde se dedicó a golpear los casilleros, bancas y todo lo que tuviera a la mano.&lt;br /&gt;Mientras tanto, el encargado de la utilería del equipo le informó al manager la manera como Ortiz se estaba desahogando. El timonel de la escuadra hidrocálida sólo pudo decir:&lt;br /&gt;–El día que éste pierda la virginidad, nos quedamos sin pitcher.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;FIN &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Para los múltiples lectores a este blog que me lo han preguntado, éste es el primer cuento que escribí.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Un fragmento de este cuento fue leído en el verano de 1998 en la Casa del Lago. Aún no entiendo por qué, pero la gente se rió.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Punto de partida&lt;/em&gt;, núm. 107, México, UNAM, marzo-abril de 1998, pp. 24-34.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Mejía Eguiluz, Diego, &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt;, México, Ostraco, 2005.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-6935960380678869747?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/6935960380678869747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=6935960380678869747' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6935960380678869747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6935960380678869747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/03/pelota-caliente.html' title='Pelota caliente'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-94979798321193470</id><published>2008-02-29T23:45:00.001-08:00</published><updated>2008-02-29T23:49:43.359-08:00</updated><title type='text'>El babyshower</title><content type='html'>OCHO MESES ANTES DE QUE EMPIECE NUESTRA HISTORIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin importar cuál sea su giro, en casi todas las empresas predomina el mismo ambiente: algunos trabajadores se llevan bien entre sí, otros tienen enemistad con sus compañeros, y nunca faltan los chismes que destrozan la reputación de los implicados. A pesar de ser una empresa con sólo cuarenta empleados, tres directores y un dueño, la Organización General de Textiles no es la excepción.&lt;br /&gt;            De todos los chismes que han circulado en los pasillos de esta empresa, el que más resonancia ha tenido es aquel que dio a conocer que María Ana, la chava más codiciada de la empresa, estaba embarazada. Todas las sospechas cayeron sobre José Joaquín, quien había renunciado a esa empresa para trabajar en un banco que le ofrecía el doble de sueldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre es un mes en el que casi todas las empresas privadas dan vacaciones a sus empleados. Pero al dueño de la Organización General de Textiles esto no le importaba y ordenó a sus empleados que trabajaran todo el mes. A pesar de que casi no había nada importante por hacer, los trabajadores se comportaban como si fuera un día normal.&lt;br /&gt;            Para matar el aburrimiento, el personal del departamento decidió realizar una colecta; tenían el pretexto ideal:&lt;br /&gt;            –Es para el babyshower de María Ana –informaba Katia a todos los que cooperaban.&lt;br /&gt;            –¿Adónde y a qué hora hay que llegar? –preguntó Óscar, quien siempre estaba dispuesto a ir a una fiesta.&lt;br /&gt;            –Saliendo de aquí vamos a ir al súper a comprar botana y bebidas; luego nos vamos a su casa.&lt;br /&gt;            Katia terminó de juntar el dinero, lo contó, lo metió en un sobre y lo guardó en el escote de Prudencia.&lt;br /&gt;            –Al cabo que ahí nadie mete mano –explicó.&lt;br /&gt;            Antes de que Prudencia pudiera defenderse, se oyó:&lt;br /&gt;            –Aguas, ahí viene la chismosa.&lt;br /&gt;            La secretaria atravesó el área de ventas y entró en el privado del presidente de la empresa, quien, para variar, no se encontraba de buen humor.&lt;br /&gt;            –¿Ahora a quién va a acusar? –cuestionó Clarita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Aquí tengo la evaluación del personal de ventas –informó la secretaria a su patrón–. Con excepción de Castillo, nadie ha cumplido con los objetivos que se les trazaron.&lt;br /&gt;            –Habrá que despedir a algunos para que los demás escarmienten –resolvió el jefe.&lt;br /&gt;            –Eso no será posible. Recuerde que todos están sindicalizados, y para colmo se acerca la junta para negociar el nuevo contrato colectivo.&lt;br /&gt;            –¿Y ahora qué más van a exigir?&lt;br /&gt;            –Menos horas en su jornada.&lt;br /&gt;            –De acuerdo. Desde hoy les quitamos la hora de la comida y la hora de la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL LICENCIADO CASTILLO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castillo era un empleado ejemplar. Nunca llegaba tarde, salía dos horas después de lo establecido y su hora de comer duraba veinte minutos. Su trabajo se caracterizaba por lograr que los ingresos de la compañía se incrementaran. Su vida personal, en cambio, era un desastre. Casó a los dieciocho años con una mujer que después de tres años lo hizo perder la mitad del capital de su familia, motivo por el cual sus padres lo desheredaron y tuvo que trabajar para poder sobrevivir.&lt;br /&gt;            Cuando Castillo no pudo seguir comprando todo lo que su esposa le exigía, ésta lo abandonó.&lt;br /&gt;            Como esa mala experiencia lo convirtió en un miedoso para con las mujeres, durante los siguientes tres años sus pensamientos se centraron en el trabajo.&lt;br /&gt;            Cuando ingresó a la Organización General de Textiles conoció a Clarita y se enamoró perdidamente de ella. Sin embargo, nunca le confesó sus sentimientos y sólo se conformó con ser su amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Katia hablaba por teléfono con María Ana para avisarle a qué hora llegarían, Clarita se acercó a Castillo.&lt;br /&gt;            –Acabo de revisar los ingresos del último trimestre. Gracias a tu proyecto, éstos aumentaron un cuarenta por ciento.&lt;br /&gt;            Tras tartamudear y decir algunas incoherencias, Castillo puso en orden sus pensamientos y pudo decir:&lt;br /&gt;            –Qué bien.&lt;br /&gt;            –Eres un empleado muy valioso, deberías solicitar un aumento de sueldo. Estás en la categoría nueve del sindicato y ganas lo mismo que alguien de la categoría tres.&lt;br /&gt;            Apenado por tantos cumplidos, Castillo no supo qué contestar y se limitó a sonreír. Clarita correspondió a su gesto y le acarició el cabello. Castillo tuvo que fumar un cigarro para no desmayarse.&lt;br /&gt;            Mientras apagaba la colilla, Castillo meditó en las palabras de Clarita y decidió ir a la oficina del dueño de la empresa para solicitar el merecido aumento. Antes de tocar la puerta del despacho, lanzó una última mirada a Clarita y suspiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Adelante –dijo el presidente de la compañía–. ¿Qué desea? –agregó el jefe cuando Castillo entró.&lt;br /&gt;            –Buenos días, señor.&lt;br /&gt;            –Tome asiento, Castillo. ¿Qué se le ofrece? –preguntó el mandamás, al tiempo que le hacía una seña a su secretaria para que le diera unos papeles que tenía que firmar.&lt;br /&gt;            –Pues verá –comenzó Castillo un poco nervioso–. Una de mis obligaciones aquí es el desarrollar proyectos que ayuden al crecimiento de...&lt;br /&gt;            Las palabras de Castillo tenían un efecto somnífero en el dueño y su secretaria. Todo lo que decía pasaba desapercibido, pero su última frase sí provocó una gran reacción:&lt;br /&gt;            –Por eso quiero pedirle un aumento de sueldo.&lt;br /&gt;            –¡Usted está loco! ¿Cómo se atreve a pedir semejante cosa? ¡Lo voy a matar!&lt;br /&gt;            Castillo quiso huir, pero con las prisas tropezó con una silla y cayó al suelo. Cuando se levantó, su jefe lo estaba encañonando. Paralizado por el miedo, Castillo alcanzó a decir en voz muy baja:&lt;br /&gt;            –Perdón, señor.&lt;br /&gt;            El presidente de la empresa no tuvo piedad con su empleado estrella y jaló del gatillo. De la pistola salió una banderita que decía “¡BANG!”. El jefe y su secretaria comenzaron a reír a carcajadas.&lt;br /&gt;            –Ahora márchese. A lo mejor el próximo disparo es de verdad –amenazó el patrón tratando de contener la risa. Cuando Castillo estaba por salir del despacho, el jefe lo detuvo–: No creas que no me simpatizas. Puedes tomar un dulce –dijo mientras le extendía un tazón que tenía en su escritorio.&lt;br /&gt;            Desconcertado, Castillo tomó el caramelo y salió de la oficina. Tras él, salió la secretaria para prepararle un café al dueño. Una vez afuera, le dijo a Castillo:&lt;br /&gt;            –Debería sentirse halagado. El jefe sólo regala dulces a quienes considera como su brazo derecho.&lt;br /&gt;            Cuando se quedó solo, el presidente revisó los documentos que su secretaria le había dado y, como lo ha hecho desde que aprendió a escribir, los firmó con su mano izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castillo regresó a su escritorio y reanudó sus labores. Al verlo tan pálido, Clarita se acercó a preguntarle qué había sucedido.&lt;br /&gt;            –Me negó el aumento –dijo desconsolado Castillo.&lt;br /&gt;            –Lo siento –respondió Clarita y le dio un abrazo para consolarlo.&lt;br /&gt;            Castillo palideció aún más y sólo pudo decir:&lt;br /&gt;            –Además me amenazó de muerte.&lt;br /&gt;            –No te preocupes –comentó Clarita–, yo me encargaré de que se te haga justicia.&lt;br /&gt;            Antes de que pudiera agregar algo más, Clarita tuvo que regresar a su escritorio porque en ese momento se escuchó una voz de alerta:&lt;br /&gt;            –El jefe, el jefe.&lt;br /&gt;            –Compañeros, acabo de revisar sus evaluaciones –informó visiblemente molesto el dueño de la Organización–. Estos resultados son una vergüenza. Desde hoy se van a emplear medidas drásticas para recuperar la disciplina. Éstas irán desde el control de idas al baño, hasta la implantación de cámaras de video para vigilar que en verdad trabajen –el jefe estaba a punto de retirarse cuando agregó–: Por cierto, en respuesta a su demanda de menos horas, les informo que a partir de hoy se cancelan la hora de la comida y de la salida.&lt;br /&gt;            En cuanto el jefe regresó a su despacho, los empleados comenzaron a quejarse.&lt;br /&gt;            –Ahora cómo le decimos a María Ana que no podemos ir al babyshower –dijo desilusionada Katia.&lt;br /&gt;            –Eso es lo de menos. Ahora no vamos a poder salir de aquí –se quejó Óscar.&lt;br /&gt;            Clarita fue la única que no perdió la calma:&lt;br /&gt;            –Tenemos que hablar al sindicato para que solucionen este problema. Por algo pagamos tantas cuotas.&lt;br /&gt;            La confianza regresó a sus compañeros, quienes optimistas exclamaron:&lt;br /&gt;            –¡Sí vamos a poder ir al babyshower!&lt;br /&gt;            –¡Qué bueno! Me muero de ganas de ver a María Ana –agregó Prudencia, la más cursi de toda la oficina.&lt;br /&gt;            Eugenio fue quien más se emocionó con la idea y comenzó a decir muchas cosas sin sentido acerca de la justicia, la democracia, la matanza de Río Blanco y sus compañeros tuvieron que callarlo.&lt;br /&gt;            –¿Alguien se sabe el teléfono del sindicato? –preguntó Castillo.&lt;br /&gt;            –Yo lo tengo –informó Eugenio, apuntó el número en un papel y se lo dio a Óscar.&lt;br /&gt;            –¿Y por qué me lo das a mí? Llama tú –replicó Óscar.&lt;br /&gt;            –Es que estoy atrasado con mis cuotas –confesó Eugenio–. Que hable Prudencia.&lt;br /&gt;            –Yo tampoco he pagado –respondió Prudencia apenada.&lt;br /&gt;            Después de discutir durante diez minutos, y de que salió a la luz que casi nadie estaba al corriente en sus pagos, Castillo dijo:&lt;br /&gt;            –Yo sí he pagado, dame el número.&lt;br /&gt;            Castillo tomó el papel, descolgó el teléfono y marcó. Todos se sintieron invadidos por una sensación de confianza.&lt;br /&gt;            Mientras sus compañeros planeaban qué llevarían al babyshower, Castillo era hipnotizado por la música de espera que se escuchaba en el teléfono. A su lado, Clarita lo miraba llena de admiración. Castillo también la observaba y en sus ojos podía leerse “bésame”. Aprovechando que nadie les prestaba atención, Clarita le dio un tierno beso en la mejilla. La mirada de Castillo ahora decía “ahí no, bestia”. En ese momento, Castillo escuchó una voz del otro lado del teléfono. Cuando ésta terminó de hablar, sólo pudo responder:&lt;br /&gt;            –No se preocupe, sigo esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aguardar durante veinte minutos para que le atendieran, Castillo le explicó al líder sindical cuál era el problema y solicitó su presencia en la oficina. El líder puso la llamada de Castillo en espera mientras reflexionaba qué hacer. Diez minutos después, anunció que se dirigía hacia la empresa. El optimismo aumentó en los trabajadores de la organización.&lt;br /&gt;            Cuando el dirigente llegó, cometió el error de pedir que le explicaran de nuevo qué sucedía. Todos quisieron hablar al mismo tiempo y sus voces se atropellaban. Finalmente, Clarita puso orden y le cedió la palabra a Castillo, quien explicó con lujo de detalles la situación por la que atravesaban. Finalizada la exposición de Castillo, el líder decidió defender a sus agremiados e irrumpió en la oficina del dueño. Todos estaban seguros de que su situación se solucionaría de manera favorable.&lt;br /&gt;            La reunión del líder con el mandamás duró dos horas, en las cuales, para matar el tiempo, Prudencia elaboró una lista de nombres para el bebé; Katia calculó cuánto les costaría la botana; Eugenio pensaba en los juegos que podrían realizar en la fiesta –todos de carácter erótico–, y Óscar rezaba por que el líder no se acordara de sus adeudos. Sólo Castillo y Clarita trabajaban.&lt;br /&gt;            Al término de la junta, el jefe anunció que habían llegado a un acuerdo.&lt;br /&gt;            –Su líder quiere decirles unas palabras –informó muy tranquilo el presidente.&lt;br /&gt;            –Compañeros agremiados: la lucha ha sido muy dura. Las fuerzas del imperialismo opusieron gran resistencia; no estaban dispuestas a ceder, pero la justicia ha triunfado. Sus intereses están a salvo conmigo. Yo les agradezco mucho la confianza que me tienen y que se vio reflejada en las últimas elecciones. Compañeros, debemos trabajar con esmero para sacar esta empresa adelante. Yo los invito a que redoblen los esfuerzos que ponen en sus labores y aumenten su productividad. Debemos recordar a aquellos que nos dieron patria y libertad: Hidalgo, Morelos, Madero, los Niños Héroes y Fernando Valenzuela. Esta compañía está al borde del abismo, pero si mejoramos nuestro rendimiento, juntos daremos un paso adelante.&lt;br /&gt;            La ovación no se hizo esperar. El líder agradeció los aplausos y se despidió dando la mano a los hombres y un beso en la mejilla a cada una de las mujeres. Una vez afuera, la secretaria le entregó al dirigente un sobre con un cheque y treinta monedas de cincuenta centavos para que las depositara en el parquímetro que había frente a su auto.&lt;br /&gt;            –Ya oyeron a su líder, pónganse a trabajar. No dejen que sus palabras y esfuerzo sean en vano –dijo el jefe y regresó a su despacho, no sin antes agregar–: no permitan que la ausencia de María Ana afecte a la compañía.&lt;br /&gt;            –Hemos sido muy egoístas, debería darnos vergüenza –dijo apenada Katia.&lt;br /&gt;            –Desde mañana no voy a llegar tarde –se propuso Óscar.&lt;br /&gt;            –Y yo ya no voy a ir tantas veces al baño –resolvió Prudencia.&lt;br /&gt;            –Castillo no tendrá ningún problema para cumplir, es el más responsable de todos –comentó Clarita llena de admiración.&lt;br /&gt;            Durante todo este tiempo, Castillo había permanecido en silencio. Por su mente pasaban muchas ideas, y cuando las puso en orden, dijo:&lt;br /&gt;            –Oigan, ¿qué Fernando Valenzuela no era una beisbolista?&lt;br /&gt;            –No seas tonto –lo regañó Eugenio.&lt;br /&gt;            –¿Y a qué hora vamos a salir? –cuestionó Katia.&lt;br /&gt;            –¿En verdad se nota mucho la ausencia de María Ana? –preguntó, ingenua, Prudencia.&lt;br /&gt;            –¡¡¡El babyshower!!! –gritaron todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su despacho, el jefe no podía dejar de reír. Aún no creía que hubiera sido tan sencillo solucionar el problema. “Ojalá y todo fuera así de fácil”, pensó.&lt;br /&gt;            Afuera, la desesperación aumentaba. El reloj marcaba las cuatro de la tarde, y sin hora de salida no podrían hacer las compras ni visitar a María Ana. Resignados, regresaron a sus labores. Castillo era quien peor se sentía: lo habían amenazado de muerte, no le dieron el aumento de sueldo y no podría ver a María Ana, a quien quería como la hermana que nunca tuvo. Pero lo que más le dolía era haberle fallado a Clarita.&lt;br /&gt;            El teléfono de la oficina sonó. Era María Ana, quien llamaba para preguntar cuántos irían a la fiesta y a qué hora llegarían. Cuando escuchó la mala noticia, María Ana sólo pudo decir:&lt;br /&gt;            –Pues si en una de ésas pueden salir, vénganse un rato. Esto va para largo. Ya llegaron mis primos y unas amigas de la escuela.&lt;br /&gt;            –¿Hay algo peor que esto? –preguntó sollozando (y exagerando) Prudencia–. No sólo no voy a poder ver a María Ana, sino que hoy se cumple un mes de que me dejó mi novio para andar con mi hermana.&lt;br /&gt;            –¿Gabriel, el judicial? –preguntó Katia.&lt;br /&gt;            –¡Ya estuvo! Él nos puede sacar de aquí –exclamó Clarita y se acercó a Castillo para explicarle su idea–: El jefe te amenazó de muerte. Sólo tenemos que levantar una denuncia y con eso podremos salir de aquí.&lt;br /&gt;            Todos estuvieron de acuerdo en que el ex novio de Prudencia era el indicado para solucionar el problema, y convencieron a Prudencia para que le hablara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cinco y media llegaron el judicial Gabriel y un ayudante suyo, quienes asombrados escucharon las acusaciones que Castillo formuló en contra del presidente de la compañía.&lt;br /&gt;            –Si lo que dices es cierto, muchacho, tu jefe puede ir al tambo –explicó Gabriel–. ¿Cuál es tu nombre?&lt;br /&gt;            –Carlos Arturo Sergio Trinidad Ignacio Luis López Ortiz, pero me todos dicen Castillo porque son mis iniciales.&lt;br /&gt;            –Muy bien, Carlos Arturo Sergio... Castillo. ¿Estás dispuesto a levantar la denuncia? –preguntó a la vez que le indicaba a su ayudante que tomara nota de su testimonio.&lt;br /&gt;            –Sí, señor.&lt;br /&gt;            La secretaria, al percatarse de lo que pasaba, entró asustada en el privado del dueño.&lt;br /&gt;            –Ahora sí nos van a chingar, jefe.&lt;br /&gt;            –No exageres.&lt;br /&gt;            –Trajeron a un judicial y Castillo le está contando lo de la pistola y la amenaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ayudante del judicial Gabriel se dirigió hacia una de las máquinas de escribir para tomar la declaración de Castillo. Antes de que éste diera su testimonio, el jefe salió de su despacho y le pidió a Castillo que entrara. Todos se miraron convencidos de que habían ganado la batalla; tal vez hasta conseguirían un aumento de sueldo. De no ser así, procederían con la denuncia para ver encarcelado a su patrón. Ya daban por hecho tanto el asistir a la fiesta como el aumento. Antes de cerrar la puerta de la oficina, Castillo vio a Clarita y sonrió.&lt;br /&gt;            Mientras esperaban la salida de Castillo, Gabriel le pidió a Prudencia que le dijera a su hermana que pasaría por ella a las nueve de la noche, Eugenio y Óscar pensaban cómo podrían ligarse a las amigas de María Ana y Clarita charlaba con Katia acerca de lo atinado que había sido dejar todo en manos de Castillo.&lt;br /&gt;            Adentro, Castillo actuaba sin miedo. Normalmente se hubiera comportado sumiso, incluso rogaría para no ser despedido, pero la presencia del judicial Gabriel y de Clarita afuera del despacho lo hacían sentirse confiado. Antes de que pudiera decir palabra alguna, el jefe sacó un sobre en el que se encontraban tanto su contrato como su último recibo de pago.&lt;br /&gt;            –¿Le parece bien gerente y sueldo de empleado de confianza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;XI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos aguardaban la salida de Castillo. Cuando éste apareció, se dirigió al judicial Gabriel:&lt;br /&gt;            –Todo ha sido un malentendido. No tengo nada que declarar.&lt;br /&gt;            –En ese caso mi presencia no es necesaria –fue la fría respuesta de Gabriel. Tomó su saco y abandonó el edificio con su asistente.&lt;br /&gt;            Castillo buscó consuelo en la mirada de Clarita, pero ella era la más desconcertada de todos.&lt;br /&gt;            El jefe salió de su despacho y le dijo a Castillo:&lt;br /&gt;            –Vete a tu casa a descansar. Necesito que mañana llegues a primera hora para la junta de producción, gerente Castillo.&lt;br /&gt;            “Qué poca madre”, pensaron sus compañeros.&lt;br /&gt;            Castillo se acercó a Clarita, quien se limitó a detenerlo con la mano, lo miró por última vez y se fue al baño.&lt;br /&gt;            Todos regresaron a sus labores.&lt;br /&gt;Castillo recogió sus cosas y salió del edificio. Pensó en ir un rato al babyshower para saludar a María Ana, pero estaba muy cansado y prefirió irse a dormir.&lt;br /&gt;Además, al día siguiente tenía que asistir a su primera junta de producción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Este texto originalmente era una obra de teatro escrita en conjunto con un compañero de estudios teatrales. Como obra, esta pieza vio la luz en 1996. Dado que nunca se montó, y como un año después me alejé del teatro para dedicarme al periodismo y, posteriormente, a la edición, opté por reescribirla, ahora como cuento, en 1999. El resultado tal vez no sea el mejor, pero pues tenía que subir algo al blog para mantenerlo actualizado. XD ñ.ñ&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-94979798321193470?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/94979798321193470/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=94979798321193470' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/94979798321193470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/94979798321193470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/02/el-babyshower.html' title='El babyshower'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-6791937335284809484</id><published>2008-02-24T20:20:00.000-08:00</published><updated>2008-02-24T20:32:36.068-08:00</updated><title type='text'>El último juego</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;A Morelos, Leticia y Leonardo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La vida de un relevista puede ser muy aburrida, sobre todo si no se es el cerrador del equipo, pero tengo que admitir que existen peores formas de subsistir.&lt;br /&gt;Llevo más de quince años en el béisbol, siempre con los Rieleros de Aguascalientes, y he visto de todo: campeonatos, fracasos, el estadio vacío, admiradores. Aún recuerdo cuando era el lanzador estelar del equipo; los cronistas alguna vez escribieron que los días que pitcheaba, el triunfo estaba asegurado.&lt;br /&gt;Durante seis años consecutivos obtuve el premio al Pitcher del Año, en dos ocasiones fui el Jugador Más Valioso de la Liga, y una vez el Jugador Más Valioso de la Serie Final. Incluso hace dos años, cuando todos pensaban que estaba acabado, tanto por la edad como por las lesiones, tuve una muy buena campaña y fui elegido el Retorno del Año.&lt;br /&gt;Mis compañeros se sorprenden porque sólo he jugado con un equipo, mientras que varios de ellos, a pesar de que tienen menos tiempo en la Liga, han estado en más de tres escuadras. Casi todos los equipos me ofrecieron sueldos millonarios y contratos multianuales para que me integrara a sus filas, pero no acepté. Y es que no sólo he pasado toda mi vida en Aguascalientes, sino que mi esposa y mis hijos también son hidrocálidos (puedo decir que soy muy afortunado: de niño, mi sueño era formar parte de los Rieleros, y lo logré).&lt;br /&gt;Pero ya estoy viejo, y aunque el cuerpo es un idiota que hace cuanto la mente le ordena, mi brazo ya no puede tirar strikes. Desde el segundo mes de esta temporada, todos los días son iguales. ¿Por qué no tiré una recta en lugar de una curva? ¿Cómo pude perder una ventaja de siete carreras ante uno de los peores equipos?&lt;br /&gt;Desde hace un año vivo en el bullpen junto a varios lanzadores que esperan una oportunidad para integrarse a la rotación abridora; en verdad son pocos los que están a gusto con el papel de pitcher de relevo. Yo estoy incómodo, pero porque ya no me dejan jugar.&lt;br /&gt;Ha sido muy difícil acostumbrarme a estar de este lado del campo; no es lo mismo platicar con los aficionados que se sientan detrás del dugout y te piden un autógrafo, que soportar a los villamelones que van a emborracharse a las gradas de los jardines. Varios de mis compañeros tienen una gran facilidad para contestar los insultos de esa gente; yo permanezco callado.&lt;br /&gt;Antes me encantaba la práctica previa al partido. Los periodistas me asediaban para que les concediera entrevistas, algunos niños se acercaban para que les firmara pelotas o cuadernos, y varias jovencitas muy guapas querían tomarse una fotografía conmigo. Los managers que he tenido a lo largo de mi carrera intercambiaban conmigo puntos de vista acerca de nuestro rival en turno; ahora sólo me piden que realice los ejercicios de calentamiento para no dar un mal ejemplo a los demás. Lo único que no ha cambiado es que los novatos siguen solicitándome consejos sobre cómo lanzar mejor.&lt;br /&gt;Hoy es el último juego de la temporada. Lamentablemente, este año no pudimos calificar a los playoffs (de nada sirvió lograr récord ganador), por lo que el mandamás del equipo va a probar a varios novatos que pueden ser de utilidad el año entrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–Esteban, el partido de hoy es muy importante; Rieleros está a dos juegos del primer lugar; y hoy abren serie de tres juegos contra los Mineros de Coahuila, los líderes de la zona, ¿cómo se siente el equipo ante este compromiso que es crucial para sus aspiraciones de llegar a los playoffs?&lt;br /&gt;–Mira, mentiría si te dijera que nos sentimos tranquilos. Todos estamos conscientes de que la temporada se va haciendo cada vez más corta, y si no nos reencontramos con la victoria, nos podemos quedar fuera de las finales. El manager confía en nuestra capacidad, nos lo ha dicho, y nos dice que no dependemos de nadie más para lograr la calificación.&lt;br /&gt;–Usted ha sido anunciado para abrir el segundo juego de la serie, ¿qué pasa por su mente en un momento como éste?&lt;br /&gt;–Mira, la verdad procuro mantener la mente en blanco hasta la hora del juego. Hoy me toca llevar la contabilidad de los pitcheos que haga mi compañero Raúl, y ahí es donde voy a fijarme de qué manera tengo que trabajar al rival cuando me toque lanzar.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;“Damas y caballeros, el orden al bat de los Rieleros de Aguascalientes es el siguiente...”&lt;br /&gt;El sonido local está terminando con la presentación de los equipos. Fue buena idea el no cobrar la entrada para que los aficionados vengan a la clausura de la temporada. El parque está lleno.&lt;br /&gt;Algo con lo que tenemos que lidiar los relevistas es el buscar una manera de entretenernos. Mis compañeros gustan de jugar trivia, bailan con la música que ponen entre uno y otro inning, se dedican a mirar a las muchachas que están en la tribuna, en fin, hacen lo que sea con tal de no aburrirse; yo prefiero ver el partido, porque nunca se sabe en qué momento llegará la orden de calentar el brazo.&lt;br /&gt;–Don Esteban, no sea aguado. Venga a cotorrear con nosotros, es el último día –me dice uno de los novatos del equipo.&lt;br /&gt;¿Por qué no aceptar la invitación? Posiblemente varios de ellos no estarán en el equipo el año que entra; además, el juego de hoy es de mero trámite.&lt;br /&gt;–Cuéntenos cómo era el béisbol cuando usted era novato.&lt;br /&gt;–No seas irreverente, no estoy tan viejo.&lt;br /&gt;–¿Cómo cree, don Esteban? Es sólo que muchos de nosotros no nos dedicábamos a esto cuando usted debutó.&lt;br /&gt;–¿Dedicarnos? Mira, esto no es un oficio cualquiera. Es un juego, y así hay que verlo. Sé que lo importante es ganar, que para eso nos pagan, pero si no nos divertimos, si olvidamos que somos adultos en un juego de niños, ¿cómo vamos a hacer una buena carrera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–Déjame ser franco contigo, Esteban. Eres un símbolo dentro de la organización, los muchachos te admiran, creo que escuchan tus consejos con más atención que la que le ponen a sus familias. Pero ya estás viejo. No podemos permitir que te dañes más el brazo; no seas necio, hombre, acepta el puesto de coach. ¿Quién sabe?, a lo mejor hasta puedes llegar a ser manager del equipo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El partido ha sido muy reñido. Nuestro abridor se lesionó en la segunda entrada, y desde entonces hemos utilizado cuatro lanzadores más. En el bullpen sólo quedamos un jovencito que está en su primera temporada y yo. Hace unos minutos sonó el teléfono del calentadero y el muchacho ya está poniéndose en forma para entrar a pitchear en la séptima.&lt;br /&gt;En el quinto episodio un niño me gritó, ante la mirada displicente de su padre:&lt;br /&gt;–Hey, anciano, apestas.&lt;br /&gt;–Bonita forma de educar a tu hijo –dije al papá del niño (debo reconocer que no soy muy bueno para contestar los insultos).&lt;br /&gt;–Pero tiene razón, apestas, ruco –argumentó el padre, dejándome callado.&lt;br /&gt;–Oye, oye –intervino uno de los catchers de reserva–, nosotros no nos quejamos cuando recoges nuestra basura a las seis de la mañana.&lt;br /&gt;No es muy agradable que alguien más saque la cara por ti, pero al menos ese señor ya se calló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–Esteban, esta campaña ha sido de grandes satisfacciones. Rieleros logró su cuarto campeonato en los últimos seis años, y usted ha sido designado el Retorno del Año, y además quedó en cuarto lugar en las votaciones para el Premio al Pitcher del Año. ¿Podemos suponer que, después de los logros conseguidos en esta temporada, seguirá en activo?&lt;br /&gt;–Mira, estoy mejor que nunca. Puedo decir que mi brazo va a durar, cuando menos, cuatro temporadas más. Sé muy bien que no soy un jovencito, pero el noventa por ciento de este juego se basa en la concentración, y créeme que la experiencia que tengo puede ser de mucha ayuda para el equipo.&lt;br /&gt;–¿Quiere decir con esto que su ingreso al Salón de la Fama deberá esperar, al menos, unos... nueve años?&lt;br /&gt;–Ahí sí depende de que ustedes, los periodistas, me elijan cuando llegue el momento.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Es impresionante el talento que tiene este chamaco. ¡Retiró la séptima entrada, la octava y la novena en quince lanzamientos!&lt;br /&gt;–Esteban, límpiate el formol y calienta; los extrainnings son tuyos –ordena el coach del bullpen. Ojalá y no fuera tan grosero.&lt;br /&gt;–No le haga caso, le tiene envidia porque él era un jugador mediocre. Usted, en cambio, siempre fue el mejor –dice el catcher de reserva para tranquilizarme.&lt;br /&gt;Supuestamente no debería tener problemas para calentar el brazo, pero la inactividad ha hecho que sienta los músculos como enredados. “Poco a poco, apenas va a batear nuestro equipo, tienes tiempo”, pienso.&lt;br /&gt;–Miren, resucitaron a la momia –grita uno de los aficionados.&lt;br /&gt;–No sueñes, no eres Ramón Arano –exclama uno más.&lt;br /&gt;“No les prestes atención, si te dijeron que vas a lanzar es por algo. Demuéstrales que aún puedes sacar tres outs sin problemas.”&lt;br /&gt;Ojalá y mi esposa hubiera venido, pero el menor de mis hijos está enfermo y no quería dejarlo solo con mi madre. Sé que está escuchando el juego por radio, me lo prometió: “No importa que no juegues, lo voy a oír para sentir que estoy cerca de ti”; yo también la quiero mucho, pero no soy tan cursi. Ya me imagino qué cara pondrá cuando los locutores digan que estoy preparándome para hacerme cargo de los extrainnings. De seguro y lleva la radio a donde están mis hijos para que sepan que su padre vuelve a la carga.&lt;br /&gt;Parte baja de la novena entrada. Alacranes de Durango y Rieleros de Aguascalientes empatados a cinco carreras. Mi brazo está despertando, siento que me dice: “¿Por qué te tardaste tanto?”. El coach del bullpen observa mis movimientos, atento. No es por presumir, pero creo que no he hecho ningún lanzamiento malo. Parece que ha regresado la velocidad que solía imprimirle a mi rápida, van más de tres ocasiones que hago tronar el guante del receptor. Escucho aplausos en las gradas, supongo que uno de nuestros jugadores logró un hit. Creo que ahora sí se me pasó la mano, porque aunque esté cubierto por la careta, veo que el rostro del catcher revela dolor cuando recibe la bola. Todos los fanáticos se han puesto de pie con el sonido de un golpe sólido. Guardan silencio. El coach me da la espalda. El catcher sólo alcanza a decir “lo siento, señor”; no puedo oírlo bien por los gritos de los aficionados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba por terminar mi calentamiento. ¿Por qué no me dieron chance? La pelota cayó a unos metros de mí. Volteo a ver la pizarra, ésta no miente: Alacranes 5, Rieleros 7. Mis compañeros en el dugout celebran. Los corredores pisan las almohadillas al tiempo que gritan de júbilo.&lt;br /&gt;El juego ha concluido.&lt;br /&gt;–No se tarden mucho en las regaderas –dice el coach del bullpen–, el jefe va a dar un discurso de despedida.&lt;br /&gt;Tres outs, sólo tres outs más y hubiera tenido la oportunidad de pitchear.&lt;br /&gt;Me pongo la chamarra y camino rumbo a los vestidores. Una voz me detiene:&lt;br /&gt;–Señor, ¿me da su autógrafo? –me pregunta un niño de aproximadamente seis años.&lt;br /&gt;Agarro la pluma que me extiende, y en vez de firmar en su libreta, estampo mi rúbrica en la pelota con la que estaba calentando, y luego en mi guante.&lt;br /&gt;–Tómalos –le digo al ponerlos en sus manos–. A mí ya no me van a servir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en los siguientes libros:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Torres, Morelos (comp.), &lt;em&gt;Aliento de sueños&lt;/em&gt;, México, Asociación de Escritores de México A.C., 2002, pp. 25-36.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Méjía Eguiluz, Diego, &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt;, México, Ostraco, 2005.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-6791937335284809484?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/6791937335284809484/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=6791937335284809484' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6791937335284809484'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6791937335284809484'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/02/el-ltimo-juego.html' title='El último juego'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-2885650025999192536</id><published>2008-02-02T22:34:00.000-08:00</published><updated>2008-02-02T23:01:19.884-08:00</updated><title type='text'>La que llega con el amanecer</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;I´m so tired of feeling lonely,&lt;br /&gt;I still have some love to give,&lt;br /&gt;Won´t you show me&lt;br /&gt;That you really care?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Traveling Wilburys&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;–No entiendo por qué se rieron de tus pendejadas, pero me alegra que les haya gustado –me dijo Fernando cuando terminó la función.&lt;br /&gt;–Tú eres el único que no comprende que soy un genio de la comedia. Pero ya verás cuando me hagan homenajes –respondí.&lt;br /&gt;–¿Dónde está tu novia? ¿A ella también le avergüenza que escribas películas tan chafas?&lt;br /&gt;–Terminó conmigo hace una semana.&lt;br /&gt;–Mmmta, eres un auténtico antídoto para el amor. Ya deja de enseñarles tus guiones. Es la tercera que espantas en lo que va del año, y apenas estamos en marzo.&lt;br /&gt;–Ya me parezco a ti –no quise seguir con esa plática y sugerí que fuéramos a un bar a celebrar que el estreno de mi película fue un éxito.&lt;br /&gt;Lo malo de ser guionista es que una vez que acaba la filmación, ya no tienes nada que hacer. Para no aburrirme, revisé mi cuaderno de notas para comenzar mi siguiente guión. Algunas de las ideas no eran malas, pero no terminaban de convencerme; otras sólo decían “muchacho (personaje inspirado en mí) quiere ligarse a muchacha y ella le dice que no”. Y tenía una que era la historia de un pastel cuyo anhelo era ser comido en una boda pero que termina en la basura porque nadie lo compró y se echó a perder. Estaba a punto de desistir y tomar alguna novela para hacerle una adaptación cinematográfica, cuando encontré una frase: “la que llega con el amanecer”. No era gran cosa, pero me inspiró para comenzar a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- INTERIOR/ DEPARTAMENTO/ DIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula está sentada en el comedor de su casa. Porta una playera y pantalones de mezclilla. Está descalza. Su departamento es chico, sólo tiene un comedor, un sillón y una mesa con un televisor. Hay algunas revistas tiradas en el suelo. Termina de desayunar un plato de cereal, deja la cuchara en el plato, gira para quedar frente a la cámara. Comienza a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PAULA: El amor no ha muerto, pero apesta un chingo. Tengo 29 años y nunca he tenido novio. Y no es que sea fea o aburrida, pero soy la clásica mejor amiga con la que no quieren andar para no perder la amistad. Claro, aquí está su pendeja para escuchar sus problemas. ¿Pero qué hay de los míos? Yo también me siento sola. Supe lo que era un beso a los quince años, y eso porque lo leí en una enciclopedia. No quiero seguir así. Me niego a abrir el libro de educación sexual para saber lo que es hacer el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era el mejor inicio para una película cómica, pero me servía para darle carácter al personaje.&lt;br /&gt;Después de escribir ese párrafo, pasaron dos semanas sin que se me ocurriera nada; cuanto anotaba, inmediatamente lo tachaba por carecer de gracia. La tercera semana, sin embargo, las ideas comenzaron a fluir y la historia tomó forma. Y aunque está mal que yo lo diga, prometía bastante.&lt;br /&gt;Paula trabajaría en la morgue como secretaria. Ese empleo lo consiguió el día que fue a identificar el cuerpo de un familiar y ante la tardanza de los encargados en llenar los papeles que debía firmar, se puso a ayudar a las secretarias del lugar. Como sabía mecanografía, era muy rápida para escribir, por lo que le ofrecen la chamba. Su vida social, obviamente, era un desastre. Sus únicos amigos eran los cadáveres que estaban en el anfiteatro, con quienes charlaba dos veces al día.&lt;br /&gt;Cuando llevaba la mitad del guión (y ya tenía resuelto en mi mente el resto de la trama), escribí una sinopsis, hice una presentación del proyecto y me reuní con el productor de mi película anterior, para ofrecerle la historia.&lt;br /&gt;–No está mal. Digo, para ser sólo un resumen, pinta bien. Me hizo reír en algunas partes. Confieso que me da un poco de miedo que no tengas definido el final, pero confío en ti.&lt;br /&gt;–Pues es cuestión de que se decida y firmemos el contrato.&lt;br /&gt;–Hagamos esto. Termina el primer borrador; si me gusta, te doy un anticipo. Corrige lo que sea necesario, y cuando esté la versión final, te pago el resto y buscamos director y actores para comenzar a filmar.&lt;br /&gt;Animado, regresé a casa para continuar escribiendo.&lt;br /&gt;Después de dos meses, terminé el primer borrador. En el transcurso de la historia, Paula se enamora de un escritor que la rechaza por tener mala ortografía. Intenta andar con un futbolista pero éste recibe un balonazo en los testículos y queda impotente. Finalmente, conoce a un abogado que le propone firmar un contrato para tener relaciones sexuales y registrarlo ante un notario. Las cláusulas, sin embargo, no la convencen, y decide olvidarlo y dedicarse sólo a su trabajo. Como se ganó la confianza de los muertos, éstos le dan ideas para mejorar la morgue y los sepelios, por lo que pone su propio negocio. Llevé el guión al productor y me dio el cheque.&lt;br /&gt;–Esta película puede tener más éxito que la anterior. Claro que aún hay detalles por corregir; le sobran algunas cosas y le faltan otras, pero no es mucho. Y necesitas trabajar más ese final. No convence.&lt;br /&gt;En eso tenía razón. Que Paula muriera porque tomó una siesta en una de las planchas de la morgue y el doctor se equivocara y le hiciera la autopsia no era creíble, ni gracioso. Pero no importaba, tenía el dinero y había firmado el contrato. Lo malo era que sólo me dieron dos meses para entregar la nueva versión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En la madre, ¿qué le quito, qué le aumento? ¿Cómo carajos la termino?” Esas preocupaciones me bloquearon y sólo pude agregar una escena en la que Paula sugiere a su jefe hacer la página en Internet de la morgue; pasé dos días frente a la computadora viendo el maldito cursor parpadear.&lt;br /&gt;–Ay, pinche Paula, ¿qué puedo hacer para mejorar tu historia? –grité al monitor.&lt;br /&gt;Lo que ocurrió después me quitó como dos años de vida: una mujer puso su mano en mi hombro y se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;–Primero deja de gritarme y vete a dormir; estás cansado. Mañana temprano platicamos de lo que le falla al guión.&lt;br /&gt;–¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?&lt;br /&gt;–Soy Paula. Me llamaste para que arreglemos la historia. Y créeme que necesita bastantes cambios. No mames, cómo me voy a morir de esa manera.&lt;br /&gt;Pensé que se trataba de una broma del productor.&lt;br /&gt;–Mire, señorita, dígale a su jefe que no me haga estos chistes. Sólo me dio dos meses para pulir el guión y no puedo perder el tiempo en tonterías.&lt;br /&gt;–El único jefe que conozco está muy contento con mi idea de hacer la morgue punto com; no sé de quién me habla.&lt;br /&gt;–¿Quién le contó eso? Nadie ha visto esa escena –cerré el archivo para que no espiara el guión.&lt;br /&gt;La mujer ya no estaba. Confundido, apagué la computadora y me fui a dormir.&lt;br /&gt;Convencido de que todo había sido producto del exceso de trabajo, me fui a Acapulco el fin de semana para descansar. Más relajado, el lunes ya estaba en casa listo para continuar mi trabajo.&lt;br /&gt;La mujer volvió a aparecer apenas abrí el archivo del guión.&lt;br /&gt;–A este paso no vas a acabar.&lt;br /&gt;–¿Quién eres?&lt;br /&gt;&amp;shy;–¿Todavía no crees que soy Paula? –respondió ella–. Primero me pides ayuda y ahora dudas de mí.&lt;br /&gt;Las puertas y ventanas de la casa estaban cerradas. No había posibilidad de que alguien se hubiera metido en la noche. Cerré de nuevo el archivo y ella desapareció. Intrigado, abrí el documento y de nueva cuenta ahí estaba, a mi lado.&lt;br /&gt;–¿Ahora sí me crees?&lt;br /&gt;Preferí no darle la razón y sólo le pregunté:&lt;br /&gt;–¿Según tú qué le falta a la historia?&lt;br /&gt;&amp;shy;–De entrada, no me mates de esa manera; nadie se va a reír. Y déjame tener un novio, eso haría mucho mejor la historia (al menos para mí). Y el título es malísimo. &lt;em&gt;La que llega con el amanecer&lt;/em&gt;, no mames. Suena a película de ficheras&lt;br /&gt;Y comenzó a dar un montón de sugerencias.&lt;br /&gt;Para ser un personaje ficticio, Paula hablaba bastante. Los siguientes días, apenas encendía la máquina aparecía y comenzaba a proponer escenas. Algunas eran malas, simples caprichos a los que no iba a ceder; en cambio, otras eran interesantes y mejoraron bastante el guión. Agregamos una secuencia en la que va con una compañera del trabajo a un café donde se presentaba un comediante y se siente atraída por él (me inspiré en mí para ese personaje). Al terminar su acto, Paula lo busca e intenta coquetearle, sin embargo es rechazada porque, además de ser casado, es alérgico al perfume de ella.&lt;br /&gt;Lo que seguía dando problemas era el final.&lt;br /&gt;–¿Por qué insistes en matarme?&lt;br /&gt;–De otra manera la gente pensará que eres una cobarde que no se atreve a cambiar su vida.&lt;br /&gt;–¿Y la solución es matarme? No seas flojo, piensa otro final.&lt;br /&gt;–¿Y si te enamoras de uno de los cadáveres y robas su cuerpo para que la familia no lo entierre?&lt;br /&gt;–Mejor sigo muerta.&lt;br /&gt;–Todavía falta un mes para entregar la versión definitiva. Tenemos tiempo para solucionarlo.&lt;br /&gt;–Lo malo es que luego te vas de vacaciones y dejas esto congelado.&lt;br /&gt;El teléfono sonó e interrumpimos la charla. Era el productor.&lt;br /&gt;–Acabo de colgar con Francisco Ortega, el que dirigió &lt;em&gt;Tercer piso&lt;/em&gt;, y está interesado en leer tu guión. Necesito una copia porque viene para acá.&lt;br /&gt;–Pero aún no termino.&lt;br /&gt;–No importa. Tráelo ahorita. Si Ortega acepta dirigirla, te aseguro que tendremos muy buena exhibición.&lt;br /&gt;Imprimí el archivo y salí a la oficina del productor, donde Ortega ya me esperaba. El famoso director ni siquiera me saludó; tomó el manuscrito y se fue a una sala contigua para leerlo. Dos horas después regresó a la oficina y declaró que aceptaba dirigir la película.&lt;br /&gt;–Solamente una cosa, muchacho –agregó–: cambia el final. Éste es muy malo. Por lo demás, creo que con mi toque maestro va a quedar algo digno de premio.&lt;br /&gt;Y sin decir más, salió.&lt;br /&gt;–¿Siempre es así? –pregunté.&lt;br /&gt;–Hoy vino de buenas.&lt;br /&gt;–¿No se irá a rajar?&lt;br /&gt;–No te preocupes por eso. Vete a trabajar, porque apenas firme contrato con él, hacemos los castings. Sé que te queda un mes de plazo, pero te voy a dar dos semanas más para que esto quede bien.&lt;br /&gt;A la semana siguiente comenzaron las audiciones.&lt;br /&gt;Para concentrarme mejor, le pedí a Fernando que me prestara su casa en Cuernavaca por dos semanas para trabajar sin que nadie me molestara.&lt;br /&gt;–Sólo un favor, no dejes ninguna copia del guión en la casa. Si alguien llegara a verlo pensaría que soy yo el que escribe esas pendejadas –me dijo cuando me dio las llaves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer día en Cuernavaca arreglé unos diálogos que estaban muy forzados y eliminé las escenas del abogado, pues eran una exageración. Paula no se me apareció en todo el día. Por la tarde fui a comprar comida enlatada para toda la quincena.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, en cambio, apenas comencé a trabajar en el final hizo acto de presencia. Obviamente, no reconoció dónde estábamos.&lt;br /&gt;–¿Otra vez de vacaciones? No tienes remedio.&lt;br /&gt;–No me podía concentrar en la ciudad, por eso vine aquí. Tenemos mes y medio para terminar tu historia.&lt;br /&gt;–¿Me voy a morir?&lt;br /&gt;–No sé. No sé.&lt;br /&gt;De nueva cuenta comenzó a dar un montón de ideas, pero ninguna me convenció y apagué la computadora.&lt;br /&gt;El tercer día tampoco pudimos resolver el final. Apenas salió de la computadora, portando un traje de baño, propuso que nadáramos un rato en la alberca de la casa.&lt;br /&gt;–Eres ficticia, ¿cómo vas a nadar?&lt;br /&gt;Pero no contestó nada, se fue a la piscina y se zambulló. Mientras, yo intenté escribir el final de la película, pero no dejaba de espiarla. Aunque fuera producto de mi imaginación, se veía muy bien en bikini y finalmente decidí acompañarla.&lt;br /&gt;–Cuéntame de ti –me pidió Paula.&lt;br /&gt;Era la primera vez que me dirigía la palabra sin regañarme por haberla matado o porque aún no terminaba el guión.&lt;br /&gt;Mientras nadábamos le conté parte de mi infancia. Al salir de la alberca, tomamos un rato el sol y seguí platicándole mi vida. Cuando nos dimos cuenta, era de noche. Abrí unas latas de atún y cenamos. (Nunca pensé que una mujer ficticia comiera tanto.)&lt;br /&gt;El resto de la estancia en Cuernavaca no fue nada productivo en el ámbito laboral, pero ocurrió algo muy curioso: nos hicimos buenos amigos. Todos los días platicábamos, nadábamos, comíamos juntos.&lt;br /&gt;De regreso en el D.F. fui a ver al productor, quien me mostró las fotos de quienes interpretarían a los personajes principales. Afortunadamente no habían elegido a nadie para el papel del abogado, así que no me reclamaron el que lo hubiera eliminado. La actriz elegida para el papel de Paula era una chava recién egresada de no sé qué academia de actuación. Una mujer realmente guapa que además estaba buenísima. Para mi sorpresa, decidieron que yo interpretara al comediante alérgico al perfume.&lt;br /&gt;Cuando llegué a casa y abrí el archivo del guión, Paula apareció y se veía exactamente igual que la actriz. Impresionado por esa transformación, la convencí de no escribir y jugamos toda la tarde Turista. Tal vez fue algo tonto proponerle ese juego, pero nos divertimos bastante.&lt;br /&gt;Al día siguiente, en cambio, se presentó ante mí muy enojada.&lt;br /&gt;–Grandísimo cabrón, me has usado todo este tiempo.&lt;br /&gt;–No te entiendo.&lt;br /&gt;–Anoche estuve platicando con tus demás personajes: los de tu otro guión, los de los cuentos, incluso con los de las ideas no desarrolladas. Con todos eres un desgraciado, siempre les va mal. ¿Sabías que tienen sentimientos y necesitan cariño?&lt;br /&gt;–¡…!&lt;br /&gt;–Y lo peor es que lo haces para desquitarte de tus fracasos amorosos.&lt;br /&gt;–¿Cuáles personajes? ¿Cuáles fracasos?&lt;br /&gt;–Tuvimos una fiesta en el disco duro y me contaron todo; incluso me enseñaron tu antiguo diario. Y pensar que me había encariñado contigo; hasta dejé que me vieras en traje de baño.&lt;br /&gt;Eso era demasiado para mí. Apagué la computadora y fui a ver a Fernando. Estaba demasiado molesto por su invasión a mi privacidad.&lt;br /&gt;–Méndigo personaje inventado, qué se cree. No tenía ningún derecho a leer ese viejo diario, ni a reclamarme por la manera en que escribo.&lt;br /&gt;–Ya sabes que a mí no me gustan tus historias, pero no por eso te dejo de hablar. Tal vez estaba enojada.&lt;br /&gt;–Es igual que todas.&lt;br /&gt;–Pero por lo que me dices ésta no es de verdad.&lt;br /&gt;–No, es el personaje que estoy escribiendo.&lt;br /&gt;–¿Estás seguro de que no te drogas? Déjame ver tus cigarros.&lt;br /&gt;“En la madre, ¿qué le estoy contando a este güey?”&lt;br /&gt;–No me hagas caso. Estoy frustrado porque no queda el guión. Perdóname, es sólo la presión. De seguro soñé lo que te acabo de contar.&lt;br /&gt;–¿Entonces no existe Paula? Porque nunca antes te había visto así por una mujer.&lt;br /&gt;–¡…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Cómo le digo? ¿Cómo le digo? Nomás la vi en bikini y platiqué con ella y ya me enamoré. Soy un caso perdido.”&lt;br /&gt;Llegué a casa y encendí la máquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;315.- INTERIOR / NOCHE / DEPARTAMENTO DE PAULA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula está sentada en el sillón de su casa. Viste un camisón y tiene una taza de café en las manos. Habla a la cámara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PAULA: Ya estoy harta de sufrir por amores no correspondidos. Anoche conocí a un abogado que me propuso acostarme con él, y estuve a punto de decirle que sí, pero me pidió que antes firmara un contrato donde me comprometía a no demandarlo por cualquier consecuencia derivada del acto. No lo pensé y lo mandé a la chingada. No porque no tenga a nadie en mi vida quiere decir que estoy desesperada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No está mal, pero espero que ése no sea el final. Sería algo muy débil –Paula asomó la cabeza por el monitor.&lt;br /&gt;–La verdad, no pretendo usar esta escena, sólo la escribí para que vinieras. Por favor sal. Necesito hablar contigo.&lt;br /&gt;–¿Qué quieres?&lt;br /&gt;–A ti. Te amo.&lt;br /&gt;–No mames, ¿por dos semanas de verme en bikini ya me amas?&lt;br /&gt;–No, es por lo que vivimos en Cuernavaca.&lt;br /&gt;–Pero no pasó nada. Sólo hablamos de ti.&lt;br /&gt;–Fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí bien.&lt;br /&gt;–Claro, porque fuiste el centro de mi atención.&lt;br /&gt;–No es por eso. En verdad te amo.&lt;br /&gt;–Soy ficticia.&lt;br /&gt;–Nadie es perfecto.&lt;br /&gt;–Yo no te puedo querer. No perteneces a mi mundo.&lt;br /&gt;–Yo creé tu mundo.&lt;br /&gt;–Por eso, eres como de mi familia. Peor aún, eres mi jefe. Nunca andaría con mi jefe.&lt;br /&gt;–¿Qué tiene de malo? Dame una oportunidad.&lt;br /&gt;–No. Me hiciste así y no voy a traicionar mi esencia.&lt;br /&gt;No dijo nada más. Se metió en el monitor y por más que pasé toda la noche escribiendo escenas para que regresara, no la vi de nuevo. Los siguientes dos días sólo pensé en ella. Ni me bañé y apenas comía. Lo único quería era tenerla a mi lado.&lt;br /&gt;Una semana después, al releer las últimas escenas, pensé en un par de finales que podían funcionar. Cuando me di cuenta, ahí estaba Paula. Quise abrazarla y besarla, pero antes de que intentara algo, habló:&lt;br /&gt;–Cuéntame de ese abogado que quería firmar ese contrato.&lt;br /&gt;–¿Qué quieres que te diga? Ya lo conoces.&lt;br /&gt;–No, sólo sé que estaba dispuesto a acostarse conmigo y sacó un contrato, pero no recuerdo nada.&lt;br /&gt;–Pero si estaba en la primera versión del guión.&lt;br /&gt;–Mentiroso, es la primera vez que lo mencionas.&lt;br /&gt;–En esta versión sí, pero en las escenas que borré…&lt;br /&gt;Cerré el archivo para que desapareciera. Había descubierto algo que podía utilizar para que se enamorara de mí.&lt;br /&gt;Pasé todo el día reescribiendo la película, modifiqué sus valores e hice de ella una mujer enamorada y dispuesta a todo con tal de ser mi novia. Cuando terminé, ahí estaba. Vestía un baby doll. Se acercó y me abrazó.&lt;br /&gt;–Hazme tuya –dijo.&lt;br /&gt;Antes de que pudiera besarla, apareció otra Paula.&lt;br /&gt;–Qué poca madre. No te creí capaz de algo así.&lt;br /&gt;–¿Quién eres? –pregunté, aunque ya sabía la respuesta.&lt;br /&gt;–Soy la Paula de la versión original. Ella es la del nuevo guión.&lt;br /&gt;Paula apagó la computadora y vi cómo desaparecieron las dos.&lt;br /&gt;Nunca se me ocurrió guardar esa nueva versión del guión y la Paula dispuesta a todo no volvió a aparecer. Lo peor de todo fue que la original no olvidó eso y me castigó toda una semana con su ausencia.&lt;br /&gt;Para compensar mis faltas, le escribí un final feliz:&lt;br /&gt;Después de un día de trabajo, Paula se encontraría con el comediante que le gustó en aquella ocasión. La esposa del cómico había fallecido en un accidente automovilístico y su cuerpo fue trasladado a la morgue. Cuando él se presentó a reconocer el cadáver, Paula lo atendió. Dos días después la enterraron y Paula ofreció invitarle un café al joven para que se desahogara. Él le dijo que no necesitaba hablar de ella. Llevaban un año separados porque le había sido infiel, pero como estaban casados por bienes mancomunados no se habían divorciado. Le aceptó el café pero para hablar de otras cosas. Paula sólo comentó que ya no usaba el perfume que le había provocado la alergia. También escribí varias escenas en las que estaban juntos. Ya me había basado en mí para darle el oficio de comediante, pero para hacerlo más creíble, le agregué mucho más de mi personalidad. Tras esas secuencias, puse una escena de beso y después el letrero de “Un año después”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;356.- INTERIOR / TARDE / RECEPCIÓN DE LA MORGUE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula viste de manera formal. Está sentada en su escritorio de la morgue. Se dirige a la cámara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PAULA: Todo es mejor ahora. Está mal que lo diga, pero qué bueno que le pusieron los cuernos a Leonardo. Estuvo un año sin pareja y se acordaba de mí, pero no sabía dónde localizarme. No sé si haya sido el destino o no, pero si su ex no se hubiera estrellado Leo y yo no estaríamos juntos. Es lo bueno de trabajar en la morgue: tarde o temprano, todos llegan aquí. Ahora sé que ni la vida ni el amor apestan. De hecho, lo que olía mal eran los cadáveres: se nos había acabado el formol, pero ya compramos más. Lo mejor de todo es que hoy en la mañana el médico me dio los resultados de mis análisis. No me imagino la cara de Leonardo cuando le diga en la noche que vamos a ser papás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;CRÉDITOS. MÚSICA. FIN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paula salió del monitor.&lt;br /&gt;–¿Tanto trabajo te costaba escribir esto? Nos hubiéramos ahorrado bastante tiempo.&lt;br /&gt;–Paula, perdóname. No fue mi intención…&lt;br /&gt;–Olvídalo.&lt;br /&gt;–¿Te gusta el final?&lt;br /&gt;–Me encanta. Por fin entendiste que amaba al comediante.&lt;br /&gt;–¿Por qué no dijiste nada?&lt;br /&gt;–No me hubieras hecho caso.&lt;br /&gt;–Al menos en la filmación podré besar a la actriz que te interprete.&lt;br /&gt;–¿A qué te refieres?&lt;br /&gt;–Yo voy a interpretar al comediante. Y no tengo que actuar gran cosa. Está inspirado en mí.&lt;br /&gt;–¿Eras tú? –dijo, y me besó–. Con razón me dieron celos cuando escribiste a la otra.&lt;br /&gt;Ya no dijo nada más. Sólo me besó, me tomó de la mano y me llevó a la recámara.&lt;br /&gt;Esa noche no dormí solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué buena broma, cabrón. No seas ojete, dame el final de verdad –me dijo el productor al día siguiente.&lt;br /&gt;–Ése es.&lt;br /&gt;–Todo iba bien, pero al final la regaste gacho.&lt;br /&gt;–¿No es cómico?&lt;br /&gt;–La gente se va a molestar con eso. Básicamente estás diciendo que la tragedia de unos es la felicidad de otros.&lt;br /&gt;–Pero es la verdad.&lt;br /&gt;–La gente no va al cine a ver la verdad. Para eso están sus casas y trabajos. Quieren distraerse. No puedes hacer una comedia y poner un desenlace tan crudo. Si vas a hacerla seria, escribe una tragedia o un drama, pero no metas al final un género distinto al que has manejado. Además, el que Paula al final consiga pareja traiciona la esencia de la película.&lt;br /&gt;Salí de su oficina confundido. Llegué a casa, Paula ya había despertado.&lt;br /&gt;–Todavía no puedo creer lo que pasó anoche. Hacer el amor contigo fue mejor que hacerlo con alguien ficticio.&lt;br /&gt;–Al productor no le gustó el final.&lt;br /&gt;–¿Y qué vas a hacer?&lt;br /&gt;–No sé. Tengo que presentarle otro.&lt;br /&gt;–¿No me voy a quedar contigo?&lt;br /&gt;–Si queremos que se filme el guión, no.&lt;br /&gt;–Cámbialo.&lt;br /&gt;–Pero si lo modifico no recordarás nada. No serás feliz al final. Ya no estarás conmigo.&lt;br /&gt;Se acercó y me besó.&lt;br /&gt;–La película es primero. Tú y yo siempre tendremos el respaldo –volvió a besarme y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nuevo final sí le gustó al productor. Paula, para variar, se quedaba sola. La esposa del comediante, en vez de un accidente de tránsito, sufre un ataque de catalepsia y es llevada a la morgue, donde el comediante va a identificar el cuerpo y se reencuentra con Paula. Esa noche toman un café y se entera de que la pareja estaba separada y en proceso de divorcio. Paula piensa que el comediante le coquetea al decirle que le alegraba que ya no usara el perfume que le provoca alergias. En el velorio, sin embargo, la mujer despierta y le pide al cómico otra oportunidad para salvar el matrimonio. Paula los ve irse.&lt;br /&gt;–¿Ya ves? Es gracioso, a la vez es triste y no ofende a nadie –me dio el resto del pago por el guión.&lt;br /&gt;La película comenzó a filmarse una semana después. Después de tres meses estuvo lista para su exhibición. La crítica me trató bien, tanto en mi labor de guionista como de actor. A Fernando, para variar, no le gustó.&lt;br /&gt;Ya pasó un año de su estreno y hoy me voy a enterar de si ganó uno de los premios a los que fue nominada.&lt;br /&gt;Ojalá Paula estuviera conmigo en la ceremonia.&lt;br /&gt;No me he animado a abrir el archivo de respaldo.&lt;br /&gt;Es la última vez que ofrezco un proyecto antes de tenerlo terminado.&lt;br /&gt;Tal vez ahora sí me atreva a abrir el archivo.&lt;br /&gt;No sé si ella estará ahí.&lt;br /&gt;Esta noche va a ser muy larga.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-2885650025999192536?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/2885650025999192536/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=2885650025999192536' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2885650025999192536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2885650025999192536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/02/la-que-llega-con-el-amanecer.html' title='La que llega con el amanecer'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-1808509073243852125</id><published>2008-01-21T21:01:00.000-08:00</published><updated>2008-01-21T21:16:26.544-08:00</updated><title type='text'>Previo al Supertazón</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Wait ’til next year&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Brooklyn Dodgers&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ze puede vivid&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Guille&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Si tuviera cuatro o cinco años, nadie se alarmaría por la pasión que Manuel sentía por algunos de sus equipos favoritos; pero a los veinte era preocupante que sufriera las derrotas de sus escuadras favoritas como si él fuera el dueño de éstas.&lt;br /&gt;Su padre se arrepentía de haberle inculcado el amor por los deportes, pero se declaró libre de toda culpa cuando Manuel manifestó a qué equipos les iba; todos eran malísimos.&lt;br /&gt;De niño, Manuel siempre deseó tener algún artículo de sus equipos predilectos, pero como éstos no eran nada populares, nunca logró hacerse de nada. Por eso, cuando en la escuela sus compañeros le presumían las colecciones que armaban, debía hacer un gran esfuerzo para no llorar de envidia delante de ellos; casi nunca lo logró.&lt;br /&gt;Aunque no eran afectos a despertarse temprano, sus papás tenían que madrugar para revisar el periódico, y si en éste decía que alguno de los equipos de su vástago había perdido, le escondían el diario. Pronto esta táctica dejó de ser efectiva, pues Manuel comenzó a llamar por teléfono a sus parientes para que le dijeran los resultados del día anterior.&lt;br /&gt;En los demás aspectos de su vida, nunca dio motivos de preocupación. Siempre fue un buen estudiante y un niño sano, aunque algo introvertido.&lt;br /&gt;Durante su adolescencia quiso participar en algunos de los equipos deportivos de su colegio; sin embargo, su constitución física no le permitió quedarse en ninguno. En lo que a amistades se refiere, tampoco logró grandes progresos, pero sus padres no le dieron mucha importancia: “Ya tendrá amigos cuando se sienta listo”, pensaban. Lo único que los tenía consternados era que sus equipos seguían perdiendo y Manuel sufría cada vez más.&lt;br /&gt;El colmo llegó cuando un día, frustrado porque en la última entrada su equipo favorito en el beisbol perdió un partido tras tener seis carreras de ventaja, Manuel desquitó su coraje contra la puerta del clóset y de un cabezazo le hizo un hoyo que hasta la fecha sigue ahí (y que sus papás usan para comprobar cuánto ha crecido el chamaco). Al principio, sus papás pensaron que gracias al incidente de la puerta Manuel comprendería que no era adecuado reaccionar así, pero para no arriesgarse le rogaron que no volviera a romper nada. Manuel hizo caso omiso a la petición y continuó desahogándose destrozando cuanto encontraban a su paso.&lt;br /&gt;Cuando ingresó a la universidad, sus padres confiaban en que ahora sí tendría amigos, pues compartiría con sus compañeros el gusto por la misma carrera y de esa manera –una vez que entablara amistad con varios de ellos, creían– dejaría esa obsesión por sus equipos favoritos; con suerte, hasta gozaría los partidos sin que le importara quién jugaba y cuál era el marcador final. Sin embargo, la timidez de Manuel le impidió cruzar más de dos palabras ellos y la relación se limitó únicamente a cuestiones escolares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasado mes de septiembre inició la temporada de futbol americano. Vikingos de Minnesota, el equipo favorito de Manuel, ganó su primer partido. A pesar de la alegría provocada por la victoria, Manuel, de antemano, ya estaba resignado a vivir otra temporada perdedora. Pero Vikingos no sólo seguía ganando, sino que apaleaba inmisericordemente a sus rivales. Cuando llegaron a nueve triunfos, Manuel no sólo celebró que por primera vez en muchos años su equipo no finalizaría el torneo con marca perdedora, sino que pudo conseguir, finalmente, una gorra y una playera de Minnesota, las cuales llevaba mínimo una vez por semana a la facultad. Evidentemente, sus compañeros notaron a quién le iba (y es que era el único en la universidad que usaba algo de esa escuadra), pero como nunca lo habían tratado fuera de las aulas, nadie se le acercó para comentar con él las victorias de Vikingos.&lt;br /&gt;Al finalizar la temporada, Minnesota registró marca de quince ganados y un perdido y fue señalado como favorito para alzarse con el Supertazón; pronto Manuel comenzó a colocar veladoras junto a un recorte de periódico que decía “Vikingos vuelve a ganar” y todas las noches rezaba para que lograran el campeonato.&lt;br /&gt;Al haber calificado como el mejor equipo de la conferencia, Minnesota pasó directamente a la segunda ronda de los playoffs, evitando así los juegos de comodines, partidos que Manuel pudo ver, por primera vez en su vida, con mucha tranquilidad.&lt;br /&gt;El primer encuentro de Minnesota en los playoffs no pudo ser más alentador. Vikingos arrolló con Cardenales de Arizona, calificando así a la final de la Conferencia Nacional. Su rival en ese partido sería Halcones de Atlanta, una escuadra que hasta ese año era casi tan mala como Vikingos.&lt;br /&gt;Tras una semana de incertidumbre, llegó el partido por el boleto al Supertazón. Por precaución, los papás de Manuel lo dejaron solo en casa.&lt;br /&gt;En el primer cuarto, Vikingos tomó ventaja de 14-0. Manuel comenzaba a soñar con la gran final. Al llegar al medio tiempo el score estaba 28-7; entonces hizo una lista de la ropa que traía para ponérsela el día del Supertazón, por aquello de la “buena vibra”. En el tercer cuarto, Atlanta se acercó a sólo siete puntos. Manuel comenzó a fumar. En el último cuarto, y con sólo un minuto por jugarse, Vikingos seguía ganando por una anotación. Manuel confiaba en que la defensiva de Minnesota contendría el ataque de su rival, pero cuando quedaban treinta segundos en el reloj, y gracias a un pase de sesenta yardas y posteriormente al punto extra, Halcones empató el juego, forzando así el tiempo extra. Manuel encendió tres veladoras.&lt;br /&gt;El volado para determinar quién recibiría primero el balón favoreció a Vikingos. Manuel respiró más tranquilo pues estaba seguro de que su equipo lograría en esa primera ofensiva la anotación del triunfo (incluso apagó las veladoras, confiado en que éstas habían logrado su cometido). Ya se imaginaba al día siguiente en la facultad, feliz, saboreando la victoria; incluso se prometió que si Minnesota ganaba invitaría a Noemí, una compañera de clase que le gustaba mucho, a comer. “Y quién sabe”, pensaba Manuel optimista, “a lo mejor en esa comida hasta nos hacemos novios”.&lt;br /&gt;Tanto se concentró en aquel posible romance, que no se percató de que la defensiva de Halcones interceptó un pase y avanzó el ovoide hasta la yarda quince de Minnesota. Cuando se dio cuenta, el pateador de Atlanta se dirigía al terreno de juego para intentar el gol de campo de la victoria. Rápidamente, Manuel dibujó en una hoja un casco de Halcones y la quemó para hacerle brujería al pateador, encendió cuatro veladoras y rezó en tiempo récord tres Padres Nuestros. La patada, sin embargo, fue buena. Halcones 31, Vikingos 28.&lt;br /&gt;Los padres de Manuel, quienes observaban el partido en un supermercado, calcularon cuánto costarían las reparaciones que tendrían que hacerle a la casa después del berrinche de su hijo. Para su sorpresa, Manuel no rompió nada. Y es que apenas finalizó el encuentro, Manuel quiso darse otro cabezazo en la puerta del clóset. Sin embargo, cuando estaba por golpearse, vio el agujero que había hecho años atrás. “Ay, cabrón, sí he crecido un poco”, pensó y le ganó la risa. Apagó el televisor y las veladoras y se recostó en su cama. Se quedó dormido hasta el día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las nueve de la mañana, en la universidad, Manuel vio a Noemí en uno de los pasillos de la facultad. Recordó que se había prometido invitarla a comer si Vikingos ganaba el partido y pensó que era una tontería que dicha invitación dependiera del marcador de un partido, y fue a saludarla. Contrario a lo que esperaba, Noemí le regresó el saludo y le sonrió. Durante dos minutos cruzaron unas palabras referentes a un trabajo que debían que entregar para tener derecho a examen.&lt;br /&gt;–Tengo que ir a la biblioteca, luego nos vemos –le dijo Noemí a modo de despedida, y agregó–: Por cierto, ayer mi novio y yo vimos el juego de Minnesota. Siento mucho que tu equipo no haya ganado. Pero quién sabe, a lo mejor el año que entra dan la sorpresa y son campeones. De todos modos tuvieron una buena temporada, ¿no crees?&lt;br /&gt;“Tiene razón”, pensaba Manuel mientras ella se alejaba por el corredor. “El año que entra vamos a ser campeones. Y a lo mejor para entonces ella habrá cortado con su novio y ve el Supertazón conmigo.”&lt;br /&gt;Cuando Noemí dio vuelta en uno de los pasillos, Manuel, sonriente, se dirigió a la cafetería para desayunar.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como podrán intuir, subí este cuento al blog con motivo del Superbowl XLII, que se jugará el tres de febrero en Arizona. Este texto lo escribí hace unos diez años y, sí, está inspirado en mi equipo favorito: Vikingos de Minnesota.&lt;br /&gt;Para quienes piensen que Manuel y yo somos la misma persona, siento desilusionarlos. Yo soy mucho más fanático que Manuel. XD &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-1808509073243852125?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/1808509073243852125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=1808509073243852125' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1808509073243852125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/1808509073243852125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/01/previo-al-supertazn.html' title='Previo al Supertazón'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-2152986520852820185</id><published>2008-01-12T20:20:00.000-08:00</published><updated>2008-01-12T20:39:18.149-08:00</updated><title type='text'>Siete pesos</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;A José Ledezma Ríos&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez en mucho tiempo, Roberto se arrepintió de ser un fumador empedernido. Llevaba más de media hora huyendo del hombre que intentaba asesinarlo y sentía que ya no le quedaba aire en los pulmones y en cualquier momento se desmayaría. Seguramente se trataba de una confusión, pues nunca había tenido problemas con nadie, pero no pretendía detenerse y tratar de convencer a su atacante de que él no era a quien debía ejecutar. Al dar la vuelta en una esquina, Roberto vio que se había metido a un callejón sin salida.&lt;br /&gt;–Ya no tiene a dónde huir –dijo el asesino–. Al fin.&lt;br /&gt;Éste disparó a Roberto, quien se agachó esperando recibir los impactos de bala; para su sorpresa, el asesinó falló.&lt;br /&gt;–¡Carajo!, ya no se mueva. ¿Qué no ve que cada bala me cuesta siete pesos? Si se sigue quitando me va a llevar a la ruina.&lt;br /&gt;–Perdóneme, no sabía que fueran tan caras –respondió apenado Roberto, ya que no le gustaba que la gente gastara demasiado dinero en él.&lt;br /&gt;–Claro, de seguro usted cree que en nuestra profesión todo es gratis –chilló el agresor–. Pero no, nosotros también tenemos que invertir en nuestro trabajo.&lt;br /&gt;Roberto siempre había sido alguien que se preocupaba por los demás antes de pensar en él; incluso aceptó que sus últimas tres novias lo dejaran para casarse con hombres más guapos, y hasta se ofreció a ser el padrino de bodas, pero ninguna quiso.&lt;br /&gt;–Lo siento mucho. Si quiere, aquí mismo me hinco y dejo que me mate –propuso.&lt;br /&gt;–¿De veras?&lt;br /&gt;–Claro. Hoy por ti, mañana por mí.&lt;br /&gt;El asesino puso su pistola en la frente de Roberto. Estaba a punto de disparar cuando éste le preguntó:&lt;br /&gt;–Perdone, joven, ¿cuánto dice que cuesta cada bala?&lt;br /&gt;–Siete pesos.&lt;br /&gt;–¿Y cuántas ha desperdiciado por mi culpa?&lt;br /&gt;–Una fue cuando me topé con usted y empezó a correr. Después pasamos por una tienda y ahí le volví a disparar, pero se movió y quién sabe a qué le atiné... Otra más, afuera del banco que estaban asaltando y le pegué en la pierna a uno de los ladrones –continuó el asesino–; y la última, aquí en el callejón.&lt;br /&gt;–Entonces le debo..., a ver..., siete por cuatro... Tenga –dijo y sacó de su bolsillo un billete de veinte pesos y una moneda de diez–. Con esto le pago lo que le debo y hasta le sobran dos pesos de propina.&lt;br /&gt;–Si ya decía yo que usted es una persona decente. A leguas se le ve.&lt;br /&gt;Tras saldar la deuda con su atacante, Roberto volvió a hincarse para que le dispararan; sin embargo, sonó su teléfono celular: era su mamá, a quien le pidió que le hablara después ya que estaban por matarlo. Una vez finalizada la interrupción, dijo al asesino:&lt;br /&gt;–Nomás no vaya a fallar esta vez.&lt;br /&gt;–No, señor.&lt;br /&gt;El asesino estaba por accionar el revólver, cuando apareció una hermosa morena con bastón que se detuvo frente a Roberto y su agresor.&lt;br /&gt;–Oye, negra, vete de aquí si no quieres que te mate –ordenó el asesino.&lt;br /&gt;Ante la falta de respuesta, el matón volvió a gritar:&lt;br /&gt;–¿Qué no oíste? Lárgate.&lt;br /&gt;&amp;shy;–No le va a contestar –intervino Roberto.&lt;br /&gt;–¿Por qué?&lt;br /&gt;–¿Qué no ve que es ciega? De seguro no sabe cuál es su color de piel.&lt;br /&gt;–Entonces mejor esperamos a que se vaya –decidió el asesino–. ¿Qué hacemos mientras?&lt;br /&gt;Por la cabeza de Roberto desfilaban muchas ideas, menos la de que él no era a quien buscaba eliminar el asesino. Cuando puso en orden sus pensamientos, solicitó:&lt;br /&gt;–¿Me permite rezar? Digo, para partir con la conciencia tranquila.&lt;br /&gt;El asesino, quien era un hombre muy religioso –cada vez que mataba a alguien iba a confesarse para asegurarse de que no iría al infierno–, aceptó. Roberto, nervioso por saber que estaba a punto de ser ejecutado, dijo las siguientes palabras:&lt;br /&gt;–Guadalajara en un llano, México en una laguna. Guadalajara en un llano, México en una laguna.&lt;br /&gt;–Me he de comer esa tuna, me he de comer esa tuna, me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano –completó el asesino.&lt;br /&gt;–Así no se reza –gritó la morena.&lt;br /&gt;–¡Habla! –exclamaron al unísono Roberto y el asesino.&lt;br /&gt;–Soy ciega, no muda –aclaró ella.&lt;br /&gt;–Entonces tendré que matarla –anunció el matón.&lt;br /&gt;–¿Por qué? –preguntó indignada la mujer.&lt;br /&gt;–Me puede delatar –aclaró el asesino.&lt;br /&gt;–¿Tú crees? –respondió ella acercándosele con actitud seductora. Cuando le acarició el pecho, éste se alejó sorprendido.&lt;br /&gt;–Cálmese, soy un hombre casado.&lt;br /&gt;–Es que desde que te vi quedé fascinada por tu rostro –confesó ella ante la sorpresa de Roberto, quien creía que su atacante era bastante feo.&lt;br /&gt;–¿Pues no que era ciega? –preguntó el asesino.&lt;br /&gt;–Usted perdone, pero es el único método de ligar que me sé.&lt;br /&gt;–Bueno –dijo el matón, observando con detenimiento a la mujer–, usted no está nada mal.&lt;br /&gt;–Oiga, ¿se acuerda de que me va a matar? –interrumpió Roberto.&lt;br /&gt;–Espérese, ahorita lo atiendo –respondió indiferente el pistolero y centró su atención en la dama–. ¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;–Yadhira.&lt;br /&gt;“Tiene nombre de rumbera”, pensó Roberto.&lt;br /&gt;–¿Te gustaría pasar la noche conmigo? –sugirió el asesino.&lt;br /&gt;–Me encantaría, pero antes tienes que ayudarme a matar a mi marido.&lt;br /&gt;–Tengo dos balas: una para éste –y señaló a Roberto– y otra para tu esposo.&lt;br /&gt;–¡Caray, qué fácil cayó! “Hay que matar al marido.” Eso pasa hasta en las peores telenovelas –intervino Roberto.&lt;br /&gt;–¿Quiere que lo mate o no? –preguntó, molesto, el matón.&lt;br /&gt;–¿Se puede escoger?&lt;br /&gt;–No sea payaso y espere un momento.&lt;br /&gt;Resignado, Roberto se sentó en el suelo y pellizcó en repetidas ocasiones su brazo para comprobar que no estaba soñando. Tres minutos después, su brazo sangraba. Mientras tanto, el asesino y la dama seguían coqueteando.&lt;br /&gt;–Puedes estar segura de que acabaré con tu marido. Yo nunca fallo.&lt;br /&gt;“¿En serio?”, pensó Roberto, quien tuvo que girar su cabeza para no ver el beso que se daban aquellos dos.&lt;br /&gt;Un auto negro se detuvo en la acera de enfrente. De su interior descendió un hombre que portaba un finísimo traje de seda italiana. El hombre cruzó la calle y se dirigió al callejón. Cuando estuvo frente a la pareja, gritó:&lt;br /&gt;–¿Qué está pasando aquí?&lt;br /&gt;–¡Mi marido! –exclamó la mujer–. ¡Mátalo!&lt;br /&gt;–¡Mi jefe! ¡¿Tu marido?! –tartamudeó el asesino.&lt;br /&gt;–¿Me va a matar o regreso mañana? –preguntó Roberto.&lt;br /&gt;–¡Cállese! –ordenaron todos.&lt;br /&gt;Indignado, Roberto se dirigió a la tienda que estaba al otro lado de la calle y pidió una torta y un refresco. Mientras tanto, la discusión entre el jefe y la dama continuaba ante un incrédulo asesino:&lt;br /&gt;–Así que con éste me engañas –gritó el jefe.&lt;br /&gt;–Con él y con quien se deje, imbécil –respondió ella.&lt;br /&gt;–Contéstame –exigió el marido.&lt;br /&gt;–¿Cómo no te voy a engañar si eres un desgraciado? Y aparte impotente. Tu única virtud es que eres sordo.&lt;br /&gt;–No muevas los labios. Habla fuerte.&lt;br /&gt;–Estúpido, si hasta me he acostado con tu hermano.&lt;br /&gt;–Dame tu pistola –ordenó el jefe al asesino, quien obedeció sin chistar. Una vez que el jefe la tuvo en su poder, dijo–: Se me olvidaba, ya tengo un nuevo aparato para la sordera –y disparó a la dama. Tras patear el cuerpo inerte de la mujer, le entregó la pistola a su empleado y se alejó diciéndole–: Termina con lo que te encargué y después te suicidas.&lt;br /&gt;El jefe abordó su auto y partió. Con sus pensamientos aún centrados en lo que acababa de hacer, no se percató de que le dio propina a Roberto creyendo que él le había cuidado el carro. Roberto guardó las tres monedas de un peso y se dirigió hacia el asesino.&lt;br /&gt;–¿Ahora sí podemos terminar lo nuestro? –le dijo.&lt;br /&gt;–Ya oyó a mi jefe. Yo también tengo que morir y sólo me queda una bala.&lt;br /&gt;–¿Y no puede matarme y luego comprar otra?&lt;br /&gt;–La tienda de balas está muy lejos de aquí.&lt;br /&gt;–Oiga, ¿a poco es tan malo su jefe?&lt;br /&gt;–Con decirle que una vez, para castigarme, me amarró frente a un espejo para que me asustara con mi cara.&lt;br /&gt;Roberto pensó que el jefe no era malvado, sino un sádico. Después de comprobar la hora, propuso:&lt;br /&gt;–¿Y qué le parece si lo acompaño a la tienda para comprar la bala?&lt;br /&gt;El asesino estuvo de acuerdo y se dirigieron a la avenida por donde pasaba el transporte que los dejaría cerca de la tienda. Ya adentro del microbús, Roberto y el asesino deleitaron su vista con las piernas de una chava que portaba una minifalda muy generosa. Diez cuadras después, la muchacha descendió de la unidad. En esa misma esquina subió un joven de lentes oscuros; apenas se puso en marcha el micro, el muchacho sacó una pistola de su chamarra y gritó:&lt;br /&gt;–Esto es un asalto. Todos pongan sus cosas en esta bolsa –y extendió un costal.&lt;br /&gt;Uno a uno, el ladrón le arrebató sus pertenencias a los pasajeros. Roberto y el asesino se miraron entre sí. Cuando el asaltante llegó a donde se encontraban ellos, Roberto se arrojó a sus pies gritando:&lt;br /&gt;–¡No me mates, hijo! ¡Soy tu padre!&lt;br /&gt;El asesino aprovechó la confusión del ladrón y le disparó al brazo. Éste cayó al suelo y, antes de que pudiera reaccionar, fue inmovilizado por los pasajeros. Roberto tomó el arma y comprobó lo que sospechaba: era de fulminantes.&lt;br /&gt;El chofer del microbús se desvió de su ruta y llevó al ladrón a la delegación para que fuera encarcelado. A la hora de rendir sus testimonios, todos señalaron a Roberto y al asesino como los héroes que evitaron una tragedia.&lt;br /&gt;Esa noche, los rostros de estos dos personajes aparecieron en el programa “Nota roja”; hasta fueron entrevistados por Los Gemelos Idénticos, los reporteros más famosos de la ciudad. (El siguiente reportaje era la historia de un hombre que pereció cuando su auto fue embestido por un camión de cemento; como podrán adivinar, se trataba del jefe del asesino.)&lt;br /&gt;Lo malo fue que ni Roberto ni el asesino pudieron explicar por qué portaban un arma y fueron encerrados junto con el asaltante. Indignados, los Gemelos iniciaron una campaña para que liberaran a los ahora conocidos como “Vengadores urbanos”. Después de cuatro días en los que se transmitieron reportajes a favor de ambos, éstos no sólo fueron liberados, también obtuvieron nuevos empleos.&lt;br /&gt;Ahora, el asesino es uno de los policías judiciales más respetados de todo el país. Roberto, quien no ha dejado de fumar, se desempeña como agente del Ministerio Público. Todos los viernes comen juntos para celebrar sus nuevas vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Originalmente, este texto no era un cuento, sino un sketch de teatro, y lo escribí en 1994. Dicho sketch se presentó dos veces: una en la cafetería "Las Diablas", en el Centro de Arte Dramático, A.C. (CADAC), y la otra en la Casa hogar para niñas, ubicada en el sur de la ciudad de México. Ambas representaciones fueron en 1994.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Como cuento, "Siete pesos" surgió en diciembre de 1997, y se publicó en julio de 1999 en la ahora extinta revista &lt;em&gt;Excelsa&lt;/em&gt;, en el número dos de su sexto año.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-2152986520852820185?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/2152986520852820185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=2152986520852820185' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2152986520852820185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2152986520852820185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/01/siete-pesos.html' title='Siete pesos'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-4456110313860422112</id><published>2008-01-06T00:10:00.000-08:00</published><updated>2008-01-06T00:12:33.872-08:00</updated><title type='text'>Selva</title><content type='html'>Por más que se negaran a admitirlo, Alfredo y Julián estaban perdidos en la selva. El espesor de la hierba aumentaba conforme avanzaban y no tenían herramienta alguna para abrirse paso.&lt;br /&gt;Era ridículo encontrarse en una situación como ésta. Sólo habían salido al mini súper de la esquina del hotel donde se hospedaban para comprar cigarros y dar una vuelta, decidieron seguir a una güera que les gustó y terminaron en esa selva a quién sabe cuántos kilómetros de ahí. Pensaron usar sus teléfonos celulares para pedir auxilio; la señal no llegaba hasta allá.&lt;br /&gt;Seguramente las novias de ambos amigos se preocuparían por su ausencia y organizarían una búsqueda, reclutarían voluntarios y, de una manera u otra, darían con ellos antes del anochecer. Sí, seguro podrían confiar en sus parejas; si tan sólo tuvieran.&lt;br /&gt;–Ya valió madres. Ni pa’ tras ni pa’ delante. ¿Qué hacemos? –preguntó Alfredo.&lt;br /&gt;–¿No traes brújula? ¿Una pistola de bengalas?&lt;br /&gt;–No mames, salimos del hotel a la tiendita, no a un safari.&lt;br /&gt;–Prueba otra vez el celular.&lt;br /&gt;El teléfono de Alfredo almacenaba música, tomaba fotos y video, podía sincronizarlo con la computadora, tenía radio y juegos… pero seguía sin señal.&lt;br /&gt;Decididos a no perder la calma, trataron de regresar sobre sus pasos.&lt;br /&gt;“¿Cómo era? Vinimos de la derecha, caminamos como cinco minutos; ahora es a la izquierda. Brincamos esa piedra… ¿brincamos esa piedra o era otra? No sé, todas las veo igual. No me acuerdo de ese árbol… Me estoy mareando. Creo que veo la carretera. Ay, güey, ya la hicimos. Es para allá. Vente, Julián, ya la libramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdidos. Por más que se negaran a admitirlo, Alfredo y Julián seguían perdidos en la selva.&lt;br /&gt;–Si serás pendejo, Alfredo, estamos peor. Esto está más tupido que hace rato.&lt;br /&gt;–¿Qué hora es?&lt;br /&gt;–Las cuatro y media.&lt;br /&gt;–¡No inventes, salimos del hotel a las diez de la mañana!&lt;br /&gt;Dieron las seis de la tarde y seguían perdidos. Tenían hambre, calor y estaban agotados. Se sentaron a descansar.&lt;br /&gt;–Dame un cigarro, Alf.&lt;br /&gt;–Toma.&lt;br /&gt;–¿No me lo vas a prender?&lt;br /&gt;–Tú tienes el encendedor.&lt;br /&gt;–Ni madres, tú guardaste lo que compramos.&lt;br /&gt;–Pero no compré encendedor; creí que tú traías.&lt;br /&gt;Los dos amigos pensaron en recoger piedras para hacer una fogata y encender los cigarros. Fue entonces que escucharon un ruido, un siseo.&lt;br /&gt;&amp;shy;–&amp;shy;¿Y eso?&lt;br /&gt;–Sepa.&lt;br /&gt;Alfredo se incorporó para seguir caminando y tropezó con algo. Inmediatamente sintió dolor en la pierna. Antes de que Julián pudiera reaccionar, la serpiente amenazó con morderlo también. Julián trataba de guardar la calma. Gracias a una película de James Bond, había aprendido que si se quedaba quieto, ésta seguiría de largo sin hacerle nada. Tal vez era el miedo, o las ganas de ir al baño, o que la serpiente no había visto esa película, pero él no podía quedarse quieto y ésta continuaba mirándolo fijamente. Abrió sus fauces, lista para atacar, pero en eso comenzó a convulsionarse, como si quisiera vomitar; cayó muerta. Julián llegó a donde yacía su amigo, aún vivía. No sabía cómo podía ayudarlo, pero trató de darle ánimos:&lt;br /&gt;–Cabrón, si te mueres, no te van a dar el ascenso.&lt;br /&gt;Por toda respuesta, Alfredo intentó arrojarle una piedra; no pudo. Desesperado, Julián gritó pidiendo auxilio, y después comenzó a llorar. Alfredo también.&lt;br /&gt;La suerte de ambos estaba por cambiar. Un joven indígena que andaba de cacería con su arco y flecha escuchó los gritos y se dirigió hacia el lugar de donde provenían.&lt;br /&gt;Un jaguar que pasaba por ahí buscando qué comer también escuchó el llanto de ambos y fue hacia ellos. La noche caía. El felino divisó la figura de los extraviados y, al tiempo que emitía un rugido, brincó sobre ellos.&lt;br /&gt;En ese instante una flecha pasó a gran velocidad. Iba destinada al jaguar, pero atravesó el pecho de Julián, quien murió al instante. Apenado, el tirador volvió a estornudar. El jaguar aprovechó y tomó con sus dientes el cuerpo de Julián y se lo llevó lejos para devorarlo antes de que llegaran otros animales.&lt;br /&gt;El arquero se acercó a Alfredo y comenzó a hablarle en su dialecto. Alfredo no entendía nada, pero la mirada del indígena le inspiró confianza y asintió, al tiempo que sonreía. Como pudo, el joven lo ayudó a incorporarse y comenzaron a andar hacia la comunidad del indígena.&lt;br /&gt;“Me salvé. Gracias, Diosito, gracias por mandarme a este muchacho. Pobre Julián, tendré que avisarle a su familia. Pobre jaguar, se va a dar una empachada. Ni modo. Lo importante es que estoy salvado. De seguro este chavo me va a llevar con el médico de su aldea y me van a curar. Pero que se apure porque ya casi no siento la pierna. Van a usar sus hierbas mágicas, me van a curar y me van a atender muy bien. A lo mejor hasta me presentan a la hija del jefe para que me…”&lt;br /&gt;El joven arquero apenas podía con el peso de Alfredo, pero no le importaba. Estaba avergonzado por haber fallado el tiro por culpa del estornudo, pero aun así se sentía feliz. Había encontrado a alguien que le dijo que estaba dispuesto a que le sacaran el corazón y lo ofrendaran a los dioses para que las mujeres de la aldea siguieran siendo fértiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado originalmente en la revista &lt;em&gt;Tinta seca&lt;/em&gt;, número 76, marzo-abril de 2006.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-4456110313860422112?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/4456110313860422112/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=4456110313860422112' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4456110313860422112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4456110313860422112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2008/01/selva.html' title='Selva'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-67164244197579258</id><published>2007-12-22T23:03:00.000-08:00</published><updated>2007-12-22T23:17:47.340-08:00</updated><title type='text'>Antorcha</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R24IhrizlUI/AAAAAAAAAAU/JIAmbYeH-hg/s1600-h/antorcha2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5147060798848472386" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R24IhrizlUI/AAAAAAAAAAU/JIAmbYeH-hg/s400/antorcha2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Otro cuento de luchadores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Texto: Diego Mejía Eguiluz&lt;br /&gt;Ilustración: Kcidis (&lt;a href="http://kcidis.blogspot.com/"&gt;http://kcidis.blogspot.com/&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te toca echarla, Alejandro.&lt;br /&gt;–¿Tan pronto?&lt;br /&gt;–No te hagas. Llevas quince años con la tapa y ya te hemos dado varias. Si no la sueltas ahora, dentro de dos años valdrá menos de la mitad.&lt;br /&gt;–¿Cuándo la pierdo?&lt;br /&gt;–En el cierre de temporada.&lt;br /&gt;–¿Con quién?&lt;br /&gt;–Cuando vengas a cobrar las luchas de esta semana, te doy todos los detalles.&lt;br /&gt;Alejandro salió triste de la oficina del promotor. Nunca pensó que se lo pedirían, pero le dieron la orden. Perdería la máscara antes de que acabara el año.&lt;br /&gt;Esa noche llegó a casa y no le dijo nada del tema a su esposa. Ana era su mayor admiradora y no quería desilusionarla.&lt;br /&gt;–¿Dónde te toca luchar mañana? –le preguntó mientras le servía la cena.&lt;br /&gt;–Acapulco. Salgo por la mañana.&lt;br /&gt;–¿Qué equipo vas a llevar?&lt;br /&gt;–El negro. Me trae suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Damas y caballeros, su atención por favor. Antorcha dice llamarse Alejandro del Barrio…”&lt;br /&gt;–Alejandro del Barrio… Pasajero Alejandro del Barrio, preséntese inmediatamente en la sala siete. El avión está por despegar –se escuchó por las bocinas del aeropuerto.&lt;br /&gt;Alejandro se olvidó de sus pensamientos y corrió hacia la sala, esperando que el avión no partiera sin él.&lt;br /&gt;Esa noche, enfundado en su traje de Antorcha, dio una lucha bastante mala y fue derrotado en dos caídas al hilo. Varios aficionados le silbaron y lo insultaron.&lt;br /&gt;–¿Qué te pasó, Alex? ¿Subiste borracho? –le preguntaron algunos de sus compañeros en los vestidores, al terminar la función.&lt;br /&gt;–No mamen. ¿Por qué piensan eso?&lt;br /&gt;–Con esa cara que te cargas. Aunque traías la máscara, te veías como ido.&lt;br /&gt;–¿Y no se les puede ocurrir que estoy lastimado?&lt;br /&gt;–Tranquilo, era una broma. Ya en serio, ¿todo está bien?&lt;br /&gt;–Sí. Nomás tuve una mala noche.&lt;br /&gt;–Ojalá y sea la única, porque si no, no te incluyen en la jaula y te quedas sin lana.&lt;br /&gt;–¿Jaula?&lt;br /&gt;–A fin de año. Diez máscaras en juego; uno perderá la tapa. ¿No recuerdas? Cada año se organiza una.&lt;br /&gt;“Puta madre, ni siquiera va a ser en un mano a mano”, pensó Alejandro mientras iba rumbo al aeropuerto.&lt;br /&gt;Después de la función de Acapulco, Antorcha tuvo cuatro presentaciones en el D.F. y una en Puebla. Llegó el día de cobro en las oficinas de la arena y se reunió a solas con el promotor.&lt;br /&gt;–Medio millón de pesos, el campeonato de peso semicompleto y no pierdes la cabellera en dos años. ¿Cómo ves esa garantía? –le ofrecieron.&lt;br /&gt;–¿No se le hace poco? Le he hecho ganar bastante en estos quince años que he sido Antorcha.&lt;br /&gt;–La otra opción es despedirte y boletinarte; a ver quién te quiere contratar. ¿Qué prefieres?&lt;br /&gt;Sin decir más, Alejandro cobró su paga semanal y se dirigió al banco para depositarla.&lt;br /&gt;“Cae la máscara de Antorcha. Era el Tiburón blanco”, Alejandro se imaginaba los titulares de las revistas anunciando su derrota. “No mames, ni quien se acuerde de mi otro personaje; nunca lo destaparon”, rectificaba inmediatamente.&lt;br /&gt;Al día siguiente, después de entrenar, se fue a almorzar a una cafetería cercana a la arena.&lt;br /&gt;–¿Qué pasó, mi flamitas? Qué milagro que te dejas ver –lo recibió efusivamente el dueño de la cafetería, quien había sido luchador e incluso compartió la esquina con Antorcha cuando éste debutó en la empresa.&lt;br /&gt;–Ya ves. La chamba no deja tiempo para muchas cosas.&lt;br /&gt;–Mientras no descuides a tu familia y a los cuates, está bien.&lt;br /&gt;–¿Cómo va el negocio?&lt;br /&gt;–No me quejo; no me faltan clientes. ¿Qué te sirvo?&lt;br /&gt;–No tengo mucha hambre; nomás tráeme un plato de fruta, unos huevos con jamón y unos hot-cakes.&lt;br /&gt;–¿De tomar quieres el océano Pacífico, o con el puro tinaco te basta?&lt;br /&gt;Alejandro no contestó.&lt;br /&gt;–Qué cara. Siempre has sido feo, no tienes por qué ayudarte con esos gestos.&lt;br /&gt;En vez de responder a la broma, Alejandro le preguntó a su amigo lo que lo inquietaba:&lt;br /&gt;–¿Cómo perdiste la máscara?&lt;br /&gt;–No me fijé en dónde la dejé y alguien me la voló.&lt;br /&gt;–No mames.&lt;br /&gt;–¿Qué te digo? Tú estuviste en esa función. Me pescaron con un potro y me rendí.&lt;br /&gt;–No me refiero a la lucha, güey. ¿Te pidieron que echaras la tapa o tú quisiste perderla?&lt;br /&gt;–No me digas que ya te toca.&lt;br /&gt;–A más tardar, en tres meses.&lt;br /&gt;–Soltar la máscara me ayudó a poner este negocio. Ya estaba muy lastimado y no podía seguir.&lt;br /&gt;–¿No te dolió?&lt;br /&gt;–Vieras qué efectivo es el poder curativo de un jugoso cheque.&lt;br /&gt;–¿Y no te molesta ser recordado como uno más de los que no pudo seguir luchando sin su tapa?&lt;br /&gt;–Extrañaba mucho a mi familia. Ahora puedo estar con ellos todos los días.&lt;br /&gt;–No sé si me convenga perderla o no. Estoy en mi mejor momento.&lt;br /&gt;–Velo de este modo, si la pierdes serías un excelente rudo; eres más feo que pegarle a un niño.&lt;br /&gt;–Quisiera rajarme, pero no me late que me boletinen y no pueda trabajar tanto.&lt;br /&gt;–No eres tan viejo; tienes 35 años. Puedes rehacer tu carrera con una nueva máscara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Disculpe, Antorcha, ¿puedo entrenar con usted? –le preguntó un joven que apenas había debutado el año anterior y cuyo nombre de batalla era la Boa.&lt;br /&gt;–Si me hablas de usted, no –Antorcha dejó las pesas y se dirigió al ring; con un ademán, invitó al muchacho a trepar al encordado.&lt;br /&gt;–Perdón, es que no me acostumbro. Ust… Tú eres una figura y yo apenas empiezo –el joven subió al cuadrilátero.&lt;br /&gt;–¿Y? Somos compañeros, colegas; somos iguales –y antes de que la Boa respondiera, lo tomó por el brazo y le aplicó un látigo.&lt;br /&gt;El joven respondió con unas patadas voladoras y comenzó el intercambio de llaves. Tras quince minutos, Antorcha inmovilizó al novato con un nudo.&lt;br /&gt;–Te gusta mucho ese castigo –comentó el muchacho, adolorido.&lt;br /&gt;–No sólo ése. Siempre trato de ganar mis luchas con una llave distinta, para no aburrir al público.&lt;br /&gt;–Me gustaría seguir entrenando contigo, si no te molesta.&lt;br /&gt;–No hay problema.&lt;br /&gt;Por la noche, Antorcha se presentó en Querétaro. Por primera vez desde que le dieron la noticia, tuvo una buena lucha; algunas personas hasta aventaron dinero. Al salir de la arena, un aficionado se le acercó y le ofreció comprarle la máscara que usó en ese combate. Tras recibir la capucha y pagarla, el joven le dijo:&lt;br /&gt;–Nunca pierda la máscara; acabaría con mis recuerdos de la niñez.&lt;br /&gt;Antorcha sólo le dio un apretón de manos y se alejó, sin saber qué le molestaba más, que le dijeran aquello de no perder la máscara o sentirse viejo por el comentario de la niñez del aficionado.&lt;br /&gt;Los entrenamientos con la Boa continuaron, todos los días, durante un mes; Alejandro estaba sorprendido por la habilidad del muchacho. “Estás para cosas grandes, muchacho. Cuídate y puedes llegar a las estelares”, solía decirle. La Boa no sabía qué responder y se limitaba a agradecer los comentarios.&lt;br /&gt;Dos semanas antes del cierre de temporada, en una función en Tlaxcala, Antorcha y la Boa se enfrentaron en una lucha en relevos australianos.&lt;br /&gt;–Me siento raro, todavía no pertenezco aquí –atinó a decir la Boa en los vestidores.&lt;br /&gt;–Si sigues pensando así, ésta será tu última lucha estelar –lo recriminó Antorcha–. Para eso son estas funciones: así ven si ya estás listo para tener nuevos compañeros y rivales. Relájate y sal a divertirte, pero no te descuides. No va a faltar quién te quiera cargar la mano.&lt;br /&gt;–¿Tú, por ejemplo?&lt;br /&gt;–Y todo aquel que se pare en un ring.&lt;br /&gt;–Esos de la semifinal, les toca –una voz interrumpió la plática.&lt;br /&gt;Antorcha salió al ring acompañado de Jaguar y el Rey. La Boa hizo equipo con Titán y el Inquisidor.&lt;br /&gt;Al término de la lucha, la cual ganó la tercia de la Boa, Antorcha felicitó al muchacho.&lt;br /&gt;–Me hubiera gustado que tú y yo definiéramos el combate, pero no lo hiciste nada mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Próximamente, la jaula de la muerte. Diez máscaras en juego”, rezaba la portada de una revista que hojeaba un aficionado en la cafetería del amigo de Antorcha.&lt;br /&gt;“Ya no hay pa’ dónde correr”, pensó Alejandro.&lt;br /&gt;–¿Tons qué, mi flamitas? ¿Listo para tu nueva etapa como el luchador cuyo rostro es un antídoto para el amor? –preguntó su amigo.&lt;br /&gt;Alejandro evadió la pregunta y pidió su desayuno.&lt;br /&gt;–Sírveme las flautas, una orden de tacos de bistec y dos huevos con tocino. Mientras se prepara todo, tráeme un coctel de frutas y una canasta de pan dulce.&lt;br /&gt;–Ya entendí tu estrategia. Vas comer hasta ponerte tan gordo, que te quedarás atorado en la jaula y te descalificarán por romper el mobiliario de la arena.&lt;br /&gt;–¿Quieres propina o no, cabrón?&lt;br /&gt;–Ya no pienses en eso. Ni que fuera hoy el cierre de temporada. Ya ves que las revistas siempre adelantan estos avisos para crear expectativas.&lt;br /&gt;–Perdón. Todavía no lo asimilo.&lt;br /&gt;–Sólo te voy a dar un consejo: no hagas lo mismo que el Sembrador de Odio. Cuando lo destaparon, dijo a los periodistas que empezaba una nueva etapa en su carrera y que en adelante sería luchador exótico. Ahora se llama Sexy primavera y no lo contratan tan seguido. Aunque se ligó a uno de los réferis y están pensando en adoptar un niño.&lt;br /&gt;Por la noche, Alejandro aprovechó que no debía luchar en ningún lado y se quedó en casa con Ana. Mientras veían una película, quiso preparar a su esposa.&lt;br /&gt;–Ana, ¿seguirás queriéndome si llego a perder la máscara?&lt;br /&gt;–Pero ya no te pediría más autógrafos.&lt;br /&gt;–Hablo en serio.&lt;br /&gt;–¿Por qué lo preguntas?&lt;br /&gt;–Nomás. Digo, no sé si mi tapa va a ser eterna.&lt;br /&gt;–Estoy casada con el hombre, no con la máscara. Además, si la pierdes, siempre puede haber un Antorcha júnior.&lt;br /&gt;–No me gustan los hijos de luchadores.&lt;br /&gt;–¿Y si fuera tu propio hijo?&lt;br /&gt;–No tenemos.&lt;br /&gt;–Bueno, espera unos siete meses para que nazca el que estoy esperando. Cuando cumpla diez años, comienzas a entrenarlo. Y cuando sea mayor de edad, lo debutas.&lt;br /&gt;–¿No me escuchaste? No tenemos hijos.&lt;br /&gt;–El que no escuchó fuiste tú. Estoy embarazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estoy listo para echarla. ¿Firmo de una vez el contrato? ¿Sigue en pie la garantía ofrecida? –dijo Alejandro al día siguiente, en la oficina del promotor.&lt;br /&gt;–Tranquilo. Pasado mañana habrá una conferencia de prensa para dar a conocer el cartel y ahí haremos la firma de contratos.&lt;br /&gt;–¿Con quién la pierdo?&lt;br /&gt;–Con un novato que vamos a impulsar fuerte el próximo año: la Boa.&lt;br /&gt;Alejandro volvió a sentir los deseos de rajarse.&lt;br /&gt;Por la tarde, en el gimnasio, se encontró con su futuro verdugo:&lt;br /&gt;–No eres nada tonto. Pedirme que te entrenara para así conocer mis puntos fuertes y los débiles. Muy listo de tu parte.&lt;br /&gt;–Perdóname. Me ordenaron practicar contigo para poder acoplarnos y así dar una buena lucha. No se me ocurrió otra forma de hacerlo. Iba a decírtelo.&lt;br /&gt;–¿Cuándo? ¿Mientras me desamarraba la tapa, o en los vestidores, después de la función?&lt;br /&gt;La Boa se alejó rumbo a las regaderas. Enojado, Alejandro se fue al hospital, donde alcanzaría a Ana para su ultrasonido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Como saben –comenzó a decir el jefe de programación de la arena–, nos gusta organizar una función fuerte antes de que termine el año. Es nuestro regalo de Navidad para los aficionados.&lt;br /&gt;“Y para los revendedores”, pensaron los periodistas.&lt;br /&gt;–Para este cierre, haremos nuestra ya tradicional jaula de la muerte. Estamos convencidos de que será muy atractiva. Los participantes están aquí, en esta mesa: Inquisidor, Antorcha, Jaguar, Titán, Espía I y Espía II, y cuatro jóvenes que prometen bastante: la Boa, Asesino fantasma, el Cadete y Mercurio.&lt;br /&gt;Mientras los fotógrafos accionaban sus cámaras, los diez gladiadores firmaron sus respectivos contratos. Ocho de éstos sólo especificaban el monto a cobrar y el orden de salida de la jaula. El de la Boa, además, tenía la leyenda “ganador”. Antorcha leyó el documento; ahí estaban las cláusulas: “perdedor… quinientos mil pesos… campeonato en tres meses…”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas se dio a conocer el cartel, los miembros de los foros de opinión en Internet comenzaron a especular sobre el posible perdedor y el ganador. Todos daban como derrotado a alguno de los Espías. En lo que no se ponían de acuerdo era en quién lo destaparía. Nadie pensaba que Antorcha sería el sacrificado.&lt;br /&gt;La noche anterior a la función, Antorcha y Titán lucharon en Hidalgo. De regreso, en la carretera, comentaban acerca de la jaula.&lt;br /&gt;–Pensé que me tocaría, pero no. Soy el segundo en salir. Y eso que tuve un mal año por culpa de la bebida –confesó Titán.&lt;br /&gt;–No, compadre. A ti no te van a tocar, al menos no ahorita.&lt;br /&gt;–¿Entonces quién pierde?&lt;br /&gt;–Yo mero.&lt;br /&gt;–No manches.&lt;br /&gt;–Me toca. No me queda de otra.&lt;br /&gt;–Puedes rajarte, no presentarte. Desobedece y gana.&lt;br /&gt;–No, compa, ayer me depositaron la mitad del pago. El martes me dan el resto.&lt;br /&gt;Al llegar a su casa, Alejandro intentó meterse en su cama sin hacer ruido. Sólo le dio un beso a su mujer y recibió una bofetada.&lt;br /&gt;–Baboso, estás casado con mi hermana, no conmigo.&lt;br /&gt;Ana entró en la recámara, con un vaso de agua.&lt;br /&gt;–De seguro se te olvidó que mi hermana nos visitaría este fin de semana.&lt;br /&gt;“Carajo, otra vez me toca el sillón”, pensó Alejandro y salió de la habitación.&lt;br /&gt;Por la mañana, Ana preparó la maleta de su marido.&lt;br /&gt;–Cuídate mucho. No olvides dejar dos boletos en la taquilla, mi hermana quiere ir para abuchearte.&lt;br /&gt;–Hoy no se va a poder, mi vida.&lt;br /&gt;–¿Por qué?&lt;br /&gt;–No pue… –Alejandro supo que debía decir la verdad–. Yo voy a ser al que destapen.&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;–Son órdenes de la empresa. No quería desilusionarte.&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;–La máscara va a pagar el hospital cuando nazca el niño; el resto será para sus estudios.&lt;br /&gt;Ana besó a su marido y lo abrazó:&lt;br /&gt;–Antorcha júnior vengará tu derrota. No olvides que cada día te amo más.&lt;br /&gt;–Pinches cursis –se escuchó la voz de la cuñada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Quieres de primera fila? Ya no hay en la taquilla.&lt;br /&gt;–Te vendo el que te falta o te compro el que te sobre.&lt;br /&gt;Los revendedores trataban de colocar sus últimos boletos. Las calles aledañas a la arena estaban llenas. En los vestidores, Antorcha estaba silencioso, pensando en su futuro como luchador. La Boa se acercó:&lt;br /&gt;–Aunque no me creas, en este tiempo que entrenamos juntos aprendí más de lucha libre que en los últimos dos años.&lt;br /&gt;–Muchacho –respondió Antorcha–, nunca pienses que ya la hiciste. Hoy me toca a mí, pero el que te lleves mi máscara no garantiza que tendrás un buen lugar. Aunque eres talentoso, la última palabra es del promotor.&lt;br /&gt;–Acabó la semifinal. Les toca –se escuchó la voz de uno de los ayudantes en la arena.&lt;br /&gt;Los luchadores se persignaron ante un altar en los vestidores, amarraron sus máscaras y salieron rumbo al ring.&lt;br /&gt;–Damas y caballeros –decía el anunciador oficial de la arena–, las reglas de la jaula son las siguientes: los participantes lucharán entre sí durante diez minutos, tras los cuales podrán abandonar la jaula. Los últimos dos luchadores que queden adentro deberán enfrentarse en un combate a una caída, máscara contra máscara.&lt;br /&gt;La música sonó y los gladiadores aparecieron. Primero lo hicieron los rudos; después, los limpios. Se cerró la jaula e inició la batalla campal.&lt;br /&gt;La gente estaba expectante. Algunos gritaban apoyando a su favorito, pero la mayoría guardaba silencio. En el décimo minuto sonó la ocarina y comenzaron los intentos por abandonar el enrejado.&lt;br /&gt;El primero en salir fue el Espía II. “Me lleva, ya perdí la apuesta”, pensó un aficionado. Titán fue el segundo en salvar su incógnita. Los golpes continuaban. Jaguar trepó hasta lo alto de la jaula, pero en lugar de abandonarla se lanzó hacia el centro del ring, cayendo sobre dos de sus rivales. Asesino fantasma quiso imitarlo y pidió a sus compañeros rudos que detuvieran a algunos técnicos. Subió a la cima, y cuando parecía que se lanzaría, hizo una seña en son de burla y escapó. El cuarto en salir fue Espía I, seguido de Cadete. Inquisidor fue el sexto en salvarse de la quema. Jaguar y Antorcha formaron entonces frente común en contra de la Boa y Mercurio. Después de cinco minutos, el felino abandonó la reja, dejando en desventaja a Antorcha. Mercurio aprovechó para golpear a ambos luchadores y huyó. Antorcha y la Boa intentaron salir al mismo tiempo, pero el réferi entró al ring y ordenó que bajaran.&lt;br /&gt;–Respetable público –anunció el maestro de ceremonias–, Antorcha y la Boa son los dos que no pudieron abandonar la jaula. De acuerdo con las reglas antes mencionadas, deberán jugarse las máscaras en una lucha a una caída, sin límite de tiempo.&lt;br /&gt;–Boa, Boa, Boa –Alejandro escuchó la inconfundible y aguda voz de su cuñada, quien apoyaba a su rival.&lt;br /&gt;Ana, por el contrario, alzó un cartel que decía: “Antorcha, eres el mejor”.&lt;br /&gt;“Nunca me hace caso”, pensó Alejandro.&lt;br /&gt;La Boa aprovechó la distracción de su rival y comenzó a castigarlo. Antorcha quiso rendirse en ese momento y terminarlo todo, pero decidió darle batalla. No perdería tan fácilmente, al menos no delante de su esposa.&lt;br /&gt;Tal como hicieron en los entrenamientos, se enfrascaron en duelo muy técnico. Los aficionados no sabían a quién apoyar y sólo aplaudían cuando alguno de los luchadores ponía una llave nueva. Tras varios minutos, Antorcha atrapó a su contrincante con un tirabuzón. Se escuchó el grito de la gente, que pensaba que se acababa la lucha. Alguien exclamó: “Ya lo tienes, jálale la pierna y haz la esvástica”, pero como estaba en la zona de gradas no lo oyeron. Haciendo fuerza, la Boa logró romper el castigo. Antorcha aplicó una segadora y acto seguido enredó a su rival para llevárselo al toque de espaldas. Antes de la tercera palmada, la Boa puso una pierna en una de las cuerdas y el réferi interrumpió el conteo. Ambos se soltaron.&lt;br /&gt;El novato esquivó un golpe y aplicó una tapatía. Antorcha resistió y logró zafar sus brazos. Las piernas de la Boa no aguantaron el peso y Antorcha se liberó del castigo. La Boa falló unas patadas voladoras. Antorcha tomó a su rival y lo azotó contra la lona. Se subió lentamente a la tercera cuerda, para lanzarse en una plancha.&lt;br /&gt;–Se acabó –dijo Ana a su hermana–. Ahorita lo van a pescar y le ganan.&lt;br /&gt;La hermana ya se preparaba para gritarle a Antorcha que no se quitara la máscara porque estaba feo.&lt;br /&gt;Intencionalmente, Antorcha tardó en aventarse, fingiendo que no podía guardar el equilibrio. La Boa se incorporó y golpeó las piernas de su rival para sentarlo en los tensores del ring. Subió a la tercera cuerda y, apoyándose en la reja, atrapó con sus extremidades inferiores el cuello del técnico y se dejó ir hacia atrás para aplicarle una frankestein. A pesar de que se trataba de un movimiento que dominaba, por el estorbo de la jaula no impulsó a su rival con la suficiente fuerza y Antorcha cayó sobre la rodilla del rudo, dejándolo muy lastimado. El réferi se percató de esto y detuvo el combate; mandó a Antorcha a una de las esquinas y pidió que subiera el médico de la arena.&lt;br /&gt;“No chinges, esto ya valió”, pensó el promotor.&lt;br /&gt;“Puta madre, adiós lana”, comprendió Antorcha.&lt;br /&gt;–Mi hijo, ¿qué le pasó a mi hijo? –gritaba la madre de la Boa, sentada en la primera fila.&lt;br /&gt;El doctor hizo una seña y se escuchó la voz del anunciador de la arena:&lt;br /&gt;–Damas y caballeros, su atención por favor. Por impedimento médico, el perdedor de la lucha, y quien debe despojarse de su máscara y dar su nombre, es la Boa.&lt;br /&gt;El derrotado aflojó la agujeta de su capucha y se la quitó rápidamente. Antorcha no se dio cuenta de en qué momento le entregaron el trofeo, y tampoco escuchó el nombre real del muchacho, quien fue sacado en camilla.&lt;br /&gt;“¿Ahora cómo pago el parto?”, era lo único que podía pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Boa fue llevado al hospital, donde le operaron la rodilla. A pesar de que la cirugía no tuvo complicaciones, los médicos le recomendaron que no volviera a luchar. Dos días antes de que fuera dado de alta, recibió la visita de Alejandro y Ana.&lt;br /&gt;–Si no querías ganarme, no hubieras puesto la pierna en la cuerda cuando te hice la enredadera –bromeó Alejandro al ver al muchacho en la cama del sanatorio.&lt;br /&gt;–Mira, Antor… Alex, te presento a mi mamá.&lt;br /&gt;Alejandro y Ana voltearon hacia ella.&lt;br /&gt;–No fue mi intención, señora. Fue un accidente.&lt;br /&gt;–Lo sé, joven, lo sé.&lt;br /&gt;–¿Qué vas a hacer ahora? –preguntó Ana.&lt;br /&gt;–Regreso a la universidad. Me faltan dos semestres para graduarme como abogado –y agregó–: No te preocupes, no te voy a demandar.&lt;br /&gt;Alejandro sonrió y le dio una bolsa que traía consigo.&lt;br /&gt;–Toma, muchacho. Tú debiste llevártela.&lt;br /&gt;Era la máscara que Antorcha usó en la accidentada función.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir del hospital, Ana tomó del brazo a su esposo.&lt;br /&gt;–Lástima que no cobraste los quinientos mil completos.&lt;br /&gt;–Eso me pasa por no leer las letras chiquitas. Ese promotor se cuida bien en sus contratos. Pero aun así es una buena lana. Ya verás que el negocio que vamos a poner será un éxito.&lt;br /&gt;–¿Estás seguro de que hiciste lo correcto?&lt;br /&gt;–Él tenía que llevarse la máscara.&lt;br /&gt;–No me refiero a eso.&lt;br /&gt;–Ese accidente pudo pasarme a mí. Es mejor así. No quiero que el bebé tenga un padre lastimado, o peor aún, muerto.&lt;br /&gt;–¿Y es irrevocable?&lt;br /&gt;–Es lo que decía mi renuncia. El viernes, al terminar la lucha, anuncio mi retiro.&lt;br /&gt;–Pero no te quites la máscara. Mi hermana ya amenazó con gritarte que te la pongas. ¿Sabes? Me da gusto que hayas aceptado el trabajo como instructor en la arena.&lt;br /&gt;Alejandro no respondió. En lo único que pensaba era en cómo hacerle para que no le faltara nada a su hijo, una vez que naciera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por este medio, agradezco públicamente a mi amigo Kcidis (Ernesto Mireles) por la extraordinaria ilustración que hizo para este cuento. Un verdadero placer contar con su valiosa colaboración para esta entrada.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-67164244197579258?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/67164244197579258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=67164244197579258' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/67164244197579258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/67164244197579258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/12/otro-cuento-de-luchadores-texto-diego.html' title='Antorcha'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R24IhrizlUI/AAAAAAAAAAU/JIAmbYeH-hg/s72-c/antorcha2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-2501853917841429790</id><published>2007-12-14T20:28:00.000-08:00</published><updated>2007-12-14T20:55:40.989-08:00</updated><title type='text'>Fiesta de fin de año</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Haciendo un poco de limpieza en casa (es en serio), me encontré con este texto que escribí en 1997, tras haber participado en mi primera fiesta de fin de año. Como no tengo ninguna pastorela ni villancicos, me pareció indicado subirlo al blog, con motivo de las fiestas decembrinas. Espero que lo disfruten en la cálida compañía de sus seres queridos.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo pensó que al fin había madurado.&lt;br /&gt;A pesar de ser un diseñador muy talentoso, nunca duraba más de tres meses en un empleo, pues perdía el interés, dejaba de hacer bien las cosas y se dedicaba a charlar y a distraer a las personas con las que trabajaba, hasta que era despedido. Su padre, cansado de mantenerlo, lo amenazó con ponerlo a laborar en su negocio de telas (el cual Arturo odiaba) si no lograba permanecer en su siguiente trabajo, por lo menos, un año. Una semana después de ese ultimátum, ingresó al departamento de publicidad de una compañía de artículos de fotografía.&lt;br /&gt;Tres semanas después, dejó la casa de sus padres y rentó un departamento; así tendría una mayor motivación para no comportarse de modo relajiento. Al principio tuvo dificultades para dominar sus ganas de entablar amistad con sus nuevos compañeros, mas bastaba recordar las palabras de su padre para evitar cualquier intento de conversación extralaboral. Para asegurarse de que lograría su cometido, decidió comer siempre solo y no aceptar ninguna invitación para convivir fuera de horas hábiles. Rápidamente se ganó fama de huraño y se convirtió en un adicto al trabajo.&lt;br /&gt;A pesar de que ya había logrado durar un año en la empresa, no creía tener su puesto seguro. Esa sensación cambió el primer lunes de diciembre, cuando, al llegar a su oficina, vio en su escritorio un sobre con la invitación a la comida de fin de año de la empresa. Junto con ésta, venía una notificación de que dentro de una semana le darían el aguinaldo. Finalmente se convenció de que su vida laboral iba por buen camino.&lt;br /&gt;A partir de ese día, su ánimo cambió. Por primera vez sus compañeros lo vieron sonreír, dejó de portarse tan solemne e incluso invitó a comer a sus colaboradores más cercanos. Nadie aceptó y tuvo que comer solo en una fonda que estaba a dos cuadras de su oficina.&lt;br /&gt;Sus compañeros estaban desconcertados con este cambio de actitud por parte de Arturo, y el asombro fue mayor cuando confirmó su asistencia a la comida de fin de año.&lt;br /&gt;No obstante, él seguía poniendo todo su empeño en el trabajo y declinó participar en el intercambio de regalos que se organizó en su departamento, pues pensaba que dicha actividad le quitaría tiempo que podría aprovechar en la planeación de la nueva estrategia de mercadotecnia de la compañía. Sus compañeros pensaron que sólo quería llamar la atención haciéndose el mártir.&lt;br /&gt;El día de la comida, viernes, la empresa laboró únicamente medio día. A la una y media, el director de Recursos Humanos anunció que en el estacionamiento se encontraban dos camiones que llevarían a aquellos empleados que no tuvieran auto. Al cuarto para las dos, ya no había nadie en la oficina, excepto Arturo, quien prefirió quedarse un rato más para terminar el informe de actividades de su departamento.&lt;br /&gt;–Ustedes adelántense y apártenme un lugar; al rato los alcanzo –pidió a sus compañeros.&lt;br /&gt;“Farsante, sólo quiere hacerse el responsable”, pensó una de las secretarias.&lt;br /&gt;A las dos y media terminó el informe y abordó un taxi para dirigirse a la fiesta. Cuarenta minutos después, llegó al salón. Una edecán le entregó una camiseta con el logotipo de la empresa y, sonriendo de un modo que a Arturo le pareció forzado, le deseó que se divirtiera. Rápidamente ubicó la mesa en la que estaban sus compañeros de departamento y descubrió sorprendido que no le habían guardado un lugar con ellos. Se sentó con unas secretarias a las que no conocía.&lt;br /&gt;El maestro de ceremonias solicitó a los asistentes que revisaran debajo de sus platos, pues algunos tenían una sorpresa. Todos obedecieron y diez de ellos encontraron un papel que decía “Felicidades, te ganaste un arcón”. Arturo sólo halló una mosca aplastada. Apenado, uno de los meseros le dio un traste nuevo.&lt;br /&gt;Tras la entrega de los arcones, los meseros empezaron a repartir canastillas con galletas y pan. El maestro de ceremonias anunció que había una segunda sorpresa. Arturo deseó que no le pidieran revisar debajo de su asiento, pues temía encontrar una cucaracha.&lt;br /&gt;La nueva sorpresa fue la presencia de un cantante de moda, quien interpretó varias canciones para beneplácito de casi todos los presentes. Al terminar la segunda pieza, el artista mencionó que se sentía orgulloso de colaborar con la empresa “pues aquí, con nosotros, es donde está la calidad”. Lejos de entender la lisonja, Arturo pensó que se trataba del mensajero de la empresa, a quien le habían dado chance de cantar para aumentar sus ingresos (no había ningún parecido entre ellos, pero Arturo era un pésimo fisonomista y no sabía nada de música actual).&lt;br /&gt;Siete canciones después, todos estaban felices; Arturo tenía hambre. En una de las melodías, el artista se infiltró entre los empleados y les extendió el micrófono para que le hicieran la segunda voz. “Con razón ninguno se dedicó a la farándula”, pensó Arturo.&lt;br /&gt;Finalmente, el artista agradeció de nueva cuenta la invitación y deseó buen provecho a todos. Arturo empuñó los cubiertos esperando la llegada de los meseros. Su desilusión se incrementó ante la aparición de un comediante que realizó una rutina de cuarenta minutos. Arturo tomó su teléfono celular y llamó a una pizzería; apenas dio la dirección del restaurante donde se encontraba, lo tacharon de bromista y le colgaron.&lt;br /&gt;Resignado, pidió la canastilla de pan, pero ésta ya no tenía ni una pieza. “Con razón ninguna está delgada”, pensó.&lt;br /&gt;El cómico daba lo mejor de su repertorio: imitó a varios artistas, contó chistes alusivos al sexo (de los cuales Arturo no entendió ninguno) e hizo una rutina en la que se mofaba de los matrimonios. Uno de sus compañeros se le acercó a Arturo para decirle que él era más simpático. Arturo agradeció el halago, y media hora después recordó que nunca había contado un chiste en la empresa.&lt;br /&gt;Tras la retirada del cómico, los meseros hicieron su aparición. Arturo aplaudió. El camarero que lo atendió parecía formar parte de la Selección Nacional de Lanzamiento de Freezbe. En ese momento, se anunció la presencia de un grupo musical que amenizaría la comida.&lt;br /&gt;Después que terminaron de afinar sus instrumentos sin mucho éxito, comenzaron a tocar. El sonido era tan fuerte que todo el salón vibraba. A Arturo le costó mucho trabajo ensartar la lechuga con su tenedor. “Espero que no sirvan aguacate en el plato fuerte”, pensó molesto.&lt;br /&gt;Para acompañar sus alimentos, pidió un refresco de toronja. El mesero ignoró su petición y le trajo un tequila.&lt;br /&gt;–Para que crea que las señoritas están guapas –explicó el camarero.&lt;br /&gt;Arturo se enojó por el comentario, pero admitió que tenía razón.&lt;br /&gt;A la hora del postre, los músicos invitaron a los comensales al centro de la pista para que empezaran a bailar. Inmediatamente, más de la mitad cumplió con la orden.&lt;br /&gt;Arturo volvió a ordenar un refresco de toronja.&lt;br /&gt;–¿Toronja? Sea machito y tómese el tequila que me hizo traerle –lo regañó el mesero.&lt;br /&gt;Para evitar más corajes, Arturo fijó su atención en los bailarines. Distinguió a la secretaria de su área con un muchacho al que nunca había visto. También se percató de que varias de las parejas estaban conformadas por gente que usualmente no se dirigía la palabra.&lt;br /&gt;“El poder de unión de la música mala es impresionante”, razonó.&lt;br /&gt;El capitán de meseros se acercó a la mesa:&lt;br /&gt;–¿Los están atendiendo bien?&lt;br /&gt;“Me aventaron la comida, pedí un refresco y me dijeron joto y me dieron un tequila; hicieron un comentario irrespetuoso de las damas de esta mesa…”&lt;br /&gt;–Muy bien, muchas gracias –respondió.&lt;br /&gt;–Anímese, joven –le indicó el capitán–. Estos reventones son para gozar. Si no, qué chiste tendría la vida.&lt;br /&gt;“Lo que me faltaba, un mesero filósofo.”&lt;br /&gt;–Al rato, al rato –contestó.&lt;br /&gt;En ese instante, el grupo interpretaba una canción ideal para bailar en grupo. Casi todos participaban en la coreografía y seguían las indicaciones de la vocalista:&lt;br /&gt;–Las manos arriba… las manos abajo… arriba, abajo; arriba, abajo. El brazo derecho arriba, abajo; arriba, abajo. Ahora el izquierdo… arriba, abajo; arriba, abajo. Todos den tres pasos a la derecha; ahora a la izquierda. Derecha… izquierda; adelante… atrás. Arriba, abajo… arriba, abajo. Ahora ustedes solos… –y cambiaron la melodía–: No rompas más mi pobre corazón…&lt;br /&gt;Arturo enmudeció. La mayoría de los bailarines no se conocían más que de vista; posiblemente muchos nunca se habían dirigido la palabra, y estaban haciendo el baile como si ensayaran juntos todos los días. La sorpresa fue mayor cuando distinguió a su jefe en ese grupo.&lt;br /&gt;Para sobreponerse, bebió el tequila de un trago y pidió otro.&lt;br /&gt;–Qué bueno que ya se está animando, joven –comentó el mesero y le dio el trago–. Ahora saque a bailar a alguna de las señoritas.&lt;br /&gt;Arturo bebió cuatro tragos más. Como no estaba acostumbrado a beber, se mareó. Una de las damas con las que compartía la mesa se percató de esto y le sugirió que bailara para que, con el sudor, expulsara el alcohol que acababa de ingerir.&lt;br /&gt;Arturo no comprendió cómo el baile podía ayudarle a sentirse mejor, pero después de beber una nueva copa decidió seguir el consejo y se dirigió a la pista con la dama que le hizo la sugerencia.&lt;br /&gt;Ahora eran sus compañeros quienes estaban asombrados.&lt;br /&gt;Mientras bailaba, Arturo reflexionó que no era tan malo estar en la pista y poco a poco se olvidó de lo mal que lo estaba pasando.&lt;br /&gt;–Nunca sospeché que bailaras tan bien –mintió la secretaria en la pista.&lt;br /&gt;–Yo nunca me había fijado en lo guapa que eres –mintió él.&lt;br /&gt;Terminada la pieza, se unió a sus compañeros de área y charló animadamente con ellos. Contó varios chistes que a todos les parecieron más malos que los del comediante y bebió cuatro copas más (dos de vino, una de ron y un vodka).&lt;br /&gt;Cuando dieron las nueve de la noche, ya había bailado con casi todas las mujeres de la compañía, le hizo varias bromas de mal gusto al director general e incluso se había subido al escenario para cantar tres piezas con el grupo.&lt;br /&gt;A las once terminó la fiesta. Arturo estaba seminoqueado en su mesa. Una de las secretarias verificó la dirección de él en su identificación y lo llevó a su departamento. Ayudada por la portera del edificio, la secretaria logró que Arturo llegara a su recámara. Arturo abrió los ojos y la besó. Ella lo abofeteó y él cayó en la cama. Despertó hasta el domingo por la tarde.&lt;br /&gt;Además del dolor de cabeza, Arturo estaba desconcertado por la mancha de lápiz labial que tenía en la boca.&lt;br /&gt;El lunes en la mañana la portera le informó del estado en que llegó la noche del viernes. Arturo no lo podía creer. Ya en la oficina, encontró un papel en su escritorio. “No voy a contar nada del beso, pero no me vuelvas a hablar”, decía.&lt;br /&gt;Sus compañeros lo saludaban como si se tratara de un héroe.&lt;br /&gt;–Te rayaste, mano. Qué bien cantas.&lt;br /&gt;–No inventes, no dejaste a ni una viva con tus pasos de baile.&lt;br /&gt;Al mediodía se presentó a la reunión en la que expondría el informe de actividades. El clamor del público fue general:&lt;br /&gt;–Fuera, fuera, fuera, fuera… –gritaban entre risas.&lt;br /&gt;–Ése no era yo, sino mi primo –fue lo único que atinó a responder, e inició su presentación.&lt;br /&gt;Al terminar, sólo escuchaba comentarios como los siguientes:&lt;br /&gt;–Qué onda, primo. A ver si vienes más seguido.&lt;br /&gt;–Mañana hay posada en mi casa; si quieres, lleva a tu primo.&lt;br /&gt;–¿Tu primo es más joven o más viejo que tú?&lt;br /&gt;A la hora de la comida, anunció que no regresaría puesto que debía ir a renovar el contrato de su departamento.&lt;br /&gt;En la puerta, el guardia de seguridad le pidió un autógrafo.&lt;br /&gt;Al salir abordó un taxi y tomó una decisión. Al llegar a la inmobiliaria, informó que desocuparía el departamento a finales de enero. Después, puso un anuncio en el periódico rematando sus muebles.&lt;br /&gt;Al día siguiente se presentó en la oficina de Recursos Humanos y entregó su renuncia.&lt;br /&gt;Por la tarde, ya estaba instalado de nueva cuenta en casa de su familia y listo para comenzar a trabajar en el negocio de su padre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-2501853917841429790?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/2501853917841429790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=2501853917841429790' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2501853917841429790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/2501853917841429790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/12/fiesta-de-fin-de-ao.html' title='Fiesta de fin de año'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-7390405358450477805</id><published>2007-12-08T00:31:00.000-08:00</published><updated>2007-12-08T00:38:33.335-08:00</updated><title type='text'>Un viaje en metro</title><content type='html'>Anoche mi vecino organizó una fiesta en la que abundaron los gritos, tamborazos a todo volumen y cierto olor a plástico quemado. Hasta que terminó su reunión –cuatro de la mañana– pude conciliar el sueño. Por lo mismo, no escuché el despertador y, en vez de levantarme a las seis, lo hice al veinte para las ocho de la mañana (y yo entro a trabajar a las ocho y media). Me metí a la regadera para darme un baño rápido y descubrí con horror que no había gas (claro que eso me ayudó a despertar). Como ya era bastante tarde, no pude desayunar.&lt;br /&gt;            Por fortuna, enfrente de donde vivo pasa un microbús que llega al metro Chapultepec. En cuanto pasó, subimos tres personas, pagamos el pasaje y buscamos un asiento que, por supuesto, no encontramos.&lt;br /&gt;            Durante el viaje trataba de recordar una sinfonía de Beethoven que me gusta mucho, mientras que en el micro se escuchaba música muy diferente. Cuando llegamos a nuestro destino me bajé canturreando:&lt;br /&gt;            –&lt;em&gt;Oye, Soruyo, que el negrito es el único tuyo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;            Entrar a la estación fue un caos: primero tuve que esquivar a los vendedores ambulantes, lo cual me costó mucho trabajo porque eran muchos, tenían de todo y, además, muy barato; me distraje viendo qué tanto vendían. Estoy seguro de que la única razón por la que no venden a su mamá es porque la señora atiende el puesto de al lado.&lt;br /&gt;            Después de estar formado por espacio de diez minutos en la taquilla, llegó mi turno. Pedí dos boletos, y al pagar, la mujer que atendía me dijo:&lt;br /&gt;            –No tengo cambio, joven. ¿Se espera o así la dejamos?&lt;br /&gt;            Si mi situación económica fuera mejor le hubiera dicho que no había problema, pero como no es así, esperé hasta que la cajera tuviera cambio.&lt;br /&gt;            Me dirigí a los torniquetes y metí mi boleto una, dos, tres veces, y éste era rechazado. Atrás de mí había tres personas visiblemente molestas porque no las dejaba pasar por mi contratiempo. El policía que cuidaba la entrada me dijo:&lt;br /&gt;            –Pásese por debajo y rompa su boleto, joven.&lt;br /&gt;            Eso hice, y justo en ese momento llegó el convoy. Como hace la mayoría de los mexicanos, apenas lo vi, corrí a alcanzarlo. Como en esa estación baja mucha gente, no pude pasar. Me sentí como un corredor de futbol americano que es detenido en la línea de golpeo.&lt;br /&gt;            Esperar el siguiente tren es muy aburrido. El ambiente siempre es el mismo en las estaciones: nunca falta el que a cada rato se asoma para ver si ya viene el metro. Otros, en cambio, ya están acostumbrados y se distraen leyendo los anuncios, o de plano se sientan en el piso.&lt;br /&gt;            Preocupado por la hora, miré el reloj de la estación y me llevé el susto de mi vida: ¡marcaba las 27:00!, mientras que del otro lado se leían las 00:00.&lt;br /&gt;            Cuando llegó el tren (cuyo letrero decía que iba hacia Cuatro Caminos), un grupo de adolescentes le hizo la parada. “Típico de los que quieren hacerse los graciosos”, pensé.&lt;br /&gt;            Abordé el vagón y me senté. Ese primer trayecto –Chapultepec-Balderas– fue tranquilo. Dentro del tren se escuchaba música infantil. En Insurgentes subió un músico que tocaba baladas mientras su compañero pasaba a recoger lo que fuera nuestra voluntad; lo mismo sucedió en Cuauhtémoc, sólo que este nuevo cantante interpretó piezas folclóricas. Deberían de dar programas de mano en la taquilla para saber qué tipo de música tocan en cada vagón y así elegir en cuál subir.&lt;br /&gt;            Transbordar en Balderas fue un poco molesto. Salir del vagón no representó ningún problema. Lo complicado fue llegar al andén de correspondencia con la estación Universidad. Cada vez aparecía más y más gente. Traté de andar tan rápido como me fuera posible, pero la gente que estaba delante de mí iba muy despacio, y no los podía rebasar porque los que caminaban a mi lado lo hacían a toda velocidad.&lt;br /&gt;            Finalmente, llegué al andén, que estaba hasta la madre. Opté por irme hasta adelante, pero un policía me regresó porque era zona sólo para mujeres y niños (mejor sería que lo dividieran en zona de gordos y flacos).&lt;br /&gt;            Llegó el tren. Me alisté para entrar. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, los que esperábamos nos hicimos a un lado de las puertas para dejar salir a los que ahí bajaban. Oí a alguien decir: “Parece una boda, todos haciendo valla a los novios. Sólo falta que les arrojemos arroz”. Dejé escapar una sonrisa.&lt;br /&gt;            Todos quisimos entrar al mismo tiempo. Con empujones, codazos y quién sabe cuántos recursos más, me metí. Éramos tantos en el vagón que no podía moverme, ni siquiera para detenerme del tubo. (Aunque no era necesario agarrarme de algo, entre todos nos hubiéramos amortiguado si el metro se detenía en seco.)&lt;br /&gt;            Apenas arrancó el tren, fijé mi vista en el cartel que muestra el recorrido de la línea. Siete estaciones.&lt;br /&gt;            Las primeras dos escalas fueron tranquilas. En Niños Héroes bajaron y subieron pocos. Lo mismo pasó en Hospital General.&lt;br /&gt;            –Disculpe, ¿baja en la siguiente? –me preguntó una señora.&lt;br /&gt;            –No –respondí, y me hice a un lado para dejarla pasar.&lt;br /&gt;            De una de las bocinas del tren se escuchó un aviso que presagiaba peligro:&lt;br /&gt;            –Próximo arribo a la estación Centro Médico. Correspondencia con línea nueve. Dirección Tacubaya-Pantitlán.&lt;br /&gt;            En cuanto se abrieron las puertas salió tanta gente que me sacaron del vagón. Me asusté porque yo iba hasta Zapata y todavía faltaba mucho. Afortunadamente, la gente que entró se encargó de regresarme al interior del tren. Terminé hasta atrás, pegado a la otra puerta. Junto a mí se embarró una señora que cargaba a un niño; le pedí que me quitara al chamaco de la cara, y el escuincle me recitó varios insultos (algunos no los entendí).&lt;br /&gt;            Para distraerme, observé los anuncios pegados en el tren. Me llamaron la atención uno de &lt;em&gt;Neuróticos Anónimos&lt;/em&gt; y otro que tenía una fotografía de una pareja besándose, creo que era de una loción (y por bestia no me aprendí la marca). Como ver esa publicidad no toma ni un minuto, empecé a mirar al resto de los pasajeros y los estudié uno por uno. En la cara de varios se veía que esperaban a que alguien se levantara de su asiento para poder ocuparlo. Otros, que se notaba que viajan en este transporte a diario, se sentaron en el piso. También había parejas que no hacían otra cosa más que besarse (y lo hacían de tal modo que pensé que se extirparían las anginas –qué envidia–). Después vi a dos muchachas muy bonitas que charlaban entre sí. Ambas notaron que no apartaba mi vista de ellas y decidieron observarme; apenado, giré la cabeza.&lt;br /&gt;Como muchos de los pasajeros eran estudiantes, traté de adivinar, por su vestimenta, a qué facultad pertenecían algunos:&lt;br /&gt;            Los que usaban cabello largo, huaraches y leían &lt;em&gt;La Jornada&lt;/em&gt; eran de Filosofía y Letras; los que traían bata blanca iban a Medicina, Química o Biología.&lt;br /&gt;            En las siguientes tres estaciones recibimos la visita de los vendedores ambulantes. Éstos también traían de todo: llaveros, chicles, agendas... lo único que les faltaba era vender boletos del metro a mitad de precio. Algo que llamó mi atención fue que todos trabajaban para la misma empresa:&lt;br /&gt;            –Sí, mire, señores pasajeros, Productos de Alta Calidad pone a la venta. Se va a llevar... –gritaba cada uno de los vendedores, lo único que cambiaban de su discurso era el producto que vendían. Por mi mente pasó la idea de renunciar a mi empleo y rehacer mi vida trabajando en Productos de Alta Calidad. El que maneja esa empresa debe estar pudriéndose en dinero. Lo más impresionante de estos vendedores era que no importaba cuánta gente había en el metro, pasaban entre nosotros como si nada. También se subieron varios pseudocantantes con grabadora, amplificador y micrófono, supongo que a pedir cooperación para pagar sus clases de canto.&lt;br /&gt;            Al llegar a División del Norte pensé en bajar y caminar a mi trabajo, sólo tendría que recorrer tres cuadras más de las que había previsto; preferí quedarme y bajar en Zapata. Se cerraron las puertas. El tren reinició su marcha; por supuesto, se detuvo a medio camino. Se escuchó el siguiente mensaje de parte del conductor:&lt;br /&gt;            –Su atención, por favor. Se le informa al público usuario que permaneceremos detenidos unos minutos. Por su comprensión, gracias.&lt;br /&gt;            En cuanto se apagó esa voz, también lo hicieron las luces. Resignado, me recargué en uno de los tubos. En ese momento sentí una mano que me agarraba las nalgas. Era una sensación rara, pero me gustó; ya tenía tiempo que nadie me hacía eso. Volteé a ver quién era. Aunque estaba oscuro, pude distinguir a una chava guapa que me sonreía con coquetería. ¡Por fin algo bueno en mi viaje! Cuando regresaron las luces pude verla mejor; estaba buenísima. Me volvió a sonreír y esta vez correspondí a su gesto. Pensé en preguntarle su nombre y su teléfono, pero no me atreví; me conformé con memorizar su rostro.&lt;br /&gt;            El convoy reanudó su marcha. A estas alturas, todos estaban molestos por la escala involuntaria:&lt;br /&gt;            –Es un desastre, esto no pasa en mi país –se quejó un extranjero.&lt;br /&gt;            –Ya no hay caballeros –protestaba una mujer embarazada–; ven cómo está una y ni así le ceden el asiento. Un muchacho respondió, haciendo una voz aguda: “Pero si yo no fui el que la dejó así”.&lt;br /&gt;            Como tenía que suceder, al llegar a Zapata muchos de los que estaban sentados se levantaron para salir. ¡Ya para qué! Se abrieron las puertas y me despedí de la joven, quien se limitó a sonreír de nuevo.&lt;br /&gt;Ya en el andén, y como la mayoría de los que ahí estábamos, salí por el pasillo que tenía el letrero de &lt;em&gt;No Pase&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;            Junto a la salida había un puesto de pizzas. Me acerqué y pedí una rebanada con champiñones, pero aún no estaban listos los hornos. Mi estómago protestó.&lt;br /&gt;            Resignado, abandoné la estación y me dirigí a una cafetería que está junto a mi trabajo. Pedí unos molletes con chorizo y un jugo de naranja para llevar. En cuanto me los entregaron quise sacar mi cartera para pagar, sin embargo no la tenía conmigo; por más que la buscaba, no aparecía ni en las bolsas de mi saco ni en las del pantalón.&lt;br /&gt;            Sabía que la mano de esa chica no iba con buenas intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La primera versión de este relato fue escrita en 1998. Un mes después de que la terminé, fui invitado a participar en una lectura en público en la Casa del Lago, y éste fue el texto que leí. Sorprendentemente, la gente se rió.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-7390405358450477805?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/7390405358450477805/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=7390405358450477805' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7390405358450477805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/7390405358450477805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/12/un-viaje-en-metro.html' title='Un viaje en metro'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-5852227583258813333</id><published>2007-12-01T23:16:00.000-08:00</published><updated>2007-12-02T00:21:39.734-08:00</updated><title type='text'>Rescatemos Chapultepec</title><content type='html'>Hace unos días, mientras dedicaba mi tiempo libre a mi actividad favorita, echar la güeva, recibí una llamada telefónica. Como no es muy común que alguien me hable, no me había dado cuenta de que el teléfono sonaba y casi no lo alcanzo (¿será que debo dárselo a más gente?). Después de tropezar y tirar un par de cosas, alcancé a contestar y, para mi total desilusión, resultó ser una grabación que me invitaba a hacer una donación para rescatar el bosque de Chapultepec.&lt;br /&gt;Esa noche me quedé pensando qué tanto se podría hacer para ayudar al bosque y antes de que me diera cuenta, me quedé dormido. Soñé con un montón de árboles haciendo una colecta en las calles y organizando distintos actos, como un ciclo de cine, una exposición de fotografía y una función de &lt;em&gt;striptease &lt;/em&gt;de una enredadera, dos arbustos y la maleza, para conseguir fondos y así pagar sus deudas.&lt;br /&gt;Por la mañana recordé el proverbio que reza: “Si le das un pescado a un hombre, comerá un día. Si le enseñas a pescar, comerá toda su vida”. Pero como casi nadie está dispuesto a contratar a un bosque (ni a enseñarle a pescar), a excepción de las industrias madereras y papeleras, he creado una empresa que le dé empleo al bosque. Para esto, diseñé un plan de rescate digno de cualquier dependencia gubernamental. Y el detonante de mi inspiración, debo decirlo, fue una boda a la cual ni siquiera fui invitado.&lt;br /&gt;Sin más preámbulos, les presento el &lt;em&gt;Plan para una boda económica en el bosque de Chapultepec&lt;/em&gt;, diseñado por la empresa “Mi arbolito S.A. de C.V.” (patente en trámite).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1.- ¿Por qué casarme en Chapultepec?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Porque tiene el espacio suficiente para albergar a cuantos invitados desee convocar. Por tratarse de un lugar al aire libre, los niños tienen suficiente espacio para correr a su gusto y tanto fumadores como no fumadores pueden convivir en paz. &lt;em&gt;(Pedimos atentamente no fumarse el pasto; siempre está la posibilidad de que ese día se celebren varias bodas, y sería de muy mal gusto dejar el lugar de la fiesta con hoyos. El costo de la cinta canela para delimitar el espacio para la boda ya está incluido en el paquete.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2.- El ramo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nuestras instalaciones cuentan con una gran variedad de flores y hierbas que pueden cortarse un par de horas antes. Sólo asegúrese de llevar suficiente cinta adhesiva para que el ramo no se desparrame al momento de lanzarlo.&lt;br /&gt;Otra ventaja es que si al momento de cortar las flores los sorprende un policía, será necesario correr para evitar la multa. Qué mejor manera de ejercitarse y quemar un poco de grasa, en estos tiempos en los que casi todos tenemos una pequeña lonja (además de que la carrera lo llenará de energía que podrá emplear en la noche de bodas). &lt;em&gt;(En caso de que el policía lo atrape, el costo de la multa no está incluido en el precio del paquete.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3.- ¿A cuántas personas invito?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como ya mencionamos, nuestras instalaciones tienen capacidad suficiente para albergar una gran cantidad de invitados. Se recomienda no exceder el millar para que la boda no parezca manifestación contra el gobierno. Hay varias maneras para delimitar el número de convocados, aquí sugerimos sólo algunas:&lt;br /&gt;A) Descarte a todo aquel que tenga intenciones de seducir a alguno de los contrayentes (de ser necesario, recomiéndeles un buen oftalmólogo).&lt;br /&gt;B) Sólo convoque a los que sabe que sí le darán regalo.&lt;br /&gt;C) Elija a aquellos que coman poco.&lt;br /&gt;D) Rife los boletos para la boda y determine a los ganadores de acuerdo con el sorteo de la lotería nacional.&lt;br /&gt;E) Avise con dos días de anticipación. Si en verdad son sus amigos, cancelarán lo que tengan planeado para asistir.&lt;br /&gt;F) Organice la boda para el mismo día y hora en que haya un partido de futbol en la tele. Muchos preferirán quedarse a ver el juego.&lt;br /&gt;G) Venda los boletos para la boda (muchos argumentarán que están cortos de dinero y que aún no es quincena; si tiene suerte y varios compran boleto, con ese dinero pagará el taxi al aeropuerto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4.- ¿Dónde consigo el vestido para la boda?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nuestra empresa no tiene el servicio, pero le ofrecemos la solución como un beneficio, sin costo alguno para usted. Solicite a alguna amiga que esté casada su vestido de novia (sea honesta consigo misma y sólo pídaselo a quien realmente sea de su talla). Si se quedó chaparra y no ha engordado, puede usar el vestido de su fiesta de quince años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5.- La música.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ya pasó el tiempo en que se contratan grupos musicales para amenizar la boda. Nuestra empresa le ofrece un amplio surtido de discos en formato MP3 y una grabadora. &lt;em&gt;(Baterías no incluidas.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6.- El lazo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Contamos con una gran variedad de mecates confiscados a familias que hacían fiestas de cumpleaños clandestinas, con todo y piñata, en el bosque. &lt;em&gt;(También tenemos las piñatas, por si quieren darle un toque de originalidad al matrimonio. El uso de éstas genera un cargo adicional.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;7.- La foto de los novios.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ponemos a su disposición una gran variedad de caricaturistas que solían trabajar en las afueras del zoológico. Será un recuerdo muy original y siempre podrá echarle la culpa al artista porque los novios salieron gordos, viejos o feos en la imagen. &lt;em&gt;(El tiempo de elaboración varía, de acuerdo a la complejidad del vestido de la novia y del número de personas que posarán para el dibujante.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Si lo que busca es una foto tradicional, también tenemos en nuestra planilla de empleados fotógrafos que le entregarán una imagen de tan inolvidable evento en un bonito llavero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;8.- La comida.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No se quiebre la cabeza pensando en qué preparar, o si gustará el banquete, o si alguien es alérgico a lo que se sirva. Mejor, rescate la bella tradición de los picnics y, en la invitación, aclare que cada convocado deberá llevar su torta o sándwich, así como la cantidad de bebidas que deseen consumir. Con esto, se ahorra el costo de los meseros. Si lleva platos desechables, no tendrá que lavar ningún traste al terminar la pachanga.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Si desea que nuestra empresa le prepare los sándwiches, indíquelo al momento de solicitar su presupuesto; también tenemos meseros, por un costo adicional. Propinas no incluidas.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;9.- ¿Y si llueve?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En caso de lluvia, casi llegando al metro, encontrará una gran variedad de vendedores de sombrillas. Es necesario aclarar que dichos comerciantes no pertenecen a nuestra empresa, por lo que no nos hacemos responsables por algún paraguas defectuoso que quieran venderle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;10.- ¿Dónde dejo mi carro?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;De momento, estamos estudiando varias propuestas de alianza comercial con empresas de valet parking. &lt;em&gt;(Mi arbolito S.A. de C.V. no se hace responsable por robo parcial o total de su vehículo si contrata a alguno de los franeleros que están en los alrededores de nuestras instalaciones.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;11.- ¿Cómo llegar al bosque?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Estamos cerca de calles como Reforma y Periférico, además de que están muy cerca las estaciones de los metros Chapultepec y Auditorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;12.- ¿Incluye transporte para los novios?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ponemos a su disposición caballos que los llevarán hasta donde esté su automóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si a usted le interesa organizar su boda con nosotros, por favor marque el 01-800-Quiero-mi-boda-en-el-bosque (01-800-784376-64-2632-36-35-267783) y una de nuestras operadoras lo atenderá. Nos ajustamos a su presupuesto.&lt;br /&gt;El costo de la boda deberá pagarse en dos partes. Al firmar el contrato y una hora antes de la boda. Entregamos factura.&lt;br /&gt;El precio de la boda no incluye sacerdote, ni rabino, ni ministro, ni juez del Registro Civil.&lt;br /&gt;En nuestro establecimiento no se discrimina a nadie por ningún motivo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-5852227583258813333?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/5852227583258813333/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=5852227583258813333' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5852227583258813333'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5852227583258813333'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/12/rescatemos-chapultepec.html' title='Rescatemos Chapultepec'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-5049771436242810255</id><published>2007-11-21T21:15:00.001-08:00</published><updated>2011-11-07T13:31:19.908-08:00</updated><title type='text'>Colmillo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R0USfyDbXWI/AAAAAAAAAAM/0HJ5X3OFOZo/s1600-h/colmillo[1].jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; FLOAT: left; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5135531287307312482" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R0USfyDbXWI/AAAAAAAAAAM/0HJ5X3OFOZo/s400/colmillo%5B1%5D.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Por obvias y emotivas razones, este texto es retirado del blog. No desaparece de la vida pública. Ahora forma parte de mi cuarto libro: &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;Tres caídas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-5049771436242810255?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/5049771436242810255/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=5049771436242810255' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5049771436242810255'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5049771436242810255'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/11/colmillo.html' title='Colmillo'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_lTwZBFK37so/R0USfyDbXWI/AAAAAAAAAAM/0HJ5X3OFOZo/s72-c/colmillo%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-6333887381818769113</id><published>2007-11-12T21:01:00.001-08:00</published><updated>2007-12-04T17:26:55.722-08:00</updated><title type='text'>Nosotros bien pobres</title><content type='html'>Para acabar con los dramas del cine mexicano en menos de veinte escenas.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;NOSOTROS BIEN POBRES&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Película en blanco y negro. Años cuarenta del siglo XX. Basuritas en la pantalla. A cuadro dos niños encuentran un libro en un bote de basura. Curiosos, lo hojean.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- EXTERIOR, DÍA, CALLE.&lt;br /&gt;VOZ EN OFF: Hace muchos años, en un humilde barrio, vivía un noble carpintero que se llamaba José, pero por su imponente fisonomía y mayor ingenuidad le decían "Pepe el buey".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FADE OUT.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.-INTERIOR, DÍA, CARPINTERÍA.&lt;br /&gt;PEPE: Amorcito corazón, yo tengo tentación de un beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro la Chorreadita, silbando.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: ¿Qué pasó, mi chorreadita? Véngase pa’ acá.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Ay, mi Pepito, ¿todavía no acabas el mueble que te encargó el señor Montecito? Ya apúrale, no vaya siendo la de malas y ya no lo quiera y debas regresarle la lana.&lt;br /&gt;PEPE: Que la boca se te haga chicharrón. Ese dinero está muy bien guardado para nuestra boda. Pero no se me preocupe, Chorreadita, que para mañana en la tarde ya terminé. &lt;em&gt;(Intenta darle un beso.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CHORREADITA: Estáte sosiego, nos pueden ver.&lt;br /&gt;PEPE: ¿Y qué tiene? Tú eres mi novia, y yo soy viudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Pepe le roba un besito a la Chorreadita. En ese momento entra la Chonchita, quien tras verlos queda sorprendida y molesta.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CHONCHITA: ¡¡¡Papá!!!&lt;br /&gt;PEPE: Mijita, no te espantes. Si sólo es un piquito, ni que hubieras visto otra cosa. &lt;em&gt;(Para sí.) &lt;/em&gt;Claro que si hubieras llegado cinco minutos más tarde...&lt;br /&gt;CHONCHITA: ¿Ése es el respeto que guardas a la memoria de mi mamacita? Primero le coqueteas a la vecina que se levanta tardísimo, y ahora besas a esta cusca.&lt;br /&gt;PEPE: Aprende a respetar a tus mayores, hija.&lt;br /&gt;CHONCHITA: Pero eso es ella, una cusca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Pepe le da una cachetada a la Chonchita. Ésta sale llorando. Pepe, arrepentido, llora e intenta buscar consuelo en la Chorreadita. Como ella lo rechaza y se va, Pepe desquita su ira y su desesperación golpeando una pared con la mano. Se oye la voz de la Chorreadita.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CHORREADITA &lt;em&gt;(en off)&lt;/em&gt;: De menos pégale a la pared con la zurda, para que no te afecte en la chamba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.- EXTERIOR, VECINDAD DE PEPE EL BUEY.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Afuera de la vecindad de Pepe. La Chorreadita sale y se topa con el señor Montecito.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Chiquita, qué milagro que te dejas ver.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Buenas, señor Montecito.&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Así las tienes tú, mijita. ¿Cuándo me das una probadita?&lt;br /&gt;CHORREADITA: Yo soy una mujer decente; estoy comprometida con Pepe el buey, y si lo ve aprovechándose de mí, le rompe la maceta.&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Ni hablar, traes puñal. Pero ya caerás, ya caerás.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La Chorreadita se aleja y el señor Montecito entra en la vecindad.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.- INTERIOR, DÍA. RECÁMARA DE LA MAMÁ DE PEPE EL BUEY.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro, la mamá paralítica y muda de Pepe está en una silla de ruedas, llorando. Entra Pepe, quien la nota molesta, triste y angustiada.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;PEPE: Jefecita, ¿qué pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La mamá, en lenguaje para sordomudos, le da a entender que le acaban de robar el dinero que tenía guardado en el escote.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;PEPE: ¿Todito? ¿Quién fue?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La mamá responde en lenguaje de sordomudos.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: Ese maldito viejo me las va a pagar. Mire que meterse con mi caja fuerte, digo, con usted, jefecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Entra la Tísica, hermana de Pepe el buey, conocida por ejercer la prostitución. Pepe la ve y se molesta por el estado en que llega.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;PEPE: ¿Qué horas son estas de llegar?&lt;br /&gt;TÍSICA: Pos no sé, un cliente se quedó con mi reloj.&lt;br /&gt;PEPE: Descarada, deberías quedarte al lado de nuestra madre para cuidarla.&lt;br /&gt;TÍSICA: Oh, tú no eres quién para ordenarme. Además, me repatea tener que cuidar a esta ancianita inmóvil.&lt;br /&gt;PEPE: Calla. Por tu culpa está así la pobre.&lt;br /&gt;TÍSICA: Bájale, si yo nomás le puse el pie. No es mi culpa que se hubiera pegado tan duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5.- INTERIOR, TARDE, CASA DEL SEÑOR MONTECITO.&lt;br /&gt;(A cuadro el señor Montecito en su casa. De fondo, se aprecia la sala.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Mientras ese güey de Pepe esté en mi camino, la Chorreadita no va a ser mía. Debo eliminarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(El señor Montecito se queda pensativo. Tras unos instantes, su mirada da a entender que ha encontrado la manera de lograr su cometido. Sonríe.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6.- INTERIOR, DÍA, TALLER DE PEPE EL BUEY&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro Pepe y la Chorreadita discutiendo. La Chonchita los observa.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Cómo que no acabaste el mueble, Pepe?&lt;br /&gt;PEPE: Pos es que le metieron mano a mi mamacita y le robaron toda la lana.&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Ésa era tu caja fuerte? ¿Y ahora qué vas a hacer?&lt;br /&gt;PEPE: Le pediré al señor Montecito un día más. Él debe comprender que no fue por flojera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Entra el señor Montecito, acompañado de dos policías.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO &lt;em&gt;(dirigiéndose a los policías)&lt;/em&gt;: Ése fue, señores. Yo vi cómo mató a una usurera con premeditación, alevosía y ventaja.&lt;br /&gt;PEPE: ¿De qué está hablando?&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: No se haga, Pepe. Usted descuartizó a esa señora. Oficiales, llévenselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Los policías esposan a Pepe y se lo llevan, mientras éste grita furioso.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: Suéltenme, suéltenme.&lt;br /&gt;CHONCITA: Papacito, papacito, no se lo lleven.&lt;br /&gt;PEPE: Suéltenme. Chorreadita, te encargo a mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La Chorreadita abraza a la Chonchita.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.- INTERIOR, DÍA, CARCEL.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro aparece Pepe el buey, tras las rejas, con el traje de preso. Grita.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: Soy inocente, yo no fui, yo no fui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8.- IMAGEN DE UN PERIÓDICO QUE DICE: CAYÓ EL ASESINO. DICE QUE ES INOCENTE&lt;br /&gt;APARECE LA IMAGEN DE OTRO PERIÓDICO: HOY, ROLANDO VERA CONTRA GORI GUERRERO EN LA ARENA COLISEO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9.- INTERIOR, TARDE, CÁRCEL.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro Pepe el buey, en la cárcel. Una voz lo llama.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;VOZ EN OFF: Ese buey, a la reja. Tiene visitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Varios presos se levantan de sus catres y se dirigen a la reja. Se escucha la voz del carcelero.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VOZ EN OFF: Ustedes no. Le hablan a Pepe el buey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Los presos regresan desilusionados a sus catres.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10.- INTERIOR, TARDE, SALA DE VISITAS DE LA CÁRCEL.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(A cuadro Pepe el buey, platicando con la Chorreadita.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;PEPE: ¿Qué pasó, mi chorreadita?&lt;br /&gt;CHORREADITA: Ay, Pepe, ¿por qué mataste a esa mujer?&lt;br /&gt;PEPE: ¿Cómo pasas a desconfiar de mí? Soy inocente. A esa vieja ni la conocía.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Pero los periódicos dicen...&lt;br /&gt;PEPE: Ni me los menciones, son todos unos mentirosos. Mejor dime cómo están los de la palomilla.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Pos ni tan bien. La Guayaba y la Tostada siguen yendo a sus terapias de alcohólicos anónimos. En cambio tu hija, la Chonchita, está trabajando de chacha con mi padrastro, y prácticamente de a grapa. Al menos le dan de comer.&lt;br /&gt;PEPE: Qué horror, qué horror.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Y vieras a tu hermana, la Tísica, sigue de arrastrada, pero cada vez la veo más peor. Como que no cuida su salud y anda con unos catarros bárbaros.&lt;br /&gt;PEPE: ¿Y mi jefecita, cómo está?&lt;br /&gt;CHORREADITA: Pos no se queja ni mucho menos, pero yo sé que todo esto le duele mucho. Lo noto en su mirada.&lt;br /&gt;PEPE: Escúchame, Chorreadita, te juro que soy inocente. Pero para probarlo tengo que hallar al verdadero asesino. Debo huir de este horrible lugar. He oído que aquí torturan a los presos.&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Pos no que Derechos Humanos andaba muy pendiente de que no lo hicieran?&lt;br /&gt;PEPE: No seas taruga, ¿a poco crees que esos camiones de tehuacán los traen para quitarnos la sed?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11.- EXTERIOR, DÍA, VECINDAD.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La Chorreadita llega a la vecindad, tras visitar a Pepe. Asombrada, ve cómo varios hombres están embargando el taller de Pepe. Las cosas que sacan las colocan en un camión de mudanzas. Al frente, dando órdenes a los empleados, está el señor Montecito.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Pero qué está pasando?&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Pasa que el güey de su novio no cumplió con nuestro trato, y como yo ya le había pagado, pues me estoy cobrando. Además, no me gusta que ningún criminal tenga dinero mío.&lt;br /&gt;CHORREADITA: Canalla, usted bien sabe que Pepe es inocente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Se oye un grito de la Chonchita. A cuadro, tres hombres están embargando la silla de ruedas de la mamá de Pepe, con todo y la mamá. La Chonchita los sigue.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CHONCHITA: Abuelita, abuelita. Por favor, no se la lleven. &lt;em&gt;(A la Chorreadita.) &lt;/em&gt;Chorreadita, haz algo, por favor.&lt;br /&gt;CHORREADITA &lt;em&gt;(al señor Montecito)&lt;/em&gt;: Desgraciado, poco hombre.&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: Yo no soy un desalmado. &lt;em&gt;(Dirigiéndose a los cargadores.)&lt;/em&gt; Muchachos, nomás la silla; la ruca se queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Se escucha un golpe seco. A cuadro aparece la mamá de Pepe en el suelo.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12.- INTERIOR, NOCHE, CÁRCEL.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Pepe el buey está recostado en su celda. Fuera de cuadro, se escuchan varios gritos y golpes. Aparece un policía. Pepe el buey lo detiene.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: ¿Qué pasó, mi azul? No se puede dormir con este escándalo.&lt;br /&gt;POLICÍA: Los presos se están amotinando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Varios policías cruzan corriendo. Se dirigen a donde es la pelea para separar a los rijosos.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PEPE: Ah, jijo, ¿no se le hace que son muchos tiras para ese pleito?&lt;br /&gt;POLICÍA: Pos son todos los elementos que tenemos. &lt;em&gt;(Está por salir, pero se detiene y regresa.) &lt;/em&gt;Le encargo que se porte bien, Pepe, y no quiera escaparse.&lt;br /&gt;PEPE: No, ¿cómo pasa pensar eso?&lt;br /&gt;POLICÍA: Bueno, nomás le digo. No se le ocurra salirse aprovechando que no sirve la cerradura de su celda, ni se vaya a la izquierda, a donde está la salida que está desprotejida. Ni tampoco tome uno de los taxis del sitio que está aquí afuera.&lt;br /&gt;PEPE: Pierda cuidado. Si ni se me había ocurrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(El policía sale. Pepe espera un poco y abandona su celda.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;13.- IMAGEN DE UN PERIÓDICO QUE DICE: SE ESCAPÓ PEPE EL BUEY. IMAGEN DE OTRO PERIÓDICO QUE DICE: SE ESCAPARON EL CHAPO Y EL BUEY. LA POLICÍA NO SABE NADA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;14.- EXTERIOR, NOCHE, CALLE.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Pepe el buey corre por las calles para llegar a la vecindad.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15.- INTERIOR, NOCHE, CUARTO DEL HOSPITAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Pepe el buey llega al hospital, donde están internadas su madre y su hermana, la Tísica. La Chonchita las atiende.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;CHONCHITA: Papá, ¿qué haces aquí? ¿Cómo supiste dónde estábamos?&lt;br /&gt;PEPE: Me fugué y al llegar a la vecindad, los de la palomilla me dijeron todo. Me vine corriendo detrás de un camión para ahorrarme el pasaje.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;CHONCHITA: Hubieras corrido detrás de un taxi para llegar más rápido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PEPE: ¿Y la Chorreadita?&lt;br /&gt;CHONCHITA: No sé.&lt;br /&gt;PEPE: ¿Cómo está mi mamá?&lt;br /&gt;CHONCHITA: Muy mal, los doctores no creen que sobreviva para filmar la segunda parte.&lt;br /&gt;PEPE &lt;em&gt;(a su mamá)&lt;/em&gt;: Jefecita, por favor aguante. No se nos vaya.&lt;br /&gt;TÍSICA: Oigan, yo también me estoy muriendo. Pélenme.&lt;br /&gt;CHONCHITA &lt;em&gt;(a Pepe, en tono de crítica)&lt;/em&gt;: La muy perdida pescó una pulmonía terrible, por usar sus escotes que enseñan hasta el ombligo. Además, uno de sus hombres le pegó remacizo. &lt;em&gt;(A la Tísica.)&lt;/em&gt; Te lo mereces.&lt;br /&gt;TÍSICA: Ya estuvo bueno de juzgarme. Estoy en las últimas y tú sólo me criticas.&lt;br /&gt;CHONCHITA: Tú nada más has traído vergüenzas a la familia.&lt;br /&gt;PEPE: Chonchita, más respeto.&lt;br /&gt;CHONCHITA: ¿Respeto? Si ella sólo ha manchado el nombre de la familia. Me avergüenzo de ser su sobrina.&lt;br /&gt;PEPE: Chonchita, no hables así de tu madre.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Reacción de sorpresa por parte de la Chonchita.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;TÍSICA: Sí, hija. Durante todos estos años he fingido ser tu tía, pero fui yo quien te dio la vida. Si nunca te dije nada, fue para que no te sintieras mal por ser una hija de...&lt;br /&gt;CHONCHITA &lt;em&gt;(abalanzándose sobre la Tísica)&lt;/em&gt;: Mamá, mamacita. &lt;em&gt;(Reflexiona.) &lt;/em&gt;A ver, si tú eres mi mamá, y él mi padre, entonces soy producto de un incesto. Con razón mi abuela se quedó muda.&lt;br /&gt;PEPE: No, yo soy tu tío. No sabemos quién es el padre.&lt;br /&gt;CHONCHITA: Mamá, mamacita &lt;em&gt;(vuelve a abrazar a la Tísica)&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;PEPE &lt;em&gt;(a su mamá)&lt;/em&gt;: Mírelas, amá. Cuánto se quieren ahora. &lt;em&gt;(Pepe le pone la mano en la frente a su mamá. Ante la nula reacción de ella, se da cuenta de que murió.) &lt;/em&gt;Jefecita, muévase, déme una señal. Jefecita, no se vaya.&lt;br /&gt;CHONCHITA: Pepe, mi mamá ya no respira. Mamá, mamá.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(En ese momento entran dos policías, que toman a Pepe y se lo llevan.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PEPE: Suéltenme, suéltenme. Mamá, ¿por qué te fuiste? Suéltenme, canallas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16.- INTERIOR, NOCHE, CASA DEL SEÑOR MONTECITO, SALA.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(A cuadro, la Chorreadita y el señor Montecito. Están en la sala del señor Montecito.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;CHORREADITA: Usted gana, señor Montecito. Vengo para ser de usted, siempre y cuando saque a Pepe el buey de la cárcel.&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: No puedo aprovecharme de ti, muchacha. Mi corazón me lo impide.&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Cómo? ¿Acaso usted ha recibido una lección de moral al ver el daño que nos ha causado? ¿Será posible que esté arrepentido y haga que liberen a Pepe sin pedir mi cuerpo a cambio? ¿A poco nos va a regresar lo que nos embargó?&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: No me refiero a eso. Lo que quiero decir es que me acabo de ligar a dos gringuitas que le entran a todo, y si me echo a una tercera, me da un infarto.&lt;br /&gt;CHORREADITA: ¿Y qué va a pasar con Pepe?&lt;br /&gt;SEÑOR MONTECITO: No te preocupes, criatura, la justicia es ciega, pero no taruga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17.- INTERIOR, TARDE, CARCEL, CELDA DE PEPE EL BUEY.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(A cuadro, Pepe el buey en la cárcel. Se le acerca su compañero de celda.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;PRESO: Tons qué, mi carpinterito, ¿cuándo me pasas el jabón en la regadera?&lt;br /&gt;PEPE: Calmado, que yo no soy de ésos.&lt;br /&gt;PRESO: Si tú lo dices. &lt;em&gt;(Cambiando de tema.) &lt;/em&gt;¿Y a ti por qué te entambaron?&lt;br /&gt;PEPE: Por error. Me acusan de matar a una vieja a la que ni conocía.&lt;br /&gt;PRESO: Todos decimos lo mismo, pero al final sí somos culpables.&lt;br /&gt;PEPE: ¿Y usted por qué está aquí?&lt;br /&gt;PRESO: Me refundieron por hacer fraudes con cajas de ahorro. Pero no hay bronca, mientras no descubran que maté a una usurera, no hay tos.&lt;br /&gt;PEPE &lt;em&gt;(sorprendido)&lt;/em&gt;: ¿Usurera?&lt;br /&gt;PRESO: Pero no hay fijón. No sé quién me hizo el favor de inculpar a un imbécil, un tal Pepe la vaca o algo así. Y según oí, ése se va derechito a las Islas Marías.&lt;br /&gt;PEPE: Desgraciado, por ti estoy aquí. &lt;em&gt;(Encolerizado.) &lt;/em&gt;Fuiste tú.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Pepe comienza a golpear al preso.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PEPE: Confiesa, rata.&lt;br /&gt;PRESO: Naranjas, en dos semanas salgo libre.&lt;br /&gt;PEPE: Confiesa.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Pepe continúa golpeando al preso hasta que le saca un ojo. Una vez tuerto, el Preso grita:)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PRESO: Guardias, confieso, fui yo. Yo maté a la usurera. Pepe el buey es inocente. Pepe el buey es inocente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;18.- INTERIOR, DÍA, IGLESIA&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Imagen congelada de La chorreadita y Pepe el buey en una iglesia, casándose. Toda la palomilla asiste a la boda. De fondo: un altar y el sacerdote.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;VOZ EN OFF: Y así, Pepe el buey obtuvo su libertad, y lo primero que hizo, después de enterrar a su madre y a su hermana, fue casarse con la Chorreadita. Y al cabo de siete meses tuvieron un hijo, al que llamaron el Bueyecito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CORTE A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19.- EXTERIOR, DÍA, CALLE.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Los niños terminan de ver el libro. Lo cierran y vuelven a trabajar recogiendo basura. Letrero en pantalla que dice: FIN. PELÍCULA REALIZADA POR TRABAJADORES INDEPENDIENTES DEL CINE.)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;FADE OUT A LETRERO QUE DICE: PRÓXIMAMENTE LA SEGUNDA PARTE DE ESTA APASIONANTE HISTORIA: USTED ESTÁ BIEN RICA.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-6333887381818769113?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/6333887381818769113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=6333887381818769113' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6333887381818769113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/6333887381818769113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/11/nosotros-bien-pobres.html' title='Nosotros bien pobres'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-5978984080842862031</id><published>2007-11-07T21:08:00.000-08:00</published><updated>2007-11-07T21:43:25.073-08:00</updated><title type='text'>¿Qué jijos es esto?</title><content type='html'>Un blog más en Internet. Esto pudiera ser bueno o malo, según opinen quienes lean cuanto se publique aquí. No niego que esta herramienta es de gran ayuda para que la gente divulgue cuanto desea decir, y es por esto que decidí crear el mío.&lt;br /&gt;Al navegar en Internet, uno se encontrará, invariablemente, con sitios que le agraden y otros que le molesten, pero lo mismo ocurre con las personas: a veces conocemos a alguien que nos cae muy bien y se convierte en nuestro gran amigo, y hay ocasiones en las que estamos seguros de que el individuo que nos han presentado nos ayudará a saldar un poco (o mucho) de la deuda que tenemos con el karma.&lt;br /&gt;Generalmente, quien crea un blog tiene muy clara cuál es su finalidad. La mayoría de estos sitios dejan ver su razón de ser desde el primer texto publicado. Otros, en el título (e incluso en la dirección) del blog ponen al descubierto sus intenciones. Por lo mismo, al leer este texto en el que trato de justificar mi inclusión en este mundo, uno pudiera pensar: “¿Y qué jijos pretende este güey?”.&lt;br /&gt;Para empezar, ¿cómo está eso de que el texto de bienvenida es el segundo que publico y no el primero? ¿Qué no pude empezar, como la gente decente, dando la bienvenida y después explicando mis intenciones? ¿Por qué el sitio se llama diegoguionbajomejia? ¿No se me pudo ocurrir un nombre más corto? Tal vez &lt;em&gt;Extrainnings&lt;/em&gt; (bueno, confieso que quise ponerle así, pero ya me lo habían ganado). Todos saben qué es un guión bajo, ¿pero un diegoguionbajomejia?&lt;br /&gt;Este espacio bien puede ser para hablar de rock and roll de lo años cincuenta. O de beisbol, o de lucha libre. A lo mejor lo destine para publicar aquí algunos de mis cuentos, o para reunir los artículos que escribí en mi breve etapa como periodista, o para comentar alguna película que me guste mucho, o simplemente me dedique a contar chistes. Incluso, es probable que dedique varias entradas de este blog para describir a la güera de minifalda que encontré en la esquina y no dejaba de sonreírme, mientras yo salivaba como personaje hambriento de alguna caricatura.&lt;br /&gt;Olvidémonos por un momento de los posibles temas (aunque será difícil sacarme a esa güera de la cabeza) y retomemos la idea inicial de este texto. ¿De qué jijos se trata este blog? Lo cierto es que ni yo lo sé, así como también desconozco si los cangrejos son inmortales.&lt;br /&gt;Y hablando de la inmortalidad del cangrejo, ¿por qué la gente siempre dice eso cuando alguien está distraído o divaga? ¿Será que deseamos conocer alguna criatura inmortal para mantener vivos nuestros deseos de trascender?&lt;br /&gt;Hablando de trascender, tal vez ésta sea la verdadera razón por la que existen los blogs. Es natural que la gente quiera dejar una honda huella mientras deambula por este mundo (¿alguien vio dónde dejé mi enciclopedia de lugares comunes?). Antes se decía que la obligación de todo hombre era escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo (no sé si ése era el orden, pero es el que, según yo, tiene más lógica: primero se escribe el libro, luego se planta el árbol para reponer el que fue talado para fabricar el papel en el que se escribió, y luego se tiene al hijo al cual se le leerá el libro para hacerlo dormir cuando esté muy inquieto; si esta técnica funciona, llegará el momento en que la simple amenaza de “si no te duermes, te voy a leer mi libro” será suficiente para que el chamaco corra a su cama y finja estar en brazos de Morfeo). Gracias a la modernidad, esta misión ha cambiado: ahora se tiene al hijo, se planta el árbol y se crea un blog.&lt;br /&gt;¿Y si con este blog lo único que pretendo es alimentar mi ego y decirle a los demás: “Demás, aquí estoy”? En ese caso el blog, lejos de ayudarme a satisfacer esta necesidad, pudiera ser una herramienta contraproducente. ¿Cómo saber si alguien más está leyendo estas locuras? Sí, existe la opción de dejar comentarios, pero ¿y si en ese momento se cae el servidor y no se publica lo que me iba a escribir quien lo leyó? Porque, a menos que esté equivocado, no hay blogs que tengan contador de visitas. Y si los hay, siempre quedará la duda de cuántas de éstas son de gente que quiere leer lo que escribo y cuántas son mías, que nomás entré para ver si alguien entró a leer el blog.&lt;br /&gt;Si el blog es el mejor aliado de quienes deseen dejar un testimonio de sus vidas, entonces el peor enemigo de estas personas es un hacker.&lt;br /&gt;Para ya no seguir con este enredo, agradezco de antemano a quienes visiten este sitio (no sean gachos, léanlo y dejen comentarios) y les prometo que trataré de mantenerlo actualizado.&lt;br /&gt;Si han llegado hasta aquí, sólo me resta decir una cosa: “¿alguien sabe el teléfono de la güera con minifalda?”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-5978984080842862031?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/5978984080842862031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=5978984080842862031' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5978984080842862031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/5978984080842862031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/11/qu-jijos-es-esto.html' title='¿Qué jijos es esto?'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8783931983125038013.post-4243167637171617951</id><published>2007-11-07T15:57:00.000-08:00</published><updated>2007-12-08T00:40:13.851-08:00</updated><title type='text'>¿Nunca viste a un intelectual?</title><content type='html'>No conozco a nadie que, de niño, no haya rayado los libros o las revistas de sus padres. Yo no fui la excepción. Lo único que me hizo diferente de mis amigos es que yo no hacía rayones a lo loco; yo le ponía lentes y barba a las fotografías.&lt;br /&gt;Los anteojos han sido una presencia constante en mi vida. Desde que conozco a mis padres, ellos utilizan gafas, lo mismo que mi abuelo materno y otros parientes. De manera inconsciente, al ver a nuestros familiares, tanto mi hermana como yo sabíamos que ése era nuestro destino: los lentes (mi hermana durante unos años logró engañar al oculista; yo aguanté más y sin necesidad de trucos). Las gafas me dieron pie a hacerle, año con año, la misma broma a mi mamá; cada que ella cambiaba de armazón, yo le decía: “Mucho gusto, soy Diego Mejía”, como si se tratara de alguien a quien veía por primera vez.&lt;br /&gt;En la adolescencia me encontré con quien, hasta la fecha, es mi ídolo musical: Buddy Holly, y lo primero que llamó mi atención eran sus anteojos de pasta negra. Fue entonces cuando tuve la inquietud de usar anteojos; los primeros que usé fueron unos de mi papá que, por supuesto, me provocaron mareo debido a su graduación.&lt;br /&gt;Como el experimento de los lentes ajenos no funcionó, comencé a usar gafas oscuras (siempre buscando armazones como los de mi ídolo). Lo malo era el tamaño de éstas y por lo mismo parecía mosca. Pero no me importaba, usaba lentes. Estaba a punto de finalizar el segundo año de la secundaria cuando uno de mis profesores tuvo la ocurrencia de mandarme a las últimas filas del salón (a pesar de que a los chaparros siempre nos sentaban hasta adelante) y ahí empecé a notar que ya no veía tan bien el pizarrón y se lo comuniqué a mis padres. Por no dejar, me llevaron a una óptica para hacerme un examen y el dictamen del oftalmólogo fue contundente: “Su hijo tiene miopía, no mucha, pero es preferible que use anteojos”. Por supuesto, el armazón que elegí era negro, como el de Buddy Holly.&lt;br /&gt;Me gustaría decir que esos anteojos me duraron bastante tiempo, pero lo cierto es que en esa primera tarde, jugando futbol con unos cuates, me dieron un balonazo a la cara que rompió el armazón y tuve que cambiarlo por uno café que no se parecía al de mi ídolo.&lt;br /&gt;No pasó mucho tiempo para que me acostumbrara a mi condición de miope. Sabía perfectamente que traía anteojos y, por lo mismo, casi nunca me quedé dormido con ellos y tampoco se me olvidaba quitármelos para meterme a bañar o a nadar. Obviamente no faltó quién me hiciera burla por mi nueva imagen, pero no les hice mucho caso pues no se me ocurría qué contestar.&lt;br /&gt;En un par de ocasiones cambié de armazón por el aumento de mi miopía (y siempre elegía uno más feo que el anterior) y en ocasiones hubo quien me sugiriera que probara con los lentes de contacto, o que me operara la vista. Nunca acepté esas sugerencias, e hice mía la frase de Buddy Holly: “Si necesito usar lentes, que se note que los llevo puestos”. A veces cambiaba mi respuesta por otra más simple: “No. Todo lo que tapa ayuda”. Desde entonces me he mantenido fiel a esa idea. A veces les he puesto algunos aditamentos, como son las protecciones en las varillas para que no me aprieten las sienes, o las micas oscuras para el sol (y que me hacen ver mucho más guapo, por supuesto). Rompí y perdí muchos de esos accesorios, pero ya aprendí a cuidarlos.&lt;br /&gt;Ahora estoy en mi tercera década de vida. Oficialmente, ya tengo más de la mitad de mi existencia usando lentes. Tal vez cambie de armazón de vez en cuando (aunque ya llevo cuatro años con los que actualmente uso —no fui tan miope como se esperaba—), pero no pienso deshacerme de ellos.&lt;br /&gt;A veces creo que, lejos de considerarnos débiles visuales, la gente que no necesita gafas nos envidia. Si se fijan, son muchos los famosos que usan lentes (Woody Allen, Greg Maddux, Groucho Marx y Clark Kent, por ejemplo); también nos toman por intelectuales o, en el peor de los casos, como gente misteriosa que se transforma al momento de ponérselos. Si bien es cierto que algunos esconden su condición de miopía utilizando pupilentes, hay otros que hasta presumen orgullosos sus nuevos armazones. Quienes no los necesitan aún así portan anteojos oscuros y los cuidan tanto como si fueran unos con graduación. Incluso los lentes nos hacen darnos cuenta de cuando una relación ha llegado a planos de confianza (o qué, ¿a poco le dirían a un desconocido “préstame tus lentes para ver cuánto aumento tienen”?).&lt;br /&gt;Tal vez lo único que lamento de usar anteojos es que nunca se me ocurrió citar al célebre Guille cuando mis compañeros de la secundaria, el primer día que llegué a la escuela con anteojos, me miraron como si no me conocieran. Bien pude haberles dicho: “¿Qué midáz? ¿Nunca vizte a un inteledtual?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Texto publicado en la extinta revista &lt;em&gt;Gafas&lt;/em&gt;, a finales del año 2006.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8783931983125038013-4243167637171617951?l=diegoguionbajomejia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/feeds/4243167637171617951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8783931983125038013&amp;postID=4243167637171617951' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4243167637171617951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8783931983125038013/posts/default/4243167637171617951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diegoguionbajomejia.blogspot.com/2007/11/nunca-viste-un-intelectual.html' title='¿Nunca viste a un intelectual?'/><author><name>Diego Mejía Eguiluz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05682720767807756539</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry></feed>
