viernes, 11 de abril de 2008

El cuento aburrido

Después de casi un mes de no publicar nada en el blog, por fin me acordé de la contraseña de esta cosa. XD. No es cierto, no había tenido tiempo de escribir nada, pero para mantener esto más o menos actualizado, les mando este texto escrito hace diez años y que por fin ve la luz.

EL CUENTO ABURRIDO terminó de imprimirse en ???????? de ???? en los talleres de Ediciones Muñoz Munguía, Calle de la Amargura s/n. Colonia Balcones de la Herradura Edo. de México. Se tiraron 1000 ejemplares más sobrantes para su reposición. La edición estuvo al cuidado de ???????????????

Cuando me propuse publicar un libro de cuentos pensé que sería muy sencillo. Ya tenía en mi haber seis historias que habían aparecido en algunas revistas, más otras ocho inéditas. Sólo tendría que presentar el proyecto a una editorial, y en caso de que fuera aprobado, entregarlo en un diskette, cobrar el anticipo, realizar alguna que otra corrección en las pruebas que me manden y esperar a que se imprimieran los ejemplares.
La suerte me acompañó: en la primera editorial donde llevé el libro fui aceptado. Firmé el contrato y un par de semanas después tenía en mi poder el anticipo. El resto era responsabilidad de los editores.
Mientras tanto, continuaba con mi vida normal: escribía reseñas para varios periódicos, realizaba correcciones de estilo para algunas editoriales, además de seguir en mi trabajo de planta en una agencia de publicidad. (Como adivinarán, soy un obsesivo que prefiere trabajar en lugar de divertirse.)
El ego hizo que presumiera prematuramente la publicación del libro. Mis amigos, familiares y compañeros de trabajo ya conocían el título de éste: El cuento aburrido (nombre de la historia con la que gané mi primer premio). Sin embargo pasó un mes, dos, tres y yo no tenía noticias de la editorial, hasta que ayer recibí una llamada telefónica:
-Qué bueno que te localizo. Necesitamos otro cuento para tu libro; hicimos un nuevo dictamen a la obra y uno de los textos es muy débil en comparación con los demás. Y, por favor, lo que nos mandes que sea de unas siete cuartillas; si no, también quedaría cojo el manuscrito.
Ahí empezaron mis problemas. Ya no tengo nada más que darles, y normalmente tardo hasta cuatro meses en escribir la primera versión de un cuento. Pero el compromiso está hecho y tengo que cumplir.
Al llegar a casa revisé los archivos de la computadora. No sólo no tengo ningún relato listo para entregar, sino que tampoco hay nada inconcluso. El archivo en el que escribo mis ideas no ofrece buenas soluciones:

IDEAS PARA ESCRIBIR CUENTOS

1.- El personaje despierta un día y descubre que su cerebro se fue de vacaciones a Puerto Rico dejando activado el “piloto automático” para que su cuerpo no muera mientras está fuera. Entre los conocimientos que están de viaje se encuentra su número de cuenta bancaria, por lo que no puede sacar dinero para ir a buscarlo.

2.- Un grupo de curas, guiados por uno que es bastante chismoso, envía una carta al Vaticano exigiendo que se anule el secreto de confesión para poder escribir guiones cinematográficos con todo lo que saben y así aumentar sus ingresos.

3.- Un luchador profesional se deprime al enterarse de que todas sus peleas estaban arregladas y que ya nadie quiere venderse para que él siga ganando. Su siguiente combate es máscara contra máscara.

Tras hacer un berrinche, lamentarme porque nunca me he topado con alguien que venga del futuro para entregarme los cuentos que escribí y así sólo tener que transcribirlos, y desesperarme por no tener nada que me saque del apuro, opté por escribir sin pensar, a ver qué me salía. Ya tenía tiempo de no experimentar esa técnica, pero si no lo hacía probablemente nunca comenzaría la historia. Después de tres horas, catorce cigarrillos, siete tazas de café, dos llamadas telefónicas y tres pausas para ir al baño, completé alrededor de una cuartilla. El resultado no fue muy alentador:

UNA AVENTURA PATOLÓGICA
por Andrés Tagle Zannini.

Había sido un día muy largo para el microbio. El lidiar con analgésicos y antibióticos había minado sus fuerzas. La brigada 123 de anticuerpos no había dejado de atacarlo ni un solo instante, y para colmo de males se acababa de enterar de que mañana iría un médico a casa del enfermo para aplicarle una inyección de vitaminas. Sólo un milagro podría salvarlo.
Sus plegarias al santo patrono de los malestares fueron escuchadas y el milagrito ocurrió en forma de olvido, ya que al anochecer el paciente no tomó sus medicinas y, al momento de dormir, sus defensas se encontraban en inferioridad numérica. Por esta razón el virus volvió a atacar, ahora con todo éxito.
Tras el festín que se dio la noche anterior, decidió convocar a una junta a los demás microbios.

MINUTA DE LA REUNIÓN DE VIRUS:

1.- Se pasó lista de presente a todos los síntomas que conforman esta honorable asociación.
2.- Tras la revisión de asistentes se realizó la ceremonia de honores a los enfermos.
3.- Se dio lectura al acta de la junta pasada (de hace seis meses).
4.- Al entrar en materia, el compañero fiebre propuso que sólo se realicen ataques por las noches con el único fin de molestar al convaleciente. La moción fue aceptada por unanimidad.
5.- Se tomó conciencia de que eventualmente se perderá la batalla, por lo que se acordó llevar una bitácora que dé información a las siguientes enfermedades acerca de los puntos débiles de la brigada 123 de anticuerpos.
6.- Se elaboró una nueva estrategia de combate, la cual incluye inducir al vómito a la víctima al momento en que ésta ingiera cualquier medicamento.
7.- Finalmente, se informó que el sindicato del dolor decidió unir fuerzas con nuestra asociación para atacar de manera más contundente al enfermo.
8.- Queda pendiente para la siguiente junta la votación para decidir si se acepta o no la alianza que el sindicato de la caries propuso.

Una vez terminada la junta, el virus se fue a descansar, pues en la noche su escuadrón bombardearía el campo de batalla.

ALT, ARCHIVO, SALIR.
¿DESEA GUARDAR LOS CAMBIOS HECHOS A DOCUMENTO 1? SÍ. NO. CANCELAR.
-Por supuesto que no.

En mis otros trabajos las cosas marchan mejor. El jefe de la agencia está contento con mi rendimiento (la nueva campaña de desodorantes ha sido un éxito); uno de los periódicos en los que escribo me envió una novela para que la reseñe, y la editorial en la que colaboro con mayor frecuencia me encargó que corrigiera doscientas cuartillas de un libro de superación personal.

Cuando era adolescente odiaba las agendas; creía que eran para mamones que no saben cómo llamar la atención. Pero de no ser por la libreta que me obsequiaron la Navidad pasada, hubiera dejado plantado a Ramón.
En la reunión que sostuvimos, además de comer bastante bien, discutimos varios proyectos literarios que pueden dar muy buenos resultados. Con Ramón siempre he trabajado muy bien; además, desde que nos conocemos, ha sido uno de mis gurús. Todo lo que escribo pasa por sus ojos antes de intentar publicarlo. Por eso no dudé ni un minuto en contarle el problema que tengo con el libro. Y qué bueno que lo hice, pues me dio una gran idea para una historia.
Él siempre ha defendido la teoría de que el colofón no tiene que ser meramente para informar dónde se imprimió el libro y su tiraje; el colofón también es un género literario.
-Deberías escribir un cuento en forma de colofón.
Desde que salí del restaurante rumbo a la agencia mi cerebro no ha dejado de pensar en la manera en la que voy a escribir ese colofón. No puedo esperar a que llegue la hora de salida para ir a mi casa a trabajar.

ALT, ARCHIVO, CREAR DOCUMENTO

DOCUMENTO 1

Este libro comenzó a escribirse mucho tiempo antes de que usted, estimado lector, lo tuviera en sus manos. El trabajo editorial fue desgastante porque cometimos el error de contratarlo antes de que estuviera terminado, y el necio del autor tuvo una racha de tres semanas en la que no se le ocurrió una sola idea. Después vino otro periodo negativo -éste duró un mes- en el que le dio flojera y nomás no quería trabajar. Por fin a nosotros, los pobres editores, que tenemos una labor muy ingrata porque los lectores como usted, y perdone la pedrada, sólo ponen atención a nuestro trabajo cuando hacemos algo mal, se nos ocurrió una idea brillante para obligar al obstinado escritor a terminar el libro: de manera clandestina visitamos a su novia y le explicamos nuestro problema. Ella accedió a prestarnos su ayuda y lo amenazó con dejarlo si no terminaba pronto el libro. (¿Y creerán ustedes que el muy canalla se atrevió a pensar si en verdad valía la pena continuar con esa relación?) Pero no piensen que ése fue nuestro único contratiempo. Una vez que entregó el libro, y después de organizar una fiesta para celebrar que ya teníamos el manuscrito en nuestras manos, tuvimos que corregirlo. Esta labor en verdad fue ardua (lo leímos aproximadamente diez veces), y es que no les hemos comentado que el creador de este libro es uno de los mejores exponentes, y pensamos también que el campeón defensor, del juego “Encuentre la errata”, por lo que si llegan a toparse con algún error les rogamos no lo vean con malos ojos y, en vez de criticarnos, se pongan en contacto con nosotros para posteriormente regañar al autor por no escribir correctamente.
Cuando por fin terminamos de corregirlo (más bien, cuando ya no hubo nadie en la editorial que no lo hubiera leído), lo mandamos a imprimir a los talleres Galeras S.A. de C.V. Lamentablemente sus máquinas se averiaron y tardaron tres meses más de lo previsto en repararlas. En ese lapso nuestra directora editorial dio a luz a su primogénito, se terminó la temporada de beisbol e inició la de futbol americano y le dio un infarto al impresor. Pero a pesar de todo nos entregaron los libros ya terminados.
Como somos muy optimistas no tiramos ningún ejemplar; confiamos ciegamente en que se van a vender todos (más o menos como dos mil). La edición estuvo al cuidado de todos y cada uno de los que conformamos la Unidad Editorial. (Véase la lista de nombres y currículum que se anexa al final de esta página.)

ALT, ARCHIVO, GUARDAR.
EL PROGRAMA ESTÁ GUARDANDO EL DOCUMENTO, POR FAVOR ESPERE. 2461 CARACTERES.

Ay, Dios, a este paso no voy a llenar las siete hojas. Mejor voy a dormir un rato.

Como no se me ocurría nada más, decidí olvidarme del libro por un tiempo. Un mes después llegaron las vacaciones de Semana Santa. Para el agrado de todos los que trabajamos en la agencia, nuestro jefe anunció que nos daría dos semanas libres. Como las editoriales en las que colaboro también van a suspender actividades, y además de que estoy muy cansado, me iré de vacaciones a Córdoba, Veracruz. Al día siguiente compré mi boleto de autobús, hice la reservación del hotel y adquirí lo necesario para no pasarla mal.
Después de una semana laboral bastante pesada llegó el viernes, y con éste el periodo vacacional prometido. El sábado desperté a las cinco y media de la mañana para llegar a las siete a la terminal de autobuses. Una vez en la estación esperé a que anunciaran por cuál salida debería abordar el camión; pero como estaba desmañanado me quedé dormido en la salita de espera y desperté a las once del día. Los empleados de la línea se negaron a cambiarme el boleto y tuve que adqurir otro para el viaje de las once treinta.
Cinco horas después arribamos a Córdoba. Tras llegar al hotel y dejar mis cosas en la habitación fui a dar un paseo a los portales y a comer. Para mi sorpresa, en el restaurante que elegí me encontré a Raymundo, mi mejor amigo de la secundaria, a quien tenía casi veinte años de no ver.
-¿Qué estás haciendo aquí? -me preguntó.
-Vine a pasar la Semana Santa, ¿y tú?
-Aquí vivo desde hace quince años. ¿Vienes solo o trajiste a alguien?
-No se me ocurrió invitar a nadie.
-Eso tiene remedio. Te voy a presentar a la hermana de mi novia. Es una chava muy agradable, y no tiene novio. Vas a necesitar vacaciones para reponerte después de estar con ella.
Después de esa promesa platicamos de muchas cosas. Me puso al corriente de lo que había sido de su vida y yo le conté a qué me dedico ahora; sobre todo, le anuncié que estaba por salir mi primer libro de cuentos.
-Esto hay que celebrarlo -dijo-. Ve a tu hotel a ducharte y encuéntrame dentro de una hora en la entrada del Caníbal Park.
-¿El qué...?
-Tú agarra un taxi y dile al chofer que te lleve al Caníbal, no hay pierde.
Regresé al hotel para darme un baño y cambiarme de ropa. En mi mente estaba la duda de qué demonios es el Caníbal. Suponía que se trataba de una discoteca o un bar. El taxista que me llevó se moría de la risa cuando le pregunté cómo era el lugar donde me habían citado. Al llegar al mentado Caníbal localicé rápidamente a Raymundo, quien iba acompañado por dos mujeres.
-¿Qué clase de antro es éste? -le pregunté.
-No seas bruto, estamos en el parque de beisbol; hoy juegan los Cafeteros contra Rieleros. Pensé que te gustaban los deportes -respondió Ray.
-Hace diez años olvidé que existen.
-Mira: ella es mi novia, Angélica -y señaló a la dama que estaba a su izquierda-; y ella es su hermana, Isabel.
-Mucho gusto -dije. “Isabel está buenísima”, pensé.
Esta gente de Córdoba en verdad es apasionada del beisbol. Raymundo y su novia no vieron el juego, pero aparecieron varias veces en la pantalla del estadio mientras se besaban. Isabel en un principio estaba muy concentrada en el partido, pero después de la quinta entrada -casualmente cuando los locales eran apabullados por los Rieleros con una ofensiva de once carreras- me dedicó su atención.
Al término del cotejo Isabel y yo ya éramos amigos. A la salida del estadio perdimos a Ray y a su novia entre la multitud. Como no sabía qué hacer con Isabel o a dónde llevarla le propuse:
-¿Quieres ir un rato a mi hotel?
-Trabajas rápido. ¿No intentarás conquistarme primero?
-No, cómo crees. Es sólo que hace muchos años que no venía a esta ciudad y no sé qué lugar es conveniente visitar.
-Eso déjamelo a mí.
Isabel me llevó a un bar para que tomáramos un trago y así platicar a gusto.
-¿Vas a quedarte mucho tiempo en Córdoba?
-Sólo dos semanas. Tengo que reintegrarme a mis trabajos.
-¿Tienes más de uno?
-Soy publicista y escritor. Estoy a punto de sacar un libro de cuentos.
-Ya me había platicado algo Raymundo. Me gustaría que me enseñaras tus historias.
-Bueno, ahorita no las tengo a la mano. Además, me falta un cuento para completar el libro.
-Si quieres te puedo dar algunas ideas.
El resto de la velada fue entretenida. Isabel me contó que es maestra de secundaria; también habló acerca de su familia. Por lo que entendí, son bastante estrictos con ella.
A las dos de la mañana me llevó al hotel donde me hospedo y nos despedimos con un beso.
-Creí que nunca lo harías -dijo.

A la mañana siguiente Raymundo y su novia pasaron por mí y fuimos a desayunar.
-Le encantaste a mi hermana. Te mandó muchos saludos -mencionó Angélica.
-¿Por qué no la trajeron?
-Estaba muy cansada, pero dijo que te quiere ver hoy en la noche para ir a bailar.
-Oye -intervino Raymundo-, ¿qué te parece si vamos mañana a Veracruz? Con la nueva carretera llegas en menos de dos horas. Podemos ir a la playa a bucear. Si quieres invitamos a Isabel.
En la noche fui a la discoteca con Isabel. Creo que ambos estábamos un poco nerviosos por vernos de nuevo, y a la hora de bailar derribamos a una pareja que estaba cerca de nosotros.
-Mejor vamos a sentarnos -sugerí.
Me gustaría decir que la pasamos bien, pero la verdad es que no podíamos escucharnos por el volumen de la música. Decidimos que era mejor dar un paseo por la ciudad. Apenas llegamos a un parque, nos sentamos en una banca y nos besamos en repetidas ocasiones.
-Creo que es un poco tarde -dijo Isabel después de una hora-. ¿Vas a ir mañana a Veracruz con nosotros?
-Sí -no pude decir nada más pues volvió a besarme.
Al llegar al hotel estaba convencido de que podía hacer un buen cuento basándome en lo que estaba viviendo con Isabel. (Claro que tendría que deformar la realidad para no herir su intimidad.)

Creo que estoy enamorándome. El viaje relámpago a Veracruz fue maravilloso. En el trayecto al puerto Isabel y yo no dijimos nada (estábamos muy cansados y dormimos abrazados hasta llegar a nuestro destino), pero apenas bajamos del auto no dejamos de charlar ni un instante (excepto cuando estuvimos buceando, claro). Admito que no esperaba que me pidiera que le untara bronceador en la espalda, y mucho menos que ella me lo pusiera a mí. Después de asolearnos, los cuatro nos unimos a una expedición a la Isla del Amor (creo que así se llama).
-Después de venir aquí, el que no tiene pareja la halla -explicó el señor que organizaba el viaje.
En la tarde fuimos a comer mariscos. Raymundo y Angélica fingieron no conocernos cuando Isabel y yo nos paramos a bailar con los músicos que cantaban en el restaurante.
En la noche regresamos a Córdoba. Isabel insistió en quedarse conmigo para platicar en el lobby del hotel. Le conté acerca de mi libro y de los comerciales que había hecho. Ella escuchó con mucho interés todo lo que le decía. Esa noche no dormí solo.
Al día siguiente, y después de que Isabel se fuera a su casa, no salí de la habitación más que para comer. Tomé mi cuaderno y una pluma e inicié la historia que tenía en mente.

LA ISLA DEL AMOR
por Andrés Tagle Zannini.

Después de pasar casi un año sin pareja, Rubén decidió olvidar a su ex novia y ponerse de nueva cuenta en circulación. Al principio le fue difícil reintegrarse a la vida nocturna, pero en menos de dos semanas había vuelto a ser el reventado de siempre. Poco tiempo después ya era famoso en todos los bares de la ciudad.
Conocer gente nunca había sido un problema para él y pronto recuperó el don que tenía para conquistar a las mujeres más hermosas. En uno de los bares que frecuentaba empezaron a apodarlo el Jugador Más Valioso porque no había noche en la que no saliera acompañado de una mujer diferente.
Sin embargo había cambiado. Ya no era ningún jovencito y sus nuevas conquistas eran muchachas con las que no podía compartir otra cosa que no fuera la cama. Pronto se dio cuenta de que necesitaba algo más; alguien con quien platicar y compartir sus ilusiones.
Su hermano le sugirió que fuera a Veracruz y visitara la Isla del Amor.
-No falla. El que visita esa isla al poco tiempo halla pareja. ¿Cómo crees que conocí a mi vieja?
Al principio no creyó mucho en esa idea, pero decidió ir allá. De todos modos, en caso de que se tratara sólo de un mito, bien podía pasar una temporada agradable en el puerto y descansar, pues la vida nocturna estaba acabando con él.
Su estadía en Veracruz fue de cuatro días. El último de éstos lo dedicó a visitar la mentada isla. Al final del recorrido compró el amuleto que le ofrecieron. “Es para que la magia de la isla lo siga hasta que halle a su pareja”, le explicó la señora que se lo vendió. A Rubén le pareció una tontería pero el amuleto era bonito y lo colgó alrededor de su cuello.
Al día siguiente regresó a la ciudad. Lo primero que hizo fue reclamarle a su hermano por haberlo mandado ahí.
-No conocí a nadie.
-No la vas a conocer en la isla. Es después de que estás ahí. Tú espera y verás.
Rubén no le dio mucha importancia a las palabras de su hermano y retomó su vida normal; también desechó la idea de volver a su faceta de reventado, pues creía que ya no tenía edad para estar hasta muy noche en una discoteca. “Además, ahí nunca voy a conocer a nadie con quien casarme”, razonó.
Dos semanas después, mientras hacía la limpieza de su departamento, llamaro a la puerta. Al abrir se encontró con una hermosa dama.
-Hola. Soy el amor de tu vida -dijo ella.
-¿Perdón?
-Sí. Soy la mujer con la que terminarás casado.
-No entiendo.
-En el libro de tu destino está escrito que después de tu viaje a la Isla del Amor conocerás a la dama que va a vivir contigo. Así que aquí estoy -y le mostró el ejemplar en el que según ella estaba escrita la vida de Rubén.
-¿Por qué tiene tan pocas hojas ese libro?
-Es que vas a morir muy joven. Pero no te preocupes, también vas a ser muy feliz.

Releí lo que llevaba escrito; esta historia no retrata nada de lo que he vivido con Isabel, pero también estoy consciente de que es lo menos malo que he escrito en los últimos meses.

-¿Dónde te metiste ayer? -reclamó Raymundo al día siguiente.
-Me quedé en el hotel escribiendo.
-¿Te volvió la insipiración ahora que conoces a Isabel?
-¿Cómo crees? Ya tenía la idea y me pareció que ayer era un buen día para desarrollarla -mentí.
-Pues espero que hayas avanzado bastante, porque hoy no vamos a dejarte solo ni un minuto.
Y el desgraciado cumplió su palabra. Primero fuimos a desayunar, luego a casa de Angélica e Isabel, quienes habían rentado algunas películas, y finalmente fuimos otra vez al Caníbal Park. Al finalizar el partido mis amigos me llevaron al hotel. En cuanto llegamos Isabel me murmuró al oído:
-No puedo quedarme, mis papás sospechan algo y no quiero meterme en problemas.
-Descuida.
-Te extrañé ayer -y junto con esas palabras agregó un tierno beso.
Esa noche no pude continuar con la historia de la isla, pero dormí con una sonrisota.
El resto de mis vacaciones se fue rapidísimo. Todo mi tiempo se lo dediqué a Isabel. Si bien ya había conocido casi toda la ciudad, el estar a su lado era suficiente para sentir que me encontraba ahí por primera vez. No importa que ya no hubiera podido escribir nada. Todo lo vivido al lado de Isabel ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Finalmente llegó el día en que tenía que regresar a la capital. Isabel, Angélica y Raymundo me llevaron a la terminal de autobuses.
-Me gustaría seguir viéndote -dijo Isabel.
-¿Por qué no vienes conmigo al D.F.?
-Mi vida está hecha aquí. No puedo abandonar a mis alumnos.
-Yo tampoco puedo dejar mi trabajo. Además, tengo que terminar el libro. Ya me dieron un anticipo y si no cumplo quedaría muy mal con la editorial.
-Voy a pensar en ti todas las noches.
Para asegurarnos de que no perderíamos el contacto, intercambiamos nuestras direcciones y teléfonos. Después de darnos un último beso, me despedí de Angélica y Raymundo. Isabel insistió en acompañarme hasta el autobús. Ahí le entregé lo que llevaba del cuento de la isla:
-Nada de lo que escribí aquí retrata lo que vivimos, pero lo hice pensado en ti.
-¿No lo vas a necesitar para tu libro?
-Quiero que esto quede entre nosotros.
Sin ella a mi lado, el viaje de regreso se me hizo eterno. Lamenté que no nos hubiéramos tomado una sola fotografía. Al llegar a casa estaba tan cansado que hasta la mañana siguiente noté que tenía varios mensajes en la contestadora:
“Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”
“Señor Tagle, lamentamos decirle que tiene un retraso en el pago de su tarjeta de crédito. Por favor pague y evítenos la pena de embargarlo.”
“Hijo, habla tu mamá. Sólo quería saludarte.”
“Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”
“Hola, mi amor, habla Isabel. Espero que hayas llegado bien. Ya leí el cuento que me diste. Supongo que ésta es una parte y que aún no lo terminas. Quería decirte que tienes razón. No retrata nada de lo que vivimos juntos, pero se me hace que está simpático. No sé, me agrada pensar que soy la mujer que tiene el libro de tu destino, pero no me gusta la idea de que tu vida vaya a ser corta... ¿Qué crees? En verano voy a tener vacaciones y ya desde ahora estoy convenciendo a mis papás para que me dejen ir a visitarte. Bueno, te dejo porque la larga distancia es muy cara. Te quiero mucho. Te extraño.”
“Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.”

Ha pasado un mes desde que regresé de Córdoba y las cosas han cambiado. Sigo haciendo freelance y aún estoy en la agencia de publicidad, pero ya no me obsesiono tanto con el trabajo. Es más, si puedo emplear un fin de semana para divertirme, no dudo ni un instante en hacerlo. Todas las noches habló con Isabel. Creo que el siguiente fin de semana voy a ir a Córdoba para verla. A lo mejor hasta le pido que se case conmigo. Aún no lo sé bien. De lo que sí estoy seguro es de que gracias a ella aprendí que la vida es muy bonita y vale la pena aprovecharla al máximo.
“Ring, ring.”
Perdonen, tengo que atender el teléfono.
-Bueno.
-Buenas tardes, señor Tagle. Hablamos de la editorial para recordarle que necesitamos el cuento lo más pronto posible.
-Dígale a su jefe que mañana voy a verlo.
-Está bien, ¿a qué hora le digo que viene?
-A las doce.
Lo único que no ha cambiado es el problema que tengo con el libro. No me arrepiento de haberle regalado el relato de la isla a Isabel, pero todavía me falta un cuento y no se me ocurre ninguna idea que valga la pena.

FIN

6 comentarios:

A las 12 de abril de 2008 00:22 , Blogger Fran ha dicho...

noooooooooooo pero el cuento del microbio era un excelsitud de proporciones panicas! Digno de un guión de Fernand Arrabal! por que acabo asi!! estoy en descontento con usted...



le mando amargos saludos...

Queremos cuento del microbio U.U

 
A las 16 de abril de 2008 10:05 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Querido Diego, yo soy quien ha olvidado la contraseña del blog, así como la de internet, deposito a terceros y además ni siquiera recibo estados de cuenta. Por eso tengo que dejarte medio anónimo mi comentario.

Pues es curioso, si parece autobiografía porque tiene un sentido peculiar en que lo narras, porque de repente es como decía el programa "cuaquier semejanza con la realidad es mera coincidencia". Me encantó el final, me gustó que el detalle de la foto que no se tomó fue tomado en cuenta y... MUCHAS FELICIDADES!!! Sería una buena opción por aquello de complementar cierto libro que queremos sacar a la luz.
T.Q.M. Un abrazo enorme y empalagoso de siempre, tu amiga, CRATZ

 
A las 18 de abril de 2008 06:53 , Blogger Olga ha dicho...

Hola Diego!

Por supuesto que te recuerdo, he estado bien con mucho trabajo, ahora soy administradora de la Página Web de Robert Bosch México ¿conoces esta empresa?, también soy asistente de Comunicación.
Qué gusto saber de tí!! ¿Tú cómo has estado? Seguimos en contacto y lo que necesites, puedes considerarme tu amiga.

Un abrazo.

 
A las 19 de abril de 2008 17:38 , Anonymous **sTrEy@** ha dicho...


* Mi estimado Alvin!!!!

* Se me hace increible la forma en ke siempre puedes sorprenderme

* Y lo mucho ke pueden encantarme tus escritos

* Un gisto pasar a leer =)

* Se te xXxtraña miiiiiiiil

* Creo que ahora si incluist algo d tu vida... por aquello de trabajar y trabajar y trabajar jeje

* Un gran abrazo, sabes ke se te kiere mucho

* A ver ke dia platikmos, xXxtraño nuestras conversaciones

* Zaz, me voy















* PD: No nos dejes tan abandonados, por favor. Ya xXxtrañaba leer algo tuyo =)

 
A las 25 de abril de 2008 14:20 , Blogger Bets@ ha dicho...

No había tenido el gusto de leer tus textos,(esque no leo mails xD, solo cuando depuro jeje)

Ja! Y por cierto ayer vi una entrevista en el canal 22 donde saliste tú! ^_^ jeje

Saludos! Y aquí andaré leyendote...

 
A las 7 de mayo de 2008 11:26 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Pues nadamas para mandarle una gran felicitacion y un abrazo de un martinetero.

que pases excelente dia y muchas felicidades.

atte
Juan Carlos
juanca50

 

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